La Eurocámara cifra en casi 5 millones los fondos europeos desviados por Le Pen

Marine Le Pen, con huelguistas de la fábrica de Whirlpool en Amiens./
Marine Le Pen, con huelguistas de la fábrica de Whirlpool en Amiens.

La candidata del Frente Nacional rebaja así su euforia, tras haber visitado a huelguistas de la fábrica de Whirlpool en Amiens mientras Macron se reunía a puerta cerrada con los sindicatos

AGENCIASparís

El Parlamento Europeo calcula que el fraude del Frente Nacional, partido francés de extrema derecha dirigido por Marine Le Pen, asciende a 4,9 millones de euros desde 2012 hasta este año debido al presunto desvío de fondos asignados a sus eurodiputados para pagar a sus asistentes.

Así se lo ha comunicado la institución europea a las autoridades francesas, tras actualizar sus datos y revisar la información obtenida por la investigación de la agencia europea antifraude (OLAF), según han explicado varias fuentes parlamentarias a la agencia de noticias Europa Press.

La Eurocámara es parte civil en la causa de la presunta creación de falsos puestos de asistentes para la veintena de eurodiputados con que cuenta el partido de extrema derecha de Le Pen.

La líder del FN y candidata en las elecciones presidenciales de Francia ya sufre desde el pasado mes de febrero el embargo de una parte de su asignación mensual como eurodiputada. Una sanción que se mantendrá hasta recuperar los 340.000 euros que la Eurocámara le reclama por la contratación irregular de dos asistentes, uno de ellos su guardaespaldas.

Además, la Eurocámara inició esta semana formalmente el proceso para decidir si atiende a la petición de la Justicia francesa y retira la inmunidad que, como eurodiputada, protege a Le Pen frente a las investigaciones por malversación de fondos públicos.

Emboscada a Macron

Convencer a Whirlpool

A la espera de convencer a Whirlpool para no dejar Francia o de encontrar a un socio industrial que conserve los empleos, Le Pen se comprometió a nacionalizar la planta "si es necesario".

En un mitin en Arras, en el norte de Francia, Macron criticó esa idea de su rival, a la que tildó de "demagoga", y aseguró que hará campaña en todos los feudos en los que la ultraderechista tiene amplio apoyo, especialmente zonas rurales del noreste y el sureste del país.

"No silbéis a Le Pen, id a combatirla, a convencer a la gente en sus casas", dijo a sus seguidores, quienes blandieron en el acto banderas francesas y de la Unión Europea al grito de "Macron presidente".

Este cruce de espadas, que ha sido calificado en Francia como el comienzo real de la campaña de la segunda vuelta, marcó una jornada en la que también se conoció que el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, cuarto en la primera ronda, no hará público su voto en la segunda.

El líder de La Francia Insumisa ha recibido duras críticas por no participar en el intento de frenar a Le Pen, a las que se sumó el propio Macron. "Sus votantes (de Mélenchon) se merecen algo mejor", dijo el exministro. La Francia Insumisa ha abierto una consulta entre sus bases para decidir si pide el sufragio en la segunda vuelta para Macron, el voto en blanco o la abstención, mientras que votar por Le Pen "no es una opción".

Mientras, quien sí manifestó su apoyo a Macron fue el expresidente conservador Nicolas Sarkozy. "Es una elección responsable que no significa en ningún caso un apoyo a su proyecto", afirmó en Facebook el jefe de Estado entre 2007 y 2012, quien alertó de que el proyecto de Le Pen, que aspira a abandonar el euro, tendrá "gravísimas consecuencias para el país y para los franceses".

Un día antes de dicha resolución de la Eurocámara, el paseíllo que el socioliberalismo esperaba hacia el Elíseo comenzó de malas maneras, debido a una hábil y sorprendente maniobra política de Le Pen cuando ésta visitó a los huelguistas de la fábrica de Whirlpool en Amiens, que será deslocalizada, mientras Emmanuel Macron se reunía a puerta cerrada con los sindicatos en la Cámara de Comercio.

El poder de la imagen fue devastador: el baño de masas de la ultraderechista, entre selfis a las puertas de la planta y gritos de "¡Marine presidenta!", difundido al mismo tiempo que la reunión de un Macron cariacontecido frente a una magra representación sindical.

El problema de la fábrica de Amiens, que además es su ciudad natal, ha supuesto una piedra en el zapato para Macron desde que se conociera en enero que Whirlpool planea trasladar su producción a Polonia. Con 290 empleos fijos en el alero, el exministro de Economía aceptó reunirse con el comité intersindical de la planta, pero no visitar a los huelguistas junto a la fábrica.

Le Pen, que tiene en el voto obrero uno de sus principales caladeros de cara a la segunda vuelta de las elecciones el próximo 7 de mayo, no dudó en aprovechar la situación. "Que Macron venga aquí no para reunirse con los huelguistas sino a no sé qué sala de la Cámara de Comercio, para reunirse con dos o tres personas, es una demostración tal de desprecio que he decidido salir de mi consejo estratégico (en París) para venir a Amiens", espetó Le Pen ante las cámaras.

El socioliberal intervino al finalizar la reunión para defender su encuentro con los sindicatos y atacar la "utilización política" que a su juicio hizo su adversaria del conflicto social. "El proyecto de Le Pen no arregla nada de la situación de Whirlpool. ¿La salida de la Unión Europea? Si ella es elegida, esta fabrica cerrará, como muchas otras en Francia", consideró. Más tarde, forzado por la acción de la ultraderechista, acudió en persona a ver a los huelguistas, que lo recibieron entre abucheos y duras críticas.

Rodeado por los trabajadores -entre los que había miembros del propio FN, según los medios franceses-, Macron argumentó que no puede "prohibir a una empresa cerrar una fábrica, porque eso no es posible. Si no, ninguna empresa más vendría a invertir en Francia".

Al mismo tiempo, Le Pen emitió por su parte un comunicado con varias propuestas para evitar la fuga de empresas; entre ellas, tasar al 35% cualquier producto que saliese de una fábrica deslocalizada y que fuese vendido en el mercado francés.