Finlandia: la región de Los Mil Lagos

Finlandia: la región de Los Mil Lagos

En este paraje han encontrado su sitio la cabaña y la sauna, los pilares del estilo de vida finlandés

GALO MARTÍN

En la región finesa de Los Mil Lagos el atardecer parece no consumirse del todo en verano. Particularidad lumínica que regala horas extras de luz para comprobar que no son mil, sino más de 180 mil lagos los que se suceden decorados con embarcaderos de madera y rodeados de bosques en el centro del país más feliz del mundo. En este paraje han encontrado su sitio la cabaña y la sauna, los pilares del estilo de vida finlandés. Esa misma naturaleza inspiró al arquitecto local Alvar Aalto a jugar con la luz y el espacio, haciendo guiños a la cultura autóctona.

A la zona central de Finlandia viajan los finlandeses para descansar y peregrinan las personas a las que la arquitectura les emociona. A tres horas en coche de distancia de Helsinki se encuentra Jyväskylä, ciudad adoptiva del maestro Aalto y a la que el turista llega por desorientado o ilustrado. En los alrededores de esta urbe, cercada por pinos y agua, hay un puñado de edificios diseñados por Alvar Aalto a partir de soluciones óptimas universales con recursos justos. Todo un moderno del gremio de arquitectos de principios del siglo XX. La impronunciable localidad de Jyväskylä atesora un variado patrimonio arquitectónico local de alcance global: un campus universitario, un teatro, una iglesia y un ayuntamiento, además de un museo, construcciones que arman un recorrido temático no solo apto para los que conocen la diferencia entre el cemento y el hormigón.

El Museo Alvar Aalto está dedicado a su vida y obra. En su interior exhibe mobiliario y objetos de uso cotidiano diseñados por él mismo, quien entendía la arquitectura como una obra de arte total. Daniel Díez, Doctor arquitecto y profesor, explica al respecto que «Para Alvar Aalto todo era un ejercicio de diseño. No solo la arquitectura contenedora de los espacios, también las manillas de una puerta». Muy cerca del museo se encuentra el campus universitario de Jyväskylä. La visita a sus aulas provoca envidia al compararlas con las que uno ocupó en su momento. Se trata de un complejo de edificios construidos en ladrillo, madera y paredes de vidrio que invitan a imaginar que el bosque se introduce en las clases. Este material, el vidrio, duro y transparente es un símbolo de la cultura finlandesa. Con él Alvar Aalto dio forma a una popular jarra con la que se introdujo en las casas de sus paisanos. Para ver cómo se trabaja el vidrio lo mejor es acercarse a Iittala, la Capital del Vidrio.

Menos bucólico es el Teatro, edificio que hace parte del centro administrativo y cultural de Jyväskylä. Las formas geométricas que lo dibujan equivalen a la cúspide del expresionismo artístico de Aalto. Un tipo que se empapó del medio que le rodeó y de lo que absorbió en sus viajes. La impresión que le causó Italia, destino que descubrió durante su luna de miel, le acompañó el resto de su vida. La Toscana le recordó a Jyväskylä e imbuido por el país romano diseñó la iglesia de Muurame, su único proyecto eclesiástico realizado, con ayuda de su mujer Aino. Nada que ver con la vieja iglesia luterana de Petäjävesi, a unos 30 kilómetros de distancia de Jyväskylä, construida en su totalidad con madera de pino a mediados del siglo XVIII.

Desde el principio Alvar Aalto ligó su potencial creativo a las posibilidades que le brindó la naturaleza del entornó en el que creció. No es casualidad que la crema de sus construcciones esté en Finlandia, en una pequeña isla a las afueras de Jyväskylä; el Ayuntamiento de Saynätsalo. Data de los años cincuenta y hasta 1993 funcionó como casa consistorial. Es un edificio de ladrillo rojo con reminiscencias medievales en el que la sala de plenos evoca al interior de una iglesia. A diario lo visitan estudiantes de arquitectura de todo el mundo, quienes, a pesar de saber qué van a ver, se asombran ante lo que se encuentran. Los más y menos duchos en la materia se concentran para fotografiarse sentados en los escalones que parecen terrazas de cultivo y que dan acceso al patio elevado de esta joya arquitectónica del siglo XX. En la actualidad el edificio funciona como centro de reuniones, lugar de celebración de eventos y ofrece un programa de residencias artísticas y de investigación en habitaciones amuebladas con mobiliario diseñado por Alvar Aalto, en las que no falta bosque al otro lado de la ventana.

