Celaá

«Pedirle que no dé votos a su gobierno es como pedirle a Rosalía que no cante»

La portavoz del Gobierno en funciones, Isabel Celaá./Efe
La portavoz del Gobierno en funciones, Isabel Celaá. / Efe
Chapu Apaolaza
CHAPU APAOLAZAValladolid

La Junta Electoral Central ha considerado una denuncia de Ciudadanos y ha recriminado a la ministra Isabel Celaá que pidiera el voto para su partido en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. ¡Quién osa! La ministra Arlequino carga con la tarea de se la portavoz del Gobierno, pero hubiera sido la musa de Rimbaud, Verlaine y Baudelaire de haberla conocido -¡ah!-, y probablemente también de Mallarmé, además de los otros poetas malditos, los párrocos de las grandes catedrales y los presentadores de programas de manualidades en los canales infantiles.

Oh, Celaá, guardiana de la democracia, demonio de las derechas, esfinge de Guiza, de Tebas y de Moncloa ante el empuje de todo lo rancio y de lo sucio; el verbo correcto, el hablar lento y refulgente, esa pronunciación Cantábrica para que la entienda la ancianita de mi Españita. ¡Para que la entienda hasta el periodista! Me gustaría hablar como Celaá para que todo el mundo me entendiera y así vivir alerta para que el país no retroceda. La ministra debería tener un canal en Netflix y otro en la tele Naciones Unidas, y estar presente en todos los enunciados de los colegios: un tren sale de A Coruña y otro de Murcia y ambos trenes los conduce Celaá tocando el silbato de la locomotora. Es injusta la Junta Electoral Central con ella, pues no es que pida el voto para el PSOE, es que a uno le entran ganas de votar a Sánchez solo con escucharla. Pedirle que no dé votos a su gobierno es como pedirle a Rosalía que no cante.

Una de las cualidades del sanchismo es que como Celaá, resulta altivo, pero irresistible al ciudadano, pues en él se funde todo: el futuro, la transición ecológica la igualdad, la democracia, la socialdemocracia y el bien así en general, encarnado representado por Pedro y los ministros de su gobierno. De qué gobierno va a ser: del gobierno bonito. Sánchez es un estratega que ha logrado lo que han intentado todos los políticos: superponer los tres planos que forman la trinidad del poder: institución, partido y candidato, esto es Pedro, PSOE, Moncloa. El padre, el hijo y el Espíritu Santo.

A partir de este núcleo se dibuja un estado de conciencia religioso en el que si alguien disiente acaso con el tono de una de sus medidas, queda de manera automática alineado con el mal, con el pasado y con lo reaccionario. A base de montar en Falcon y mover las manos, Sánchez ha conseguido crear un estado emocional eucarístico en el que que si uno no está de acuerdo con él, es que está en contra del avance del país y a favor de la oscuridad. Cualquier enmienda significa un apoyo a todo lo que queda fuera de su círculo divino, de manera que cuando un partido -el que sea- no permite a Sánchez gobernar cediendo el voto de su formación en una investidura, incluso cuando uno no vota a Sánchez, enmienda la lucha contra la violencia de género, la ecología, la justicia social y los viernes en general.