La ética impostada

«La vida ética siempre está abierta a su posible desprogramación, muy repetidamente en la política, pero también muy visible en la vida social»

La ética impostada
Juan Villacorta
JUAN VILLACORTAValladolid

Aunque la política maquiavélica se base en esa tesis, el fin no puede nunca justificar los medios, son precisamente los medios quienes fijan el valor del fin, los medios no son un fin en sí mismos. Lo que en un principio es moral evoluciona con el tiempo hacia lo inmoral. La vida ética siempre está abierta a su posible desprogramación, muy repetidamente en la política, pero también muy visible en la vida social. El arrepentimiento ético es una moral tardía, estéril en tantas vicisitudes. El ser político y social se nutre de errores y, en consecuencia, se emponzoña de mala conciencia, como si la ética del comportamiento fuera el efecto fatuo de una causa sin causa. La ética tardía se confunde a menudo con sensiblería, arrepentirse es antes una actitud estética que ética.

Muchas veces nos esforzamos en ser moralmente presentables, especialmente lo hacemos cuando más se quiebran nuestros principios y valores. Este es el ficticio mundo feliz de la hipocresía considerada como fiel del comportamiento humano. Los compromisos éticos han de tener carácter universal, nadie debe ser discriminado. La educación ética, sustentada en las promesas gestuales, no debe utilizarse como arma arrojadiza por intereses bastardos. La pregunta es hoy más pertinente que nunca, ¿es ético plantear cuestiones éticas? ¿Estamos legitimados para enjuiciar moralmente el mundo que seguimos destruyendo a conciencia? La ética, la moral, incluso el derecho, la ley natural no son atributos divinos, pero exigen una humanidad más justa y creíble. Se trata de no hablar y construir sobre lo posible y deseable, sino de construir y vivir sobre lo necesario. La estética de quienes aspiran al poder puede ser, o no, un valor estratégico y táctico en sí, pero su impostada influencia ética suscita en la sociedad una desconfiada reflexión sobre la validez de los valores políticos, y sobre la insustancialidad de nuestro esquema de la realidad.