Pedro Mozos recuperado

Marta Asensio, de la empresa Turismo Cerrato, explica el cuadro ‘Composición de columpio’, que se expone en el Museo del Cerrato de Baltanás./
Marta Asensio, de la empresa Turismo Cerrato, explica el cuadro ‘Composición de columpio’, que se expone en el Museo del Cerrato de Baltanás.

La exposición de Baltanás y Herrera de Valdecañas, que se prorroga hasta el 4 de octubre, ha divulgado la obra del pintor en su comarca

FERNANDO CABALLERO

A punto de concluir la exposición que el Cerrato ha dedicado al pintor Pedro Mozos con motivo del centenario de su nacimiento en Herrera de Valdecañas (22 de febrero de 1915) la muestra se ha prorrogado hasta el 4 de octubre, es buen momento para realizar un balance artístico de esta iniciativa, que ha permitido, junto a la edición del libro Pedro Mozos. Biografía de un pintor, que ha escrito María José Landete, divulgar la obra de este artista entre sus vecinos más inmediatos. Mozos falleció el 14 de septiembre de 1982, cuando tenía 67 años, en Palma de Mallorca, donde disfrutaba de sus vacaciones y allí quedó enterrado.

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Quizá falte aún un reconocimiento mayor en el ámbito regional y nacional de este pintor, que en su día lo tuvo, aunque ahora ha quedado relegado a un plano discreto. Mozos no era partidario de vender sus cuadros, lo que ha podido influir en esta situación, ya que la escasez de obras en el mercado antes de su muerte impide calibrar con cierto rigor la cotización que tendría ahora. La obra que él dejo, además, se vendió precipitadamente, como apunta Landete al final de su obra, o permanece aún en su estudio o en almacenes. La muerte del modisto Pedro del Hierro, que era hijo del pintor, ha permitido sacar al mercado alguna obra suya. El propio Museo del Cerrato Castellano, donde se ubica una de las sedes de la exposición, ha adquirido recientemente dos cuadros, uno de los cuales se ha incorporado a la antológica.

Pero debates aparte del reconocimiento de Pedro Mozos, escaso para lo que debiera, lo cierto es que Baltanás y Herrera de Valdecañas albergan una exposición muy digna y meritoria, fruto de la voluntad política de los dos ayuntamientos, del apoyo del grupo de acción local Adri Cerrato Palentino y de la Diputación Provincial, además del empuje personal de la propia María José Landete y de su marido, Juan Manuel Cabezudo.

La colaboración de la hija de Pedro Mozos, Ana María, y de una sobrina del pintor, Inmaculada González, ha sido decisiva para reunir las obras expuestas, pero también hay cuadros procedentes del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, del Museo de Bellas Artes de Álava y del Colegio de Abogados de Madrid, además de numerosos coleccionistas particulares, de los fondos del propio Museo del Cerrato, que posee catorce obras de Pedro Mozos, incluidas las dos adquiridas recientemente, de la Diputación Provincial y del Ayuntamiento de Palencia.

Criterio cronológico

La exposición aborda la producción de Mozos desde el punto de vista cronológico, con obras de todas las épocas que permiten profundizar en la evolución que experimentó su pintura, desde sus primeros cuadros juveniles hasta los que alcanzó un notable nivel en aspectos como la composición, que le preocupaba mucho, el color y la pincelada. Dentro del clasicismo que cultivó, Mozos buscaba escapes de modernidad en estos aspectos, lo que le permitió estar presente en numerosas exposiciones con reconocidos pintores de su época.

La muestra se inicia en el museo de Baltanás con un retrato del pintor, fechado en 1944 y realizado por su amigo Casimir Martínez Tarrassó (1898-1980). Con esta imagen en la retina arranca una exposición que incluye obras primerizas como Grupo familiar (1932) Bañistas en el río (1934) un tema muy recurrente en el artista, Alegoría a mi madre (1942). Tablao flamenco (1942) y Composición de columpio, una obra esta de grandes dimensiones en la que se percibe la preocupación por la composición y cómo estaba logrando resultados óptimos.

