Trump culpa de los tiroteos a las enfermedades mentales, «no a las armas»

El presidente de EE UU, Donald Trump, junto a la primera Dama, Melania Trump./REUTERS
El presidente de EE UU, Donald Trump, junto a la primera Dama, Melania Trump. / REUTERS

El presidente de EE UU quiere visitar a las víctimas del ataque de El Paso, que aumentan a 22 tras la muerte de tres de los heridos

MERCEDES GALLEGONueva York

La congresista de El Paso Veronica Escobar esperaba este lunes que el presidente Donald Trump admitiese la contribución de su propia retórica al brote de racismo, que el sábado estalló a disparos en un hipermercado de su ciudad. «O al menos que reconociese el valor de los hispanos y quitase así la diana que ha colgado sobre nuestra comunidad», expresó, pero sus esperanzas fueron en vano.

No solo no hubo mea culpa, sino que Trump disculpó a la industria armamentística que proporciona rifles de guerra capaces de lanzar un centenar de disparos en 30 segundos, como ocurrió el domingo en Dayton, Ohio. «Las enfermedades mentales y el odio aprietan el gatillo, no las armas», leyó Trump de un discurso cuidadosamente escrito.

Su defensa de las armas indignó a quienes luchan por ejercer un control razonable de las mismas. «Si las armas sirvieran para garantizar la seguridad, seríamos el país más seguro del mundo», suspiró Robyn Thomas, que trabaja en el Centro Giffords creado por la congresista de ese apellido herida en 2011 de un disparo en la cabeza.

El mandatario culpa a la prensa y los videojuegos de la propagación de la violencia y se muestra dispuesto a negociar con la oposición mecanismos que permitan al FBI intervenir cuando se detecten «alertas rojas» en individuos con enfermedades mentales. Algunas fuentes de la Casa Blanca ya han visto la oportunidad de negociar medidas largamente buscadas por los demócratas, como la obligación de revisar el historial de quien solicita una licencia de armas, a cambio de más fondos para su muro o un acuerdo migratorio.

El clamor generalizado ante un fin de semana particularmente violento que ha dejado 31 muertos le ha forzado a condenar públicamente «el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco» que, según el director del FBI, Christopher Wray, este año ha provocado el mismo número de detenciones por terrorismo doméstico que el terrorismo musulmán. Las palabras del presidente, «totalmente falsas e hipócritas», se indignó el congresista demócrata Tim Ryan, resultaban todavía más huecas al considerar que su gobierno ha cortado fondos a la oficina del Departamento de Seguridad Doméstica que investiga este tipo de terrorismo.

Demanda por terrorismo

La muerte de tres personas heridas el viernes en el tiroteo de El Paso ha aumentado el balance mortal a 22 y el número de mexicanos a siete. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador estudia la inusual medida de poner una demanda por terrorismo contra el autor del atentado, que según la policía «canta alegremente». El objetivo de México sería obtener la extradición, lo que parece altamente improbable.

Trump estudia visitar la ciudad afectada por el duelo este miércoles, pero crecen las voces que le advierten «¡no te acerques a El Paso!», dijo en televisión Richard Parker, autor de «La nación de la Estrella Solitaria» con que se identifica Texas. En la misma línea, la congresista Escobar advirtió que «no es bienvenido aquí mientras estemos velando a nuestros muertos». En lugar de perder el tiempo camino a esa ciudad fronteriza, Escobar le recomendó que «reflexione sobre sus propias palabras». Y por si no las recuerda, «que sus asesores le pongan vídeos de sus mítines».

En Texas o en Ohio, la opinión pública demanda acción gubernamental para poner freno a tanta violencia sin sentido, solo que en este último la policía todavía no ve motivaciones racistas. El pistolero de 24 años que mató a nueve personas en 30 segundos también se llevó por delante a su hermana e hirió al novio de esta, una pieza del puzle que tiene despistada a la policía. «Es difícil de creer que matara a propósito a su propia hermana, pero es igual de difícil creer que no la reconociera», se rascó la cabeza Richard Biehl, jefe del Departamento de Policía de Dayton (Ohio). «No creo que nunca podamos saberlo con certeza», lamentó.

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