La derrota

La SIerra de Madrid ya está Blanca. Blanca Fernández Ochoa en el bosque bajo las piedras de la Peñota

La derrota
Chapu Apaolaza
CHAPU APAOLAZAValladolid

Acaba de echar a andar este septiembre asesino -septiembre siempre es el final de algo- y la Sierra de Madrid ya está Blanca. Blanca Fernández Ochoa en el bosque bajo las piedras de La Peñota, tan grandes y tan romas como caparazones de monstruos ya extintos, y anda España preguntándose dónde sonrió por última vez la esquiadora. De todas las hazañas de las que es capaz una persona, quizás la más difícil sea la de salir en todas las fotos sonriendo. Los alegres siempre son más frágiles, por eso parece que se van más, y que se quedan siempre los hijos de puta y también los rancios, de los que decía mi padre que si volaran, no se vería el sol. La Sierra de Madrid, que acosan los fines de semana los domingueros de ropa chillona y botas con suela media de trekking, uniformados como un ejército vulgar, presenta desde hace unos días un aura majestuosa y mortal, casi de Annapurna. Ojalá no hubiera nunca respuestas de lo que sucedió allá arriba y en adelante sobre este asunto esta noche cayera una capa espesa de nieve mansa, silencio y poesía. Y que ya no se supiera más. Ojalá Blanca Fernandez Ochoa quedara solamente inscrita allá arriba en el cuadro de honor de los montañeros que subieron al cielo y no pudieron volver; o no quisieron, qué importa.

Cuesta más adivinar lo que ha sucedido que lo que va a pasar. A veces, el pasado, que es impredecible, da sorpresas. Contra todo pronóstico, al PP lo ha exculpado el juez de las acusación de haber destruido las pruebas de los discos duros del ordenador de Bárcenas. El juez no tiene pruebas; de eso se trataba. Un accidente de estas características le puede suceder a cualquiera. Por ejemplo va uno y sin querer formatea el disco duro, lo que es una faena y, por si fuera poco, sin querer lo raya y encima se le cae encima el martillo. En Génova les pasó eso mismo, treinta y cinco veces.

Moncloa ha conseguido que cualquier victoria parezca una derrota. Gracias a la exhumación fallida de Franco consiguieron soliviantar a la derecha. El relator catalán encendió los fuegos fatuos de Colón con los que el PSOE calentó a su electorado. Ahora está cuidando mucho la negociación con Podemos para su acuerdo de gobernanza, esta cosa nueva que empezaron a nombrar ayer y que a mí cuando la escucho suena a que gobernanza tiene nombre de helado. Sánchez ha puesto a negociar a Carmen Calvo, que es el inspector Cluseau de la socialdemocracia española. Ayer, en un giro de los acontecimientos, los locos chicos de Moncloa con sus locos cacharros ofrecieron a Podemos el manejo de organismos de presunta independencia como la CNMV, el Defensor del Pueblo, el Consejo General del Poder Judicial y la presidencia de la Plaza de Toros de e Las Ventas. Sánchez tiene que medir el trato con Podemos para la formación de una mayoría parlamentaria porque como le salga mal, Iglesias le acepta la oferta y lo hacen presidente.