Para una buena pernocta lo recomendable es alojarse en una cabaña en pleno bosque y a orillas de un lago. El abecé de las vacaciones de los finlandeses. De camino a ese paraje, por una carretera en la que apenas circulan vehículos, el azul y el verde colorean el paisaje en verano. En el campo se adivinan casas de madera con tejados a dos aguas muy esparcidas unas de otras. Finlandia no amenaza a quien lo visita con masificaciones, ni con cientos de actividades. Por aquí se rinde culto a no hacer nada, a los placeres sencillos y descansados, para los que siempre hay tiempo, por aquello que de que no termina de ocultarse el sol del todo. En el hotel rústico de Rapukartano lo más extremo que se realiza es saltar al lago recién salido de la sauna. Si en Finlandia hay muchos lagos, saunas hay casi una por cada dos habitantes, y en el país viven 5,4 millones de personas. Aunque de origen sueco, los finlandeses llevan en su ADN la sauna. Hasta hace no mucho tiempo la vida comenzaba y acaba en su interior; las mujeres daban a luz y los cuerpos inertes se les limpiaba por última vez en ellas. La sauna, ya sea la tradicional de humo, madera o eléctrica, es la gran experiencia durante una estancia en Finlandia. Una manera de socializar, con apenas una toalla cubriendo las vergüenzas o ni eso, mientras el cuerpo suda. Pasado un rato lo suyo es salir, correr y lanzarse al lago. Hacerlo en verano requiere valor, en invierno hay que ser muy del norte para animarse a tirarse al agua. También existe la posibilidad de disfrutar de un baño en un jacuzzi, a orillas de un lago, como no. Tras la sudada y el remojo la cena en una granja es una delicia. Por la zona están la de Peltola y Varjola, en ambas se come lo que la tierra brinda y a su tiempo.

Como ya se ha visto, en la región central de Finlandia existe una estrecha relación entre la naturaleza y la arquitectura. Con el arte ocurre algo parecido. A 90 kilómetros de distancia de Jyväskylä, en dirección oeste, se encuentra Mänttä. En esta localidad de unos diez mil habitantes se concentran tal número de museos y galerías de exposiciones que al sitio se le conoce como Art Town. A finales del siglo XIX este era un pueblo de granjeros que comenzó a desarrollarse a partir de la explotación de los bosques de abeto para fabricar papel. La familia Serlachius fue la artífice de este cambio de mentalidad que derivó en un importante desarrollo económico. Gracias al buen rendimiento de la industria papelera la familia de empresarios comenzó a coleccionar obras de arte. En 1933, Gösta Serlachius creó la Fundación Serlachius, vigente gestora de los espacios museísticos más destacados del lugar. La antigua sede de la empresa papelera hoy es el Museo Gustaf, una reliquia arquitectónica del racionalismo finés de la década de los treinta del siglo pasado. Por aquí tampoco podía faltar un lago, a orillas del Melasjärvi se encuentra el Museo Gösta, un complejo arquitectónico y paisajístico en el que destacan dos edificaciones: la Mansión Joenniemi, que funciona como museo desde 1945, y el Pabellón Gösta, inaugurado en 2014 como una ampliación del museo original, un espacio en armonía con el entorno, el clima y la cultura del lugar. Aunque parezca mentira, no es obra de Alvar Aalto. El diseño lo firma un equipo de jóvenes arquitectos integrado por Mara Partida, Héctor Mendoza y Boris Bezan, con sede en Barcelona, quienes hacen sentir a los visitantes que se adentran en este espacio estar caminando por un bosque helado.

Detrás de los bosques blancos y verdes finlandeses había cosas que solo vio Alvar Aalto. Las dibujó y después las construyó para que el resto pudiéramos verlas también. Lo hizo aprovechando la luz y el vacío, los materiales de construcción por excelencia para la arquitectura y que en Finlandia son de una finura exquisita.

Cómo llegar

La compañía aérea Finnair vuela diariamente desde Madrid y Barcelona a Helsinki. En verano de 2018 las conexiones se han aumentado y se han añadido vuelos desde Alicante y Palma de Mallorca. Desde la capital de Finlandia hay tres horas de distancia en coche hasta Jyväskylä. Para mayor comodidad el touroperador Catai ofrece paquetes de viajes a Finlandia para que no tengamos que preocuparnos de nada.

Dónde dormir

Jyväskylä

Urban Hotel Verso

Vilppula

Wilderness Boutique Manor Rapukartano .Un hotel rústico a orillas de un lago. Dispone de restaurante, sauna, jacuzzi y embarcadero.

Dónde comer

Restaurant Pöllöwaari en Jyväskylä hotelliverso.fi

Restaurant Gösta en Mänttä https://ravintolagosta.fi/en/

Granja orgánica Peltola en Vilppula http://www.peltolanluomutila.com/

 

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