La cumbre de ida y vuelta vuelve a estar sobre la mesa

Donald Trump./Nicholas Kamm (Afp)
Donald Trump. / Nicholas Kamm (Afp)

El mandatario subraya que mantienen una línea de diálogo abierta e incide en que el comunicado de los norcoreanos sobre su disposición para celebrar la cumbre fue «muy amable»

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

En el imprevisible y temperamental mundo de la diplomacia trumpiana, la cumbre del próximo día 12 en Singapur con Corea del Norte vuelve a estar sobre la mesa. El presidente se levantó satisfecho con el «cálido y productivo» comunicado del país al que había intimidado el día antes con una carta en la que cancelaba la cumbre. Pyongyang había reaccionado con elogios y humildad. Lo mejor para Trump era saber que sus tácticas de tiburón inmobiliario funcionan, por mucho que el resto del mundo esté escandalizado.

Pocos creen que esto pueda acabar bien, pero la perplejidad es tanta que nadie se atreve a vaticinar. Sus tácticas son, cuando menos, inusuales, y nunca han sido aplicadas abiertamente a la presidencia de EE UU. «El tiempo dirá», señaló él mismo.

Los demócratas creen que en este proceso caótico con tácticas intimidatorias Corea del Norte queda como la más interesada en la paz, mientras que el presidente «trata la paz como si fuera una transacción inmobiliaria en la que compras o no». Cuando se trata de la desnuclearización de Asia, «hay que ganar», observó el senador Tom Udall. Trump se apresuró a atacarles con su arma de destrucción masiva favorita, Twitter, en la que les acusó de estar pujando por su fracaso en las negociaciones.

La avanzadilla de la Casa Blanca no ha cancelado sus pasajes a Singapur. El equipo de 30 personas tiene previsto viajar este domingo para trabajar en los preparativos de una cumbre que el secretario de Defensa James Mattis ve «posible». A juicio del cauto general, «hay demasiada gente hablando sin responsabilidad», observó. «Les dejaré que hablen todo lo que quieran y rezaré para que los diplomáticos sea capaces de sacar esto adelante».

Un alto cargo de la Casa Blanca dijo ayer que Trump había cancelado la cumbre porque, al no haber acudido Corea del Norte a la reunión planificatoria de Seúl la semana pasada, ya no había tiempo de prepararla. El abogado y amigo del presidente Rudy Giuliani sugirió que al mandatario le venía bien posponer la cumbre porque así tenía más tiempo para prepararse una posible entrevista con el fiscal especial Robert Mueller sobre la trama rusa. Y más de un experto opina que las comparaciones con Libia que hicieron el vicepresidente Mike Pence y el consejero de Seguridad Nacional John Bolton eran errores tan básicos que parecían hechos a propósito. ¿Intentaba la Casa Blanca provocar a Kim Jong-un para tener una excusa con la que dar un golpe sobre la mesa? «Todo el mundo juega», dijo ayer el presidente, sin responder a las preguntas.

Entre las bajas colaterales está el presidente surcoreano Moon Jae-in, que se había reunido dos días antes del anuncio con Trump en la Casa Blanca. El mandatario que le propuso para el Nobel de la Paz quedó en ridículo al decir que había un «99.9%» de posibilidades de que se celebrase la cumbre horas antes de que Trump la cancelase, lo que deja en evidencia su falta de influencia. Para su consuelo, la decisión de Trump fue tan abrupta que la Casa Blanca ni siquiera tuvo tiempo de informar a los líderes del Congreso, como manda el protocolo.

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