La Unión Europea estira el 'brexit' al 31 de octubre

Donald Tusk, Xavier Bettel, Theresa May, Antonio Costa y Angela Merkel./EP
Donald Tusk, Xavier Bettel, Theresa May, Antonio Costa y Angela Merkel. / EP

La UE ofrece seis meses de prórroga a Theresa May para evitar una posible injerencia británica en la futura Comisión Europe

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

La cumbre de jefes de Estado y de gobierno arrancaba en Bruselas con varias incógnitas por despejar. La predisposición de los Veintisiete a conceder la prórroga ya había sido descontada así que, simplificando, lo que tenían encima de la mesa era concretar el formato. Y a las dos de la mañana, tras ocho horas de reuniones, se confirmaba la versión larga: el 31 de octubre, último día del actual ciclo de la Comisión Europea. Ni el año por el que apostaba Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, ni el 30 de junio pretendido por la primera ministra británica, Theresa May. La fecha elegida 'salva' al futuro Ejecutivo comunitario de cualquier influencia británica. Y vendría a reforzar los mecanismos que blindarían a la Unión Europea (UE) de posibles maniobras dirigidas a dinamitar el proyecto europeo.

Los líderes superaron sus diferencias y hallaron el acuerdo en esos seis meses de extensión. Venden más tiempo a Theresa May. Pero a un alto precio. De entrada, Reino Unido tendrá que implicarse en las elecciones europeas. Si no lo hace antes del 22 de mayo saldrá fuera automáticamente (1 de junio). Además, se le dejó claro que durante el nuevo margen de espera no se reabrirá el pacto de la salida británica de la UE, el 'brexit', acordada el pasado noviembre. Y que, en la práctica, se verá obligada a renunciar a algunos de sus derechos como Estado miembro durante esa nueva transición.

Porque la UE tiene que seguir funcionando. Sin intromisiones. «El 'brexit' no puede bloquear el proyecto europeo», clamó el presidente francés, Emmanuel Macron. Y esa tesis marcó el sentido más duro de las conversaciones entre los Veintisiete antes de que Theresa May volviera a comparecer ante ellos. Lo había hecho ya durante una hora aproximadamente, en la que incidió en que su país continuará siendo «constructivo y responsable» y que cumplirá con su «deber de cooperación sincera». Pero las dudas son más que razonables. De hecho, el calendario aprobado ayer preveía una revisión de ese comportamiento en el 'ecuador' de la prórroga.

«Era fundamental comprobar si su estrategia se ajustaba al tiempo que requería». Y la sensación era que no, que la ratificación del Acuerdo de Retirada en Londres no podía llegar antes del 30 de junio. De ahí la versión extendida (y la consiguiente participación en las europeas) que la 'premier' pareció asumir nada más pisar Bruselas: «Lo que importa es que podamos dejar la Unión Europea en el momento en que ratifiquemos el Acuerdo de Retirada». Ella pidió una especie de cláusula aclaratoria que le garantizase que la puerta la tendrá abierta si se aclara antes de tiempo. La fecha es «flexible».

Pero su compromiso de «lealtad» no bastaba. Porque nadie garantiza que la 'premier' pueda sobrevivir a esta última fase del 'brexit', en la que se ha abierto a los laboristas. Si acaba engullida, un 'brexiter' del calibre de Boris Johnson (compañero del Partido Conservador y alineado para sustituirla) podría tener la tentación de actuar como un 'caballo de Troya'. Por lo que el debate acabó enmarcándose en las garantías. Más tiempo para qué y cómo. Francia partía de un supuesto lógico: «¿si quería hasta el 30 de junio por qué darle más?», deslizaban fuentes diplomáticas. Se impuso finalmente la idea del plazo intermedio. Y una redacción reforzada de las garantías.

«Aún podemos salir el 22 de mayo»

«Si logramos un acuerdo ahora (...), aún podemos salir el 22 de mayo», avisó en una rueda de prensa Theresa May, sumida en discusiones con la oposición laborista para alcanzar una mayoría a favor del acuerdo de divorcio en la Cámara de los Comunes, que ya lo rechazó en tres ocasiones.

La futura protección

El borrador de conclusiones filtrado la víspera abogaba por que los Veintisiete continúen manteniendo reuniones por separado en todo lo que ataña al 'brexit'. Un día antes incluso se insinuó que Theresa May «no estará invitada» al Consejo Europeo informal que se celebrará en la localidad rumana de Sibiu en mayo. Algo más que un detalle si se confirma. Porque sería el primer ejemplo de exclusión o autolimitación al que la UE obligará a su todavía socio durante ese periodo en el que continuará con un pie fuera. Y que señala en la dirección de que su derecho a veto será controlado.

La unanimidad es requisito imprescindible a la hora de aprobar el Marco Financiero Plurianual (MFP), el presupuesto de la Unión Europea -que iniciará nuevo ciclo en 2021- y la política exterior. Con el primero se ve posible un acuerdo a Veintisiete. Bastaría con que su validación se postergase hasta la salida efectiva de los británicos. Existe margen. En la acción común exterior tampoco existía gran temor (difícilmente Reino Unido renegará de las sanciones aprobadas contra Venezuela, por ejemplo).

El riesgo estaba en la conformación de instituciones clave como el Parlamento Europeo y la propia Comisión Europea. Con el compromiso de Londres de estar en los comicios se da respuesta al primero y con el 31 de octubre, se esquivan posibles injerencias en el futuro Ejecutivo comunitario.

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