Una espera en Palencia que desespera en Kiev

Una espera en Palencia que desespera en Kiev

La burocracia frena la llegada de Alba, nacida de un vientre de alquiler en Ucrania el 19 de diciembre, pero que sus padres no podrán traer hasta el 11 de febrero

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Ana Reyes Rodríguez y Fernando Frontela lo intentaron todo para conseguir su sueño de ser padres, pero todos sus intentos terminaron en aborto hasta que finalmente los médicos confirmaron que el útero de Ana no podía albergar vida, una noticia que cerró a esta pareja la puerta del parto tradicional, pero que abrió la de la gestación subrogada, tal y como explica la propia Ana. «Una mujer en Ucrania, más bien un 'ángel', ha decidido cedernos libremente su útero para gestar por nosotros a nuestra hija. Es una psicóloga que ejerce su profesión, que tiene un hijo, y ha querido ayudarnos a crear una familia porque yo no puedo llevar un embrión dentro de mí», explica esta palentina, que vio cumplido su sueño el 19 de diciembre, cuando del vientre de ese 'ángel' nació Alba, gracias a un óvulo de Ana fecundado por un espermatozoide de Fernando.

Un vientre que costó entre 35.000 y 45.000 euros

Entre 35.000 y 45.000 euros. Esa la horquilla de dinero que han tenido que pagar Ana y Fernando para conseguir un vientre de alquiler en Kiev. Una agencia especializada se encargó de asesorar y acompañar en el proceso de reproducción asistida y gestación subrogada a estos dos palentinos, que han tenido que renunciar a mucho para conseguir su gran sueño: ser padres. «Rehipotecas tu casa, pides dinero a la familia, te cortas de salir y de muchos gastos para ver cumplido lo que llevas persiguiendo tanto tiempo», asegura una emocionada Ana.

«La agencia nos ha puesto la casa para esperar con la niña hasta que se hagan los trámites, nos ha facilitado los traductores, la pediatra y ha ayudado a la gestante en todo lo necesario a cambio de ese dinero», explica Ana, que ha tenido que pagar un elevado precio por su sueño, pero está satisfecha con el servicio. «Nos han ayudado mucho con todo», asegura.

Alquilar un vientre es una práctica ilegal en España, que sí está permitida en países como Ucrania, y esta circunstancia ha llevado a miles de parejas a buscar madres en este país, en el que el mayor escollo que hay que superar son los procesos burocráticos. En un principio, la revisión del papeleo que dará vía libre a Ana, Fernando y Alba para regresar a España estaba fechada el 18 marzo, pero la insistencia de la pareja permitió agilizar los trámites y el 11 de febrero será el día en el que la administración ucraniana recabará toda la información y, si no hay imprevistos, la pareja obtendrá el visto bueno de la administración ucraniana para volver a Palencia con su hija. Los tiempos que exige la burocracia son muy largos y esta demora está complicando la vida laboral del padre, tal y como apunta Ana. «Mi marido ha tenido que juntar todas las vacaciones de su trabajo, pero a mediados de febrero se le acaban y no se puede ir hasta que tengamos todo cerrado porque si se va, es abandono de menor», explica Ana, que se encuentra muy preocupada por la situación, pero asegura olvidar todos los problemas cuando ve a su hija, por la que tanto ha peleado.

Si todo va bien, Alba llegará a tierras palentinas dos meses después de nacer y sus padres esperan que los tiempos no se alarguen mucho, porque los ingresos de la familia dependen de la nómina de Fernando, ya que Ana es pensionista. «El tiempo que nos dan para reconocerla como española o ucraniana es demasiado largo. Solicitamos que el Gobierno acelere los trámites para que nuestra hija sea reconocida como española, porque es hija de españoles», incide Ana, que tiene grabados a fuego los pasos que tiene que dar para conseguir que su hija llegue finalmente a España. «El 'ángel' que nos ha permitido ser padres está renunciando a sus derechos como madre. A mi marido le van a hacer una prueba de ADN para verificar que es el padre y, una vez que esos papeles estén cursados, podríamos hacer el pasaporte y, cuando llegásemos a España, haríamos el proceso de adopción por mi parte porque, aunque sea la madre, tengo que adoptar a mi hija», explica.

Son cerca de un millar de familias españolas las que acuden cada año a esta práctica y se ponen en manos de agencias que, por una elevada cuantía económica, permiten llevar a cabo la gestación subrogada e inscribir posteriormente a los recién nacidos en los consulados y embajadas. Una resolución administrativa que se aprobó en el 2009 para no dejar desamparados a los menores se ha convertido en el recoveco legal por el que los españoles que acuden a estas agencias pueden traer a sus hijos a España.

Son 25 las familias españolas que se encuentran ahora mismo a la espera de estos trámites en Kiev, y Ana ansía que todas ellas consigan lo antes posible salir de Ucrania con los papeles de sus bebés. «Hemos dirigido un escrito conjunto al consulado y después de reunirnos con el cónsul hemos conseguido que nos rebajen un poco el tiempo de espera para la cita», asegura esta palentina, que cuenta los días para que llegue el 11 de febrero, esa fecha en la que sueña conseguir los papeles que abran las puertas de España a Alba, una pequeña palentina que pronto cambiará una ciudad que tiene 2,8 millones de habitantes para recalar en una provincia que ha perdido 1.355 vecinos el pasado año.