El calor adelanta la presencia de procesionaria en jardines y pinares de Palencia

Orugas procesionarias. /El Norte
Orugas procesionarias. / El Norte

Esta oruga urticante, a la que es alérgico el 10% de la población, comienza a salir de su nido para preparar su transformación

Marco Alonso
MARCO ALONSO

Las anómalas temperaturas que se están registrando en los últimos días, en los que el termómetro ha sobrepasado los 20 grados, han hecho que la flora y la fauna de la provincia adelanten los procesos primaverales y se vivan situaciones en el campo que, en condiciones normales, jamás se darían a estas alturas del mes de febrero. Uno de los insectos que ha adelantado sus costumbres es la oruga procesionaria, un insecto urticante al que es alérgico el 10% de la población y al que ya se puede ver en formación en los pinares y jardines de la capital y la provincia.

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La procesionaria, a diferencia de la mayoría de los insectos, es activa en invierno, pero no lo es en primavera y verano. Nace a principios de septiembre, se desarrolla a lo largo del invierno y utiliza unos bolsones a modo de nido que sirven para guardar la colonia de las inclemencias del tiempo. Suele pasar todo el día acumulando calor en el nido y, si no hace mucho frío, sale en busca de alimento al atardecer durante una media hora para regresar al bolsón y pasar allí la noche.

Los encuentros de la procesionaria con las personas aumentan de forma considerable en el último estadio de su metamórfosis, cuando acaban las frías temperaturas del invierno y la primavera comienza a hacerse notar. Es en ese momento cuando sale del nido durante más tiempo, para comer lo suficiente y afrontar su última fase con el mayor número de nutrientes. Una vez que ha comido lo necesario, esta oruga hace honor a su nombre y desciende de las copas de los pinos en una enorme hilera para bajar al suelo y enterrarse a unos 20 centímetros de profundidad para transformarse ahí en crisálidas y después, a finales de julio, convertirse en polilla.

A la izquierda, las procesionarias forman la hilera que les da nombre. A la derecha, un nido en un pino. / El Norte

«Estos días cálidos están haciendo que las orugas salgan todos los días a comer y avancen en su desarrollo», asegura el catedrático especialista en plagas y enfermedades del campus de la Universidad de Valladolid en Palencia, Juan Pajares, que cree que este adelanto no supondrá un problema para los pinos, pero acelerará el contratiempo que supone la presencia de estos insectos urticantes en los jardines y bosques. «No hace falta que toques la oruga para sentir sus efectos urticantes. Tienen unos dardos, que son como unos pequeños arponcitos, que lanzan y descargan a distancia el producto urticante», añade.

Este aparentemente inofensivo insecto –cuyas perfectamente formadas filas atraen a los niños en un peligroso juego de romper las hileras– es el responsable de graves alergias que producen urticaria, edema (inflamación), conjuntivitis o signos oculares más graves (sobre todo a los trabajadores que se suben a los pinos), rinitis y dificultad para respirar e, incluso, anafilaxia, es decir, una respuesta que afecta a diferentes sistemas corporales; puede incluso provocar pérdida de conocimiento. Para su tratamiento se prescriben antihistamínicos, corticoides y, en casos graves, adrenalina.