La evolución de los años cuarenta fue creciendo en calidad pictórica y en riqueza cromática, aunque Pedro Mozos no abusaba de un cromatismo excesivo, sino que manejaba tonos más bien oscuros. De 1941 es el cuadro Sin título, del Colegio de Abogados de Madrid, caracterizado por una sucesión de escenas que parten de dos figuras en la parte izquierda separadas por un paño y que recorren el lienzo en forma de bucle. Temas religiosos aparecían en esta época años cuarenta y cincuenta, así como referencias explícitas a la guerra otro tema que le obsesionaba y alegorías. La alegoría es un tema también muy frecuente en la obra de Pedro Mozos para remarcar a través de originales escenificaciones de elementos simbólicos. De los años cincuenta es la obra Cruce en el camino (1956), que destaca por el tratamiento de los cuerpos con una sugerente carnalidad, o Los trabajos y los días, un cuadro que aúna diferentes escenas de grupos de figuras humanas.

La exposición se adentra en las obras de madurez en décadas muy significativas en su vida, los sesenta y setenta. La presencia de la mujer queda ensalzada en lienzos como Mujer pensativa sentada (1969) o Mujer desnuda sentada (1969), así como los temas religiosos, que siguen muy presentes con Nacimiento (1957), donde aborda la luz y el color con más alegría, o Vida de la Virgen (1955), un políptico con tres escenas marianas; además de paisajes y escenas de campo de ambiente bucólico.

Avanzando en la trayectoria artística de Mozos, de la década de los setenta hay obras de gran formato como El cafetín (1970), donde trabaja con esmero la composición de las figuras.

La exposición de Baltanás acaba con una serie de dibujos en los que evidencia la magnífica mano que tenía el pintor en la ejecución primaria que supone este género. Son dibujos de corte academicista y clásico, materia prima de una amplia producción de óleos y acuarelas algunas de ellas ejecutadas con una técnica superior, como el retrato de pedro Berruguete (1966) o Suerte de banderillas (1969) que ha hecho de este pintor un protagonista cualificado de la pntura figurativa española del siglo XX.

El Museo del Cerrato de Baltanás expone también las paletas de colores con algunos pinceles utilizados por el artista de Herrera de Valdecañas, así como medallas y diplomas y la carta de recomendación deVictorio Macho, fechada el 10 de julio de 1932 para que la Diputación le concediera una beca de estudios, que finalmente, aunque fue aprobada, no utilizó en su totalidad. Fotografías del pintor en diferentes momentos de su vida también están salpicadas por las dos sedes.

La exposición del Ayuntamiento de Herrera de Valdecañas es más reducida cuantitativamente, con una docena de cuadros de todas las épocas, desde una gran Escena marroquí (1936), fruto de una breve estancia en Tánger, entonces protectorado español, con una beca de la Academia de Bellas Artes. Figuras en el bodegón (1932) también pertenece a la primera etapa de formación del pintor.

El salón de plenos del pequeño municipio cerrateño alberga cuadros de un gran calado artístico, como Escena junto al río (1944), una obra compuesta por muchos personajes femeninos, que forman escenas diferentes y casi todos desnudos, una estampa irreal en la vida de la época pero avanzada en el concepto de modernidad del pintor. La alegoría está presente en La expulsión del paraiso (1957), cedido por el Ayuntamiento de Palencia. De la Diputación es Pedro Berruguete (1949), genial pintor paredeño del que se puede ver en el Museo del Cerrato otro retrato en acuarela.

Una obra también reseñable en Herrera es el Autorretrato (1942), una composición de cuerpo entero en la que él se refleja en su estudio en una posición relajada y pensativa, mirando fijamente al frente, posiblemente a un cuadro en pleno proceso pictórico. La mirada simbólica y alegórica a su tierra natal, que no volvió a ver desde que saliera de su pueblo con cuatro años con destino a Madrid, se percibe en Paisaje de un pueblo castellano (1975) y Pastores (1969), una visión idealizada también con cuerpos desnudos. Una pequeña selección de fotografías antiguas de Herrera de Valdecañas permite acercar al espectador a la realidad rural de este pequeño pueblo de la comarca del Cerrato, en el que Pedro Mozos, ahora homenajeado justamente, vio la luz en 1915.

 

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