Editorial: Casado verus Abascal

El PP acabará perdiéndose si se desentiende de los derechos de las mujeres, del Estado autonómico y de un europeísmo sin ambages

Pablo Casado presenta a los candidatos del PP a la Comunidad de Madrid. /J. M. / EFE
Pablo Casado presenta a los candidatos del PP a la Comunidad de Madrid. / J. M. / EFE
El Norte
EL NORTEValladolid

Los dirigentes del Partido Popular vienen mostrando posturas diversas respecto a los postulados de Vox y a la existencia misma de esta formación: desde quienes se empeñan en situarla en su órbita doctrinal hasta aquellos que, como Alberto Núñez Feijóo, se atreven a calificarla de extrema derecha. Especialmente en relación a la violencia de género. Ayer el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, pareció ofrecer una solución salomónica al debate interno al rechazar los «cordones sanitarios».

De hecho nadie en el PP ha cuestionado que el partido debía contar con los votos de Vox para asegurarse el Gobierno andaluz, aunque tampoco está claro que todos coincidan en los términos suscritos entre las direcciones nacionales de ambas fuerzas políticas a modo de acuerdo de legislatura para esa comunidad. Ello constituiría un precedente comprometedor –en fondo y forma– tras las elecciones autonómicas y locales del próximo 26 de mayo.

El 19º Congreso del PP viró hacia la derecha al optar su nuevo presidente, Pablo Casado, por dejar atrás la etapa más pragmática de Mariano Rajoy e imputar a la impasibilidad de este la causa de su propia caída. El temor a que emergiera una alternativa a la derecha del PP estaba latente en Sevilla en julio pasado. Pero la sorpresa que Vox dio en las elecciones andaluzas del 2 de diciembre acabó realzando el ánimo revisionista de la nueva dirección popular.

La sucesión de declaraciones que presentan los postulados de Vox como parte del ideario íntimo popular contrasta con las reservas que mantienen algunos de sus responsables, entre sorprendidos e inquietos ante tal confusión. La 'oficialidad' del Partido Popular entiende que necesitará de Vox si quiere hacerse con el gobierno de las instituciones en este año electoral; y que, en cualquier caso, únicamente mostrándose sensible a las cuestiones que suscita el partido de Santiago Abascal podrá evitar que éste vaya a más.

Frente a ello, persiste la precaución de quienes advierten de que Vox trata de hacerse con el espacio político del PP hasta suplantarlo, y se niegan a arrugarse ante la invectiva que les dirigía Abascal de «la derechita cobarde». Dos respuestas que pueden presentar un nivel análogo de riesgo electoral. Pero el Partido Popular acabará perdiéndose si se remonta a un pasado ideológico controvertible en tanto que ensimismado, y se desentiende de sus compromisos constitucionales en cuanto al desarrollo de los principios de igualdad –especialmente sobre los derechos de las mujeres–, el Estado autonómico y un europeismo sin ambages, con la tradición humanista de fondo.