Antonio Ferrera y Pablo Aguado salen a hombros para cerrar la feria de Palencia

Antonio Ferrera se adorna ante el cuarto de la tarde, con el que mostró su amplia variedad con el capote. /Antonio Quintero
Antonio Ferrera se adorna ante el cuarto de la tarde, con el que mostró su amplia variedad con el capote. / Antonio Quintero

Ferrera cortó tres orejas; Pablo Aguado, dos y El Juli solo una al peor lote de una tarde desigual

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

La feria taurina de Palencia acabó ayer con la mejor corrida de todas las que se han visto este año. Antonio Ferrera y Pablo Aguado salieron por una puerta grande que El Juli solo pudo mirar de reojo, y la afición pudo disfrutar de tres estilos de toreo muy distintos en una tarde en la que se llenaron tres cuartos de la Plaza de Campos Góticos.

La corrida comenzó mal. El primero de la tarde presentó serios problemas de movilidad y el público comenzó a silbar al unísono. El de Zalduendo no servía y salió el primer sobrero, Mocito, que con sus 525 kilos fue el segundo más pesado de la tarde y el más noble. Era cómodo de cara y Ferrera quiso probarlo al salir del caballo con una serie de chicuelinas rematadas con una revolera. Tenía condiciones y Ferrera se dirigió montera en mano a los medios para brindar su muerte al público.

El Juli, en un natural al segundo de la tarde.
El Juli, en un natural al segundo de la tarde. / A. Q.

El mallorquín sacó su derecha prodigiosa a relucir y el tendido le respondió con olés poco antes de que demostrase que también sabe usar la izquierda, y vaya cómo la usó. Al natural, el toro bajó la cara y Ferrera lo vio claro. Tiró el estoque al suelo porque no lo necesitaba y cuajó una serie que hizo que los presentes se hicieran daño en las manos de tanto aplaudir. Tocaba entrar a matar y a Ferrera le costó cuadrar a su rival, que no dejaba de escarbar y le impedía encontrar el sitio, pero al final lo acabó encontrando. Algo más de media estocada fue suficiente para que su rival cayese al suelo tras unos tensos momentos en los que el torero dudó si emplear el descabello o no. Al final no lo utilizó y encontró una oreja como premio a una buena faena.

Ferrera necesitaba brillar para salir por la puerta grande y en su segundo sacó del armario su extensa variedad con el capote. Lo que llegó después formará parte del recuerdo de los asistentes por mucho tiempo, pero no fue el matador el único que desató aplausos con el cuarto, también lo hicieron los banderilleros Javier Valdemoro y Fernando Sánchez con dos grandes pares. Y lo mejor estaba por llegar. Ferrera cogió la muleta, comenzó la faena de rodillas e hizo que Palencia se quedara prendado de él y el toro, también. El albero suelto fue un riesgo, como durante toda la feria, y el matador se descalzó poco antes de cuajar una serie de naturales con la mano baja que fueron de lo mejorcito que se ha visto este año en Palencia. Una buena estocada garantizaba la puerta grande, pero solo entró la mitad del estoque y el diestro se vio obligado a descabellar, lo que no impidió que la presidencia le concediera dos orejas por una faena tan plástica como variada.

Ferrera hizo mejores a los toros que tuvo delante, pero 'El Juli' poco pudo hacer con lo que le tocó en suerte. Bastante hizo con arañar una oreja en su primero, y es que estaba tan justito de fuerzas que decidió tratarlo con mimo desde el principio, sin castigarle en su paso por el caballo. El madrileño empezó la faena junto a las tablas, con una serie con la derecha en la que no movió los pies del suelo ni un milímetro. El peor enemigo del toreo, el viento, amenazaba con poner dificultades a su trabajo, pero una de las virtudes de este torerazo, que vistió con un traje nazareno y azabache muy apropiado para la ocasión, es saber anteponerse a las adversidades. Luchó contra el viento y contra un enemigo sin el empuje necesario, pero salió airoso y acabó con una estocada que culminó una faena con la que logró una oreja.

Tampoco sobró empuje al segundo de El Juli y quinto de la tarde, por lo que nuevamente tuvo un efímero encontronazo con el caballo. La faena arrancó y el toro se mostraba especialmente distraído al salir de la muleta. Dice el refrán que no hay quinto malo, pero ayer lo hubo. Julián quería salir por la puerta grande, como tantas otras veces en esta plaza, pero su antagonista se lo impidió y se vio obligado a matarlo –a la tercera, eso sí, y sin darle un solo pase–.

Pablo Aguado baja la cara al sexto con el temple que le caracteriza.
Pablo Aguado baja la cara al sexto con el temple que le caracteriza. / A. Q.

El otro triunfador de la tarde, Pablo Aguado, tuvo enfrente en su estreno en el coso palentino a un ejemplar de Zalduendo gacho y algo abrochado que buscaba tablas. El astado se empleó tanto con el caballo que tiró al picador y eso le llevó a contar con demasiados puyazos en el lomo en su encuentro con la muleta. Al sevillano no le importó todo lo relatado anteriormente y volvió a mostrar ese toreo lento en redondo que hipnotiza a sus oponentes, –siempre y cuando tengan bravura–, pero el tercero de la tarde manseó y estuvo muy falto de fuerzas. Había que matarlo y el torero lo hizo después de intentar varias series y de un pinchazo que le convirtió en el único de la terna que no logró trofeo en su primero.

Pablo Aguado, a la izquierda, y Antonio Ferrera abandonan ayer la plaza de Campos Góticos a hombros.
Pablo Aguado, a la izquierda, y Antonio Ferrera abandonan ayer la plaza de Campos Góticos a hombros. / A. Q-

Lidiar a un sexto sin haber logrado premio en el tercero complica sobremanera salir a hombros, pero Aguado no dio el triunfo por perdido. Brindó a Antonio Ferrera el último de la feria y comenzó la faena con una rodilla en el suelo. El triunfador de la goyesca de Ronda volvió a demostrar que cuando tiene la muleta en la mano el reloj se para y los que tienen la suerte de verlo solo pueden responder con olés. Da igual con la derecha o al natural, este joven de 27 años tiene una extraña capacidad para parar el tiempo con un trapo en la mano, y eso crea una ligazón que nada puede disolver. Este torero dotado con el ansiado don del temple se encargó de cerrar la feria con un estocadón que valió dos orejas y que le llevó a la puerta grande mientras el público salía de la plaza con una sonrisa, pese a que la tónica general de todas las corridas ha sido la falta de fuerza de las reses.