Las víctimas ven un «chiste y una burla» que el obispo de Astorga que ocultó los abusos presida la comisión antipederastia de la Iglesia

El obispo de Astorga, durante la comparecencia para dar a conocer la pena impuesta a Ramos Gordón. /Campillo
El obispo de Astorga, durante la comparecencia para dar a conocer la pena impuesta a Ramos Gordón. / Campillo

Francisco Javier, el leonés que destapó los abusos en el Seminario Menor de La Bañeza, cree que el objetivo de la Iglesia es un «lavado de cara» y emplaza a que atiendan de verdad a los afectados y que ante nuevos casos tomen medidas «muy severas» | «El obispo de Astorga permitió homenajes a un delincuente»

A. CUBILLAS
A. CUBILLASAstorga

«Una burla, un chiste y una broma de mal gusto». Así califica Francisco Javier la elección del obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez, para presidir la comisión que la Iglesia española impulsa para elaborar una nueva normativa para la prevención y protección de las víctimas de pederastia.

Razones no le faltan. Su infancia, en el Seminario Menor de La Bañeza, fue un auténtico infierno. Junto con su hermano gemelo fue víctima de los abusos continuados del sacerdote José Manuel Ramos Gordón.

«Él te acariciaba, te tocaba mientras él también se tocaba. Nunca hablaba simplemente actuaba», relataba en su día Francisco Javier. Sin embargo, su infierno fue víctima del silencio cómplice de miembros de Iglesia.

Y no fue diferente cuando finalmente en el año 2014 logró armarse de valor y escribir una carta al Papa Francisco relatándole todo el dolor guardado durante dos décadas. A pesar de que su caso había prescrito penalmente, civilmente y canónicamente, el Papa derogó la prescripción y reabrió el caso.

Tras la toma de declaraciones, el Vaticano condenó al Ramos Gordón a la privación de la labor de párroco durante un año. Una sentencia que no impidió que los vecinos de la localidad zamorana de Tábara despidieran con honores al sacerdote.

Porque la realidad, relata, fue que la Diócesis también silenció estos abusos hasta que finalmente Francisco Javier destapó toda la verdad a través de los medios de comunicación. Por ello, hoy no se explica cómo la Iglesia ha puesto en el epicentro de su política antipederastia al mismo hombre que intentó esconder el «horror» vivido en el Seminario Menor de La Bañeza.

«Estamos ante una broma de mal gusto porque por todos es conocido cómo ha llevado el proceso en el marco de su diócesis, permitiendo que un delincuente reciba homenajes y oficie misas», asegura Francisco a leonoticias.

Pero no sólo eso. Este leonés recuerda que la Iglesia ha reconocido que él y su hermano han sido víctimas, sin embargo, el daño no se les ha resarcido económicamente porque, a juicio de Juan Antonio Menéndez, no lo recoge el derecho canónico, «cuando la realidad es bien distinta».

Un «lavado de imagen»

En cualquier caso, si hay que sacar un lado positivo en este asunto es que con la constitución de esta nueva comisión la Iglesia confirma que el protocolo actual no sirve. No obstante, «mal empiezan», recuerdan Francisco, si no cuentan con el testimonio y las vivencias de las víctimas. «Lo he conocido a través de los medios de comunicación».

Una medida que, a su juicio, busca un lavado de imagen. «La Iglesia católica a nivel mundial vive una crisis tremenda. Es algo sencillo ese lavado de imagen pero sería positivo que antes la Iglesia se sentase y atendiese de verdad a las víctimas y luego se elaboren protocolos eficaces, que protejan a sus víctimas y que si aparecen nuevo casos se tomen medidas muy severas».

Porque, a su juicio, es «muy fácil» lo que la Iglesia debe hacer, empezando porque asuma y se haga cargo de sus responsabilidades. «Pero no quieren. Intentan hacer un lavado ante la opinión pública pero de nada sirve si no hay acciones concretas».

«Hablan mucho, hacen muchas comisiones, van muchos expertos... pero ahí están los hechos que demuestran lo ocurrido en estas década», asegura Francisco, que en base a su experiencia, ve «poco creíble y funcional» la creación de esta nueva normativa.

 

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