15 años en vilo por Sheila

Degaña, el pueblo natal de la joven asesinada en el trayecto desde Villablino, confía en que el caso quede resuelto pronto | «No vamos a parar de pedir justicia hasta que se haga. Pero justicia de verdad», advierten los vecinos

PABLO SUÁREZDegaña

En Degaña, un concejo incrustado entre la Reserva de Muniellos y el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Ibias y Degaña, el turismo intenta abrirse paso entre verdes minifundios. Pese a que el cierre del pozo de Cerredo el pasado mes de enero, dejó a la zona sin su principal motor económico, para entonces la mayoría de los vecinos disfrutaban ya de pensiones o prejubilaciones.

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En esta población de 910 habitantes censados y una edad media superior a los 50 años, es habitual que los pocos jóvenes que quedan se desplacen a poblaciones cercanas como Cangas del Narcea o Villablino (León) para salir de fiesta. Fue precisamente tras una de esas noches de ocio, en 2004, cuando a Sheila Barrero, de 22 años que tras acabar su turno de camarera había salido de fiesta, le quitaron la vida de un disparo. Por la espalda, en la nuca y desde la parte de atrás de su coche.

Los vecinos siguen sin acertar a explicarse el motivo de aquella muerte, aunque todos reconocen que lo ocurrido cambió para siempre al pueblo. «Ves este tipo de casos por la tele y nunca piensas que en tu pueblo pueda pasar algo así. No sé, es como que al principio nadie se lo terminaba de creer», rememora una vecina mientras apura su café en la tasca que da entrada al municipio.

«No tiene sentido»

A la incredulidad del principio le siguió el miedo. Y la mezcla de ambas sensaciones desembocó en una profunda rabia. Rabia al no entender por qué tuvo que pasarle aquello a Sheila, conocida y querida, y porque, quince años después, el asesinato continúa impune. «No tiene sentido. A nadie nos cabe en la cabeza que quien cometió el crimen siga suelto. Lo que ha pasado esa familia estos últimos quince años no tiene nombre», reconoce otro vecino.

El descrédito que el sistema judicial sufre en Degaña -«es inevitable» esa desconfianza- se ha transformado en un firme apoyo a la familia de la víctima. La sensación al preguntar a los vecinos por lo ocurrido es que Sheila era familia de todos. El pueblo ha interiorizado el caso hasta el punto que, cuando el pasado 25 de enero la familia comunicó que el juez había decidido retomar la investigación, la celebración llegó a todas las casas. «Fue como un soplo de aire fresco, algo que llevábamos mucho tiempo esperando», refieren los vecinos. Aquel día Degaña desenterró el optimismo, sepultado por el archivo de la causa en 2008, pero no bajó la guardia. «No vamos a parar de pedir justicia hasta que se haga. Pero justicia de verdad», incide una vecina.

«Te hierve la sangre»

Hace unos días, el pueblo se desayunaba con la noticia de que los investigadores de la Guardia Civil habían conseguido, a través de nuevos análisis de las pruebas, dar con el presunto asesino de Sheila. El nombre del sospechoso, un exnovio de la víctima, les resultó familiar, demasiado, a todos. Por haber sido el primer y único detenido. «Lo acusan las pruebas, no nosotros. Saber que hizo lo que hizo y que sigue ahí, viviendo como si nada... Te hierve la sangre», afirma otro vecino.

El nombre de Sheila vuelve a concitar la atención de todos. En Asturias y fuera de las fronteras del Principado. Degaña está de nuevo en el foco. Vuelven los todoterrenos, los trípodes, las cámaras y las preguntas. El trajín no parece molestar a los vecinos, cercanos en el trato y a los que nada puede alterar la satisfacción de ver el final de la pesadilla cada vez más cerca. «Esperemos que sí, que esta vez sea la definitiva y que quien mató a Sheila pague por lo que hizo», comentan en el bar.

Apenas a doscientos metros de ese local, punto de reunión y charla habitual, está la casa de los padres de Sheila. A la que se dirigía la joven cuando fue interceptada por quien acabó con su vida. Todos saben donde queda porque todos han pasado por allí para ofrecer su apoyo a la familia. Los padres de la joven siguen las novedades del caso con una entereza que todos admiran. «Muchas veces es la madre quien nos pide que no hagamos ninguna locura, que confiemos en que la justicia va a hacer su trabajo», cuentan varios conocidos.

«El respeto es muy grande»

Si los vecinos llevan quince años volcados con el caso, el Ayuntamiento también ha hecho lo propio. En la Casa Consistorial, ubicada a la entrada del pueblo, quien manda desde hace un año es Araceli Soárez, socialista. «El caso de Sheila siempre ha estado muy presente. Aquí todos nos conocemos desde que éramos niños. El afecto es grande. También el respeto», cuenta, por teléfono, a la salida del trabajo y mientras se encamina a un encuentro con un representante del Principado. Soárez compagina su trabajo con la labor como alcaldesa. Así funciona en este tipo de municipios. «Desde un año después de que ocurriese el asesinato de Sheila, el Ayuntamiento ha hecho todos los años una declaración institucional para pedir justicia y que se resuelva el caso. Todos los 25 de enero son días de luto oficial», explica la regidora.

En cada aniversario que se cumple de la muerte de Sheila, el Ayuntamiento organiza un Pleno extraordinario al que asisten tanto los vecinos como la familia, y en el que se lee en voz alta el manifiesto. «Cada año deseamos que esa sea la última vez que lo hacemos, que deje de ser necesario. Ahora parece que nos podemos acercar a ese momento», reconoce Soárez. Es prudente, pero, también, incapaz de ocultar la esperanza que hace unos días se ha instalado en el pueblo.