El rescatado en la ruta del Cares: «Mientras caía creí que me iba a morir»

El bombero rescatador Íñigo Sánchez, durante unas prácticas de grúa junto a su equipo. /
El bombero rescatador Íñigo Sánchez, durante unas prácticas de grúa junto a su equipo.

«Estaba muy nervioso, sabía que podía haber sido fatal», explican los rescatadores del joven que se precipitó 30 metros en la Ruta del Cares y salvó la vida tras aferrarse a las ramas de los árboles situados en la ladera

L. RAMOS

Un golpe de suerte de los que pasan una vez en la vida. Tanto el joven accidentado este martes en el entorno del río Cares como sus rescatadores saben bien que salir ileso de una caída semejante es prácticamente un milagro. Y es que, tras precipitarse desde una altura de unos treinta metros, el joven soriano S. D. G., de 23 años, logró agarrarse a una rama y aguantar cerca de tres horas hasta la llegada del Grupo de Rescate de Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA).

Todo ese tiempo permaneció asido a la citada rama y apoyándose en un minúsculo saliente en el que apenas cabían las punteras de sus pies, mientras pedía auxilio desesperadamente, a voces. Durante la caída descontrolada por una empinada ladera primero y por una pared vertical después, el montañero perdió su mochila, con todos sus objetos personales dentro, incluido el teléfono móvil.

«Estaba muy nervioso»

«Cuando logré llegar hasta él estaba muy nervioso, lógicamente, pues era perfectamente consciente de que el accidente podría haber sido fatal», explicaba ayer Íñigo Sánchez. Él fue, junto al piloto Juanjo Hierro, la médica-rescatadora Elba García y el gruista Roberto García, quien logró sacar sano y salvo al joven soriano tras una compleja operación. «Si hubiera seguido cayendo tenía otros treinta metros a plomo y luego una ladera de unos cuatrocientos metros hasta el río Cares, con una pendiente del 60%, aproximadamente», indicó el bombero rescatador.

Una vez se vio a salvo, a bordo del helicóptero, agregó, el chico «entró en shock». «Nos dijo: 'Mientras caía creí que me iba a morir', y también que no sabía cómo tuvo el instinto de cogerse a la rama», relató Sánchez. Los rescatadores le trasladaron hasta Poncebos, donde había dejado estacionado su vehículo, y permanecieron un rato con él, tratando de tranquilizarle tras la dura experiencia.

Colaboración ciudadana

El suceso tuvo lugar minutos antes de las tres de la tarde del martes, cuando el joven, procedente del refugio de Jou de los Cabrones, se proponía a iniciar el descenso hacia el río Cares desde la majada de Amuesa. «Quería bajar por la canal de Sabugo y en un momento dado se asomó para ver si la localizaba, resbalando e iniciando una caída descontrolada», explicó Sánchez. El punto donde logró asirse a la rama está situado frente a la ruta del Cares y fueron precisamente quienes la estaban realizando en ese momento los primeros en oír sus gritos de auxilio y dar aviso al 112 Asturias.

Se inició entonces una operación de rescate sumamente complicada. «En primer lugar, había quedado en una zona apenas visible, pues estaba tapado por un gran árbol, y tardamos casi dos horas en localizarlo, pese a que barrimos todos los canales y pasamos por encima de él varias veces», relató el rescatador.

Descenso «a ciegas»

Al no lograr dar con el afectado desde el aire, él mismo descendió hasta la ruta del Cares, procediendo a hablar con quienes se encontraba para tratar de acotar la zona en la que estaba el joven. «Hablaría con unas cincuenta personas y gracias a su colaboración finalmente logramos localizar el lugar del que procedían los gritos de auxilio», añadió. El bombero regresó a la aeronave y comenzó una compleja operación dificultada por la pared en la que se encontraba el soriano y por el viento que afectaba al helicóptero por la cola.

«Descendí con una operación de grúa prácticamente a ciegas, ya que la visibilidad, por los árboles, era nula y tuve que ir indicando los movimientos por la emisora», señaló Sánchez. Tras asegurarse a la misma rama de la que colgaba el montañero, le puso el casco y el arnés. «Nos sacaron a los dos a la vez, de nuevo en una operación a ciegas. Fue muy complicado, pues yo no me podía mover y me tenían que dar el gancho a la mano sin verme, la coordinación con el gruista y el piloto fue fundamental».