«Me ha tocado actuar después de Vaquero y sales a recoger escombros», asegura el monologuista Chapu

Chapu, en una imagen promocional./Moi Fernández
Chapu, en una imagen promocional. / Moi Fernández

El humorista vallisoletano ofrece esta tarde un espectáculo de monológos junto a J. J. Vaquero y Sr. Corrales en el Teatro Ortega de Palencia

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Es vallisoletano, pero se conoce Palencia al dedillo. No en vano, está casado con la actriz palentina Inés Acebes, y llega hoy a su tierra de adopción para ofrecer un monólogo en el Teatro Ortega junto a dos monstruos del humor como son Sr. Corrales y J. J. Vaquero. Las carcajadas están aseguradas, pero no para todos los que quieran disfrutar de uno de los dos pases –a las 19:00 y a las 22:00 horas–, ya que los que no hayan sido previsores se pueden quedar sin entrada porque se va a colgar el cartel de no hay billetes. Palencia tiene ganas de reír y parece que hoy es el mejor día.

Otra vez le vemos por Palencia, a este paso le vamos a tener que empadronar...

–Me lo voy a tener que pensar porque me siento palentino ya. He actuado varias veces en la ciudad y pocos pueblos quedarán por la provincia en los que no haya trabajado. Estoy casado con una palentina y siempre me han tratado con mucho cariño cada vez que he ido por allí.

Pues no vendría mal que se empadronara, que la despoblación está mucho haciendo daño...

–Hace unos meses leí una noticia en el periódico en la que se decía que en Palencia había más muertos por suicidios que por accidentes de tráfico. Eso en Palencia no puede pasar, no estamos para que se suicide la gente, no nos lo podemos permitir.

Y por eso han decidido venir a Palencia J. J. Vaquero, Sr. Corrales y usted mismo, para hacer reír a la gente y que se disipen sus problemas. La risoterapia al final va a ser una medida contra la despoblación...

–Algún político lo puede incluir en su programa. A ver si se logra acabar con este problema. Hemos decidido venir tres porque el tema es gordo y uno solo lo tendría difícil para acabar con ello, además de que no nos atrevemos a ir solos a ningún lado. Somos así.

El año pasado vino a Palencia con el espectáculo 'Nunca digas Palenciano', en el que compartía tablas con su mujer, y este año viene con dos compañeros. ¿Las fiestas de Palencia, mejor con los colegas o con la mujer?

–¿Esto lo va a leer mi mujer?

Supongo que siendo una palentina casada con un vallisoletano será lectora de El Norte de Castilla...

–Entonces diré que mi mujer vendrá a cuidarme, seguro.

Pues explíquele qué monólogos va a ver. ¿Hay un hilo conductor o cada uno va a hacer su parte?

–En un principio, cada uno va a hacer el suyo, aunque yo voy a hacer un poco de maestro de ceremonias, porque soy el más palentino de los tres y voy a ejercer como anfitrión, pero con estos dos elementos nunca saber por dónde va a salir la cosa.

La improvisación es una de las claves del éxito de un monologuista. Solo hay que ver a Vaquero para corroborarlo...

–Él trabaja un montón antes, pero tiene una capacidad de creación brutal, como yo no he visto a nadie hasta ahora. Está muy entrenado, muy acostumbrado a crear, antes y durante cada actuación.

¿Prefiere subirse antes o después de Vaquero al escenario?

–Normalmente, antes porque es complicado actuar después de él. Me ha tocado alguna vez actuar después y sales a recoger los escombros. Siempre es más difícil actuar después de un tío tan grande.

Otro de los problemas de salir después de Vaquero tiene que ver con la pituitaria. ¿Realmente su descuidada higiene personal es perceptible a varios metros de distancia, tal y como él mismo afirma?

–No es para tanto. Él se castiga demasiado a sí mismo. Doy fe de que se ducha todos los días y su mujer lo dice. Él agranda su leyenda en lo malo.

Una promesa por la permanencia del Valladolid ha hecho queVaquero llevase puesto el jersey del entrenador del Pucela una semana entera de agosto. ¿Ha quedado con él durante esta semana?

–Sí. He tenido la desgracia de quedar dos o tres veces con él esa semana. Así que me lo he comido 'enterito'.

¿Y a qué olía Vaquero durante esa semana?

–El jersey es de buena calidad. Transpiraba. Lo que más le dolió fue pagarlo porque hizo la promesa y no sabía lo que valía el jersey. Le ha valido 200 pavos y ya empezó a sudar cuando lo pagó.

Yo que pensaba que se iba poner usted épico, como pucelano que es, y me iba a decir que el jersey olía a victoria...

–Olía más bien a napalm.

Es que por estas tierras estamos tan acostumbrados a perder que no sabemos a qué huele la victoria y eso les viene de lujo a ustedes para hacer humor. La derrota siempre es más proclive al chiste que el triunfo...

–Claro. Para hacer cine o series la derrota, el antihéroe y el fracaso han sido muy útiles para la creatividad.

Esta entrevista está a punto de acabar y aún no le han preguntado por los límites del humor. ¿Se lo puede creer?

–No. No me lo puedo creer. Intento no pensar en los límites del humor porque si te la coges con papel de fumar, al final no eres gracioso. No puedes pensar en a quién puedes ofender con una u otra cosa. No me fijo en estas cosas y si algún día vienen a detenernos, pues nos iremos esposados y ya está. Imagino que el límite es el código penal.

Y yo que pensaba que el límite estaba en sonarse los mocos con una bandera...

–Es verdad. Ahí hubo bastante lío.

Pues con este lío hemos llegado al límite de la entrevista, pero esto es solo el aperitivo. El plato fuerte llega esta tarde en el Ortega. ¿Qué puede prometer a los que vayan a alguna de las dos sesiones?

–Pues una hora y media de monólogos. Somos tres cómicos con estilos muy diferentes y los que vengan la van a gozar. Puedo prometer y prometo cachondeo, risas y un ambientazo terrible. Está casi todo vendido y tiene pinta de que se van a llenar los dos pases. La gente se lo va a pasar bien.