Yemen, un país devastado por cinco años de guerra

Un niño camina por un cementerio en Saná. /Efe
Un niño camina por un cementerio en Saná. / Efe

El estado más pobre de la península arábiga vive un sangriento conflicto desde que en 2014 los rebeldes hutíes chiitas, apoyados políticamente por Irán, tomaron la capital, Saná

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Hace cinco años, cuando los rebeldes hutíes se apoderaron de Amrán, a 50 km de la capital de Yemen, Mohamed al Najri estaba convencido, como muchos, de que sería por poco tiempo, pero el país acabó en guerra.

Amrán fue la primera gran ciudad en caer en manos de los hutíes, que luego tomaron el control de zonas extensas del territorio de este país, el más pobre de la península arábiga, durante una ofensiva relámpago lanzada el 8 de julio de 2014 desde su bastión de Saada, en el norte.

«Han pasado cinco años y sabemos que la guerra está lejos de haber terminado», declara Najri. «Nuestra situación no ha dejado de empeorar. Hemos tocado fondo. Todo está en ruinas». Este funcionario del ministerio de Educación lleva sin percibir un sueldo desde hace casi dos años.

La mayor parte de los funcionarios han perdido el empleo. No cobran desde que Adén, la gran ciudad del sur, se ha convertido en la capital «provisional» de Yemen tras la caída de Saná y el gobierno reconocido por la comunidad internacional ha trasladado a ella el Banco Central.

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Mohamed Taha, un periodista de Amran de 48 años, ha perdido la esperanza de que la contienda bélica termine y asegura que en cinco años él y su familia se han adaptado «a esta nueva vida». «Por supuesto que al comienzo nos ha afectado pero hemos sido capaces de vivir con esto. Hoy tanto me da saber si va a continuar o no», afirma, desanimado.

Decenas de miles de muertos

La guerra en Yemen ha causado decenas de miles de muertos, en su mayoría civiles, según distintas fuentes de organizaciones humanitarias. Alrededor de 3,3 millones de personas siguen desplazadas y 24,1 millones, o sea el 80% de la población, necesitan ayuda, según la ONU, que lo tilda de peor crisis humanitaria en el mundo a día de hoy. Los niños padecen «desnutrición aguda».

El servicio de salud está hecho añicos. Muchos hospitales están destruidos o han sufrido destrozos y una epidemia de cólera causó estragos y dejó más de 2.500 muertos entre abril y diciembre de 2017. En noviembre de 2018, UNICEF calificó Yemen de «infierno en la tierra» para los niños, con 1,8 millones de menores de cinco años en situación de «desnutrición aguda». La educación y la economía van igual de mal.

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La situación se ha deteriorado mucho desde el comienzo, en marzo de 2015, de la intervención de la coalición internacional liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos para frenar el avance de los insurgentes.

«Muerte a EE UU y a Israel»

En Amrán, rebeldes armados vigilan noche y día el barrio histórico, cuyos edificios de color ocre están cubiertos de lemas revolucionarios. «Muerte a Estados Unidos. Muerte a Israel, malditos sean los judíos y victoria al islam», se lee en un muro.

Cuando Amrán cayó al cabo de dos meses de asedio, nadie era consciente de «las peligrosas» intenciones de los hutíes, afirman funcionarios locales. La ciudad, conocida por su riqueza arqueológica como el espectacular puente Shahara, es paso obligado entre el bastión rebelde de Saada y la capital, Saná.

Cinco años después del inicio de las escaramuzas, los hutíes, apoyados por Irán, siguen controlando buena parte del territorio pese a las operaciones de las fuerzas gubernamentales y los bombardeos de la coalición árabe.

Estos combatientes avezados controlan Saná y muchas ciudades del norte, del centro y del oeste de Yemen, incluida Hodeida, una localidad portuaria a orillas del mar Rojo, principal punto de entrada de la ayuda humanitaria.

«La guerra ha fragmentado al país con fracturas identitarias, geográficas e ideológicas de una forma casi inimaginable antes de que estallara», estima Peter Salisbury, analista del centro de reflexión International Crisis Group (ICG). «En el caso de que fuera posible, harían falta mucho más que cinco años para volver al grado de cohesión interna de 2014», añade.

