Prensa libre

«Así que se puede decir todo, pero todo no dice lo mismo»

Periodistas en una saal de prensa./Efe
Periodistas en una saal de prensa. / Efe
Eduardo Roldán
EDUARDO ROLDÁNValladolid

El pasado viernes celebramos el Día Mundial de la Libertad de Prensa con un nuevo asesinato: el del periodista mexicano Telésforo Santiago Enríquez. Baleado en su vehículo, las autoridades mexicanas, esas de las que Santiago Enríquez denunciaba sus desmanes, subrayan su compromiso por encontrar a los responsables. No pondremos en duda el compromiso; sí –en base a la experiencia–, los resultados. Esta vida es la sexta cobrada al gremio en México en lo que va de este año: más de un peridista fallecido al mes. Al factor de la rabia y el oprobio se añade un factor de frustración. La libertad de expresión, cacareada como pilar esencial de una sociedad democrática –y quién puede dudar de que ha de serlo–, se ha convertido en otra área, acaso el área, cuya masificación la ha devaluado hasta extremos inanes.

Por supuesto que cada cual puede decir lo que quiera (la ley actuará cuando corresponda, aunque debido a la masificación y al anonimato, los voceros impunes se cuentan por millones), pero cuán triste resulta que quienes creen en verdad en ella, quienes comprometen su nombre con el contenido expresado, sean a quienes se trata de silenciar con violencia irreversible. Son estos, además, a diferencia del vocero inane, y porque reconocen el privilegio –pues es un privilegio, cosa de la que los voceros tampoco son conscientes– de disponer de una tribuna pública, a quienes menos les cuesta rectificar cuando han dicho algo que se ha demostrado falso (Sánchez-Dragó se puso orejas de burro en el telediario que presentaba. No hace falta llegar a eso, pero el gesto le honra).

Así que se puede decir todo, pero todo no dice lo mismo. Este periódico se ha embarcado en una campaña por dignificar la apaleada profesión del periodista, la noble labor de contar lo que ocurrió, lo que ocurre. Nada más y nada menos. Y sí: un millón de 'likes' no son aval del valor de una noticia. Mientras, en México, quienes emiten noticias dignas reciben, en vez de un 'like', una bala en la cabeza.

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