Fortaleza aérea en el cielo de Villamuriel

Un paracaídas, en el cielo de Villamuriel. /Marta Moras
Un paracaídas, en el cielo de Villamuriel. / Marta Moras

El escuadrón de apoyo al despliegue aéreo muestra su músculo en una exhibición con nueve paracaidistas

Álvaro Muñoz
ÁLVARO MUÑOZVillamuriel

Fue pasar el avión C-212 por el cielo de Villamuriel (Palencia) y los centenares de personas que se encontraban en los aledaños de la piscina (sobre todo niños) empezaron a mover el cuello para ver lo que sucedía. Mano a la altura de las cejas para solapar al sol y a buscar que alguien apareciese del cielo. En ese avión, que a primera hora de la mañana había partido de Villanubla en dirección Zaragoza, se encontraban nueve paracaidistas que en breves instantes iban a conquistar esa gran mancha azul que se veía cuando las cervicales de los allí presentes empezaban a sufrir.

La expectación iba en aumento cuando los profesionales soltaron a una altura de 7.000 pies (más de 2.100 metros) un derivo para calcular y predecir dónde iban a caer posteriormente los paracaidistas. Tras un nuevo paso del C-212, cuatro manchitas grises aparecieron. Era el equipo táctico, equipados con todo el armamento y preparados para una misión. El objetivo en Villamuriel no era adentrarse en ninguna zona enemiga, sino dejar con la boca abierta a los vecinos de la localidad cerreteña. El primero que consiguió tal logro fue Daniel Pérez Giroud, natural de Villamuriel, que portaba una bandera de su municipio. Era la segunda vez que repetía salto en su localidad y el orgullo fue mayor al aterrizar con el escudo colgado de su pierna. Su trabajo en el escuadrón de apoyo al despliegue aéreo es ser controlador desde la tierra, pero esta vez era diferente.

Tras el palentino, le acompañaron tres saltadores del equipo táctico, que repitieron los movimientos para finalizar junto al cabo primero Pérez Giroud, que recibieron un atronador aplauso al contactar con el suelo. «Hemos navegado por encima del pueblo que es lo que quería. Ha sido muy especial saltar con la bandera de Villamuriel», apunta Pérez Giroud.

Sin tiempo para analizar el aterrizaje del equipo táctico, el de precisión hizo acto de presencia. Las hormiguitas que parecieron en el cielo azul rápidamente se apreciaron al lanzarse con un paracaídas con la bandera española. Su descenso fue veloz y los cinco paracaidistas tocaron tierra en pocos segundos. Repitieron movimientos similares al del equipo táctico, aunque este simulacro consistía en la exactitud.

La emoción quedó para el final, cuando el último paracaidista saltó con una enorme bandera de España. Orgullo patrio de las Fuerzas Aéreas ante los vecinos de Villamuriel, que brindaron un ovación a todos los saltadores. «El entrenamiento ha sido satisfactorio al hacer un salto fuera de nuestra zona de confort», apuntó el capitán Gutiérrez Delgado.

Una vez en tierra, el subdelegado de Gobierno, Ángel Miguel, y el alcalde de Villamuriel, Roberto Martín, recibieron sendas banderas y los más pequeños invadieron la zona de aterrizaje para enfundarse unos paracaídas que alcanzan un peso de 12 kilos.