El pensamiento vivo

«Un trastorno mental no deja de ser una muestra diferente de humanidad que hay que respetar»

El pensamiento vivo
José Ibarrola
Juan Villacorta
JUAN VILLACORTAValladolid

No hay un control infalible sobre la mente humana, hay un factor imprevisible que se escapa al dictado de la razón, mezcla de azar, instinto y voluntad irracional. Propiamente considerada, la mente es lo único que tenemos, un patrimonio efímero. El pensamiento es sobornable como lo es la memoria, ambos se traicionan a sí mismos. El pensamiento es sobornable por el propio pensamiento. Las mentes sesudas utilizan bellas palabras para explicar alambicados pensamientos y brillantes ideas. Pero las mentes sesudas, en multitud de ocasiones, no saben para qué son sesudas. El flujo mental de ideas no cohesiona por sí solo el pensamiento, los avatares de la realidad rigen la lógica de la razón.

Debatir las ideas no obliga a morir por ellas, las ideas surgen del pensamiento vivo; pensar es vivir. En una simple lápida caben los pensamientos de toda una vida, la muerte se lleva pensamientos y hechos hacia ningún lugar, donde memoria y olvido se confunden. Pensar es la ceniza que disipa el tiempo. Cuando se ralentiza el ritmo de la mente, aparece el sueño de la rendición, el reloj de arena del cansancio, el naufragio del corazón hendido. Para detenerse, la mente no necesita estar muerta.

El cerebro humano no es el de un loco, la salud mental tal vez sea simplemente un espejismo útil que maneja la vida. Las enfermedades mentales son otras tantas vidas de los humanos, son reales porque influyen en el espíritu y los hechos de las personas prisioneras de otros mundos. Un trastorno mental no deja de ser una muestra diferente de humanidad que hay que respetar, canalizar, tratar de curar, hacerla visible y compatible con la convivencia social.

El cerebro humano, tarde o temprano, será clonado y algo más trascendente sucederá, será suplantado por una máquina, será sin duda un hito frontera de la civilización, el final de la evolución humana y el comienzo de otra especie autogestionaria y de reacciones imprevisibles.