Los pescadores de Palencia declaran la guerra al cormorán

Un cormorán engulle un lucio el pasado miércoles entre el Puente Mayor de Palencia y Puentecillas. /Antonio Quintero
Un cormorán engulle un lucio el pasado miércoles entre el Puente Mayor de Palencia y Puentecillas. / Antonio Quintero

La comisión provincial de la Federación de Pesca debatirá mañana las actuaciones que solicitará a la Junta para frenar los daños generados por esta voraz ave piscívora

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

«El río está lleno de cormoranes y si no se hace algo para echarlos, van a acabar con la pesca». Así de drástico se muestra el secretario de la delegación de Palencia de la Federación Regional de Pesca, Javier Garzón, que mañana se reunirá con las siete asociaciones de la provincia para unificar criterios y determinar las actuaciones que van a llevar a cabo para reclamar a la Junta que adopte medidas que permitan rebajar el número de ejemplares de esta especie en los ríos.

El problema de la presencia de este ave en los ríos tiene varias vertientes. Y es que, el cuervo marino –acepción por la que también se le conoce– es famoso por su capacidad para ingerir grandes cantidades de pescado. De hecho, es capaz de pescar peces de su mismo peso, aunque en muchas ocasiones no puede tragarlos y los deja malheridos para que acaben muriendo poco después. No obstante, aquellos que sí puede ingerir, acaban en su estómago, en el que digiere a diario en torno a un tercio de su peso en pescado.

Debido a su voracidad, el cormorán ha tenido siempre una malísima reputación. De hecho, Esopo asociaba su presencia con el diablo en una de sus fábulas y en la Biblia se le menciona desfavorablemente en varias ocasiones. Quizás debido a ello, se le atribuyen numerosos daños en las zonas pesqueras. No obstante, para Javier Garzón, esa mala fama tiene más de realidad que de fábula. «Es una especie alóctona, que antes no habitaba en la provincia de Palencia, pero ha aparecido y cada vez está incrementado más su número. Todo lo que cuida la nueva ley, los pescadores y mucha gente más, se lo está comiendo el cormorán. Está demostrado porque hay mil vídeos y mil estudios. Los que estamos en las riberas lo vemos a diario: ese animal se come todo lo que pilla. Es una pena que una actividad como la pesca, que tiene tantos seguidores en la provincia, se vea afectada por una plaga y nadie haga nada porque deje de suceder», incide Garzón.

Ante esta situación, por la que «nadie hace nada», la delegación palentina de la Federación Española de Pesca está dispuesta a mover ficha, tal y como asegura su delegado, Óscar Adámez. «Mañana celebramos la reunión anual y uno de los puntos del día va a ser este. La idea que tenemos es comunicar a la Junta la situación y solicitar un estudio que determine la población que tenemos, para certificar si el elevado número de cormoranes está afectando a los ríos y poder actuar en consecuencia. No queremos acabar con ellos, ni mucho menos, solo queremos contar con datos objetivos para saber si las sospechas que tenemos son reales o no», explicó ayer Adámez.

Esta especie lleva poco tiempo en las aguas de la provincia. Y es que, no se empezaron a ver ejemplares en el interior de la península hasta los años ochenta, momento en el que comenzó a adentrarse en la meseta desde el Cantábrico para invernar en los ríos, lagos y pantanos del país. La abundancia de presas en verano y la buena aclimatación de la especie está haciendo que incluso haya llegado a reproducirse, aún de forma aislada, en ciertas zonas del interior, una razón por la que los pescadores creen que las actuaciones necesitan una especial celeridad.

Este problema afecta a buena parte del norte de la península y algunas administraciones han decidido optar por la merma poblacional como solución de urgencia, como Asturias, donde la viceconsejería de Medio Ambiente del Principado ha autorizado para la próxima temporada la muerte de 230 cormoranes, atendiendo a las peticiones de pescadores y acuicultores, y acogiéndose a una autorización especial para actuaciones sobre esta especie, que no forma parte del catálogo cinegético asturiano ni castellano y leonés.

La presencia de estos depredadores foráneos alados ha llegado a cambiar las costumbres de los animales autóctonos del río. De hecho, incide hasta en el desove, ya que los cormoranes llegan a la provincia en masa para invernar en el momento en el que la trucha se reproduce. El miedo de los peces a estas aves les ha llevado a cambiar su lugar de freza y esta circunstancia puede afectar, además en el número de alevines. «Esto está causando un daño terrible a las poblaciones de pesca», recalca Javier Garzón, que ha pescado en lugares tan remotos como Argentina, Irlanda o Chile y espera poder seguir practicando su afición en la tierra que le ha visto crecer. «Tengo claro que yo no podría vivir sin pescar», asegura para dejar entrever que, para algunos, la pesca es una cuestión que nace en el río y llega al corazón.

 

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