Los rebeldes y el gobierno han participado en rondas de negociaciones auspiciadas por la ONU (las últimas en diciembre) sin que se vislumbre una salida al conflicto. «El país no está al borde del derrumbe. Ya se ha derrumbado», afirmó el jueves en Ginebra Fabrizio Carboni, director del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para Oriente Medio.

Cronología de la tragedia

Yemen, el país más pobre de la península arábiga, vive un sangriento conflicto desde que en 2014 los rebeldes hutíes chiitas, apoyados políticamente por Irán, tomaron la capital, Saná.

Desde 2015, las fuerzas progubernamentales, ayudadas por una coalición liderada por Arabia Saudí, tratan de expulsar a los insurgentes de las regiones conquistadas en el norte, el oeste y el centro del país.

El 8 de julio de 2014, los rebeldes tomaron el control de Amrán, cerca de Saná, después de combates con las fuerzas gubernamentales. Sintiéndose marginados por el gobierno central, los hutíes (que pertenecen a la minoría zaidí, una rama del chiismo), lanzaron una ofensiva desde su bastión de Saada.

El 21 de septiembre, los rebeldes, aliados a unidades leales al expresidente Ali Abdalá Saleh, entraron en Saná. Se apoderaron de la sede del gobierno y de la radio estatal. El 14 de octubre se hicieron con el puerto de Hodeida, al oeste del país y en el mar Rojo, antes de avanzar hacia el centro del país.

El 20 de enero de 2015, los hutíes se adueñaron del palacio presidencial en Saná y cercaron la residencia del presidente Abd Rabo Mansur Hadi, que un mes más tarde huyó hacia Adén, la gran ciudad del sur.

El 26 de marzo de 2015, una coalición de varios países árabes liderada por Arabia Saudí, vecina de Yemen, lanzó una operación aérea para atajar el avance de los rebeldes hacia el sur.

Países movilizados

La operación movilizó tropas de una decena de países, entre ellos cinco del Golfo. Estados Unidos anunció que proporcionaba un apoyo logístico y de inteligencia. Ese mismo día Hadi se refugió en Riad, mientras los rebeldes se acercaban a Adén.

El 27, la coalición anunció haber neutralizado las capacidades aéreas de la rebelión y de sus aliados. En julio el gobierno proclamó la «liberación» de la provincia de Adén, el primer éxito de las fuerzas progubernamentales apoyadas por la coalición. Adén se convirtió entonces en la capital «provisional» del país.

Dichas fuerzas completaron hasta mediados de agosto la reconquista de cinco provincias del sur, pero les costó asegurarlas debido a la presencia de yihadistas de Al Qaida y del Estado Islámico (EI). En octubre, recuperaron el estrecho de Bab al Mandeb, por donde transita buena parte del tráfico marítimo mundial.

En diciembre de 2017 Saleh fue asesinado por sus exaliados hutíes, que le reprochaban una apertura hacia Riad. El 13 de junio de 2018, las fuerzas progubernamentales respaldadas por emiratíes y saudíes lanzaron una ofensiva sobre Hodeida, principal punto de entrada de la ayuda humanitaria.

El 13 de diciembre, tras unas conversaciones interyemeníes en Ginebra, el secretario general de la ONU Antonio Guterres anunció acuerdos para acallar las armas, en particular en Hodeida. Los combates cesaron en esa ciudad el 18 de diciembre, aunque esporádicamente se siguieron registrando ataques y disparos.

El 14 de mayo de 2019, la ONU informó de la retirada de los hutíes del puerto de Hodeida y otros dos puertos cercanos, pero dirigentes del gobierno denunciaron una «manipulación» y acusaron a los rebeldes de ceder el control a guardacostas que les eran favorables.

Los rebeldes intensificaron en los últimos meses sus ataques de drones y de misiles contra las instalaciones aeroportuarias, plantas desalinizadoras y otras infraestructuras sauditas. La coalición también incrementó sus bombardeos contra posiciones rebeldes en la provincia de Hayah y contra Saná.

En 2018, una misión de expertos con mandato del Consejo de Derechos Humanos de la ONU afirmó que todas las partes beligerantes cometieron potencialmente «crímenes de guerra».

Agencias