Semifinales

El mejor partido de la historia

Federer felicita a Nadal tras la victoria del manacorense en la final de 2008. /Ryan Pierse (Afp)
Federer felicita a Nadal tras la victoria del manacorense en la final de 2008. / Ryan Pierse (Afp)

Nadal y Federer repiten este viernes un duelo épico, una vuelta de tuerca a aquella final de 2008 que sigue perenne en la memoria de Wimbledon

ENRIC GARDINERMADRID

La frase que John McEnroe pronunció aquel 6 de julio de 2008 quedó para la posteridad. «Es el mejor partido de la historia», sentenció, poniendo lo que acababa de ocurrir en la pista central de Wimbledon por encima de la final que en 1980 el sueco Björn Borg le arrebató en el quinto set.

McEnroe, que ejercía como comentarista para televisión, acababa de presenciar cómo un Rafael Nadal de 22 años rompía la racha de cinco Wimbledon seguidos de Roger Federer. Acababa de ver un partido épico, marcado por las condiciones climatológicas, por las idas y venidas y por el culmen cerca del ocaso. Un encuentro que dirimió el cambio de rumbo en el orden tenístico mundial y que puso a Nadal por primera vez, mentalmente, por delante de Federer.

Un partido que se volverá a repetir este viernes, cuando helvético y manacorense choquen en las semifinales de Wimbledon, su primer encuentro en estas pistas desde aquella tarde del 6 de julio.

Federer llegaba con la tarea de desempatar a Borg y convertirse en el primer tenista en la historia en ganar seis veces en el distrito 19 de Londres de forma consecutiva. 65 victorias seguidas en hierba y 41 en Wimbledon le avalaban. Nadal aterrizaba tras sendas decepciones en 2006 y 2007. Dos finales perdidas en las que cada vez estaba más cerca, pero la copa dorada se le escapaba. Ambos se plantaron en la final sin sustos. Federer, sin dejarse sets por el camino, Nadal, solo uno.

Número uno y número dos del mundo esperaban en los vestuarios que arrancase el partido. La tarde pintaba mal y el primer retraso por lluvia se fue hasta los 35 minutos. Un primer toque a la tradición inglesa que fue continuado por el mejor arranque del balear. Mientras las nubes avisaban, Pascal Maria, juez de silla del partido, miraba al cielo esperando lo peor.

El chaparrón le cayó entonces a Federer. Una rotura de Nadal en el tercer juego le dio ventaja y, a la postre, el primer set por 6-4. En el segundo, Federer reaccionó y se puso 4-1 arriba. Incapaz el suizo de hacer un juego más, cedió también la segunda manga por 6-4.

Llegó el segundo parón por lluvia. 80 minutos que mandaron a Federer, que no perdía un partido en Wimbledon desde 2002, al vestuario a pensar. Nadal, que nunca había estado tan cerca del título, restaría con 5-4 en contra para seguir vivo en el tercero. Eterna espera en los vestuarios con ambos jugadores juntos. Escenas que no se volverán a repetir, ya que al año siguiente Wimbledon introdujo el techo retráctil que sigue vigente hoy en día.

Cuando la lluvia amainó, Federer aceleró para anotarse el desempate del tercer set y comenzar una remontada que tuvo su punto álgido en el 'tie break' del cuarto parcial. Nadal se puso 5-2 arriba, Federer remontó y desperdició una pelota para forzar el quinto. Llegó entonces uno de los momentos más recordados de la historia de Wimbledon. Nadal lanzó una derecha, mientras Federer se acercaba a la red, que silbó el marco de la raqueta del suizo. El suizo tropezaba mientras la bola se le escapababa propiciando punto de campeonato para Nadal, mientas el manacorense gritaba de la rabia porque por primera vez en su vida estaba a un punto de reclamar ese título con el que soñaba desde niño.

Y Federer despertó. Nadal continuó con su táctica de atacar el revés y se encontró con un 'passing' descomunal de Federer. Andrew Castle, comentarista de la BBC ese día, lo explicó a la perfección. «Hemos visto los dos mejores 'passings' del torneo y los hemos visto en puntos consecutivos». Federer selló el set con un 'ace' y se encaminó a una victoria que parecía de su lado. Toni Nadal agachaba la cabeza y no se lo creía, un quinto set definiría la final.

Con 2-2 volvió a lloviznar en Londres. En ese punto, lo más probable sería tener que volver el lunes, pero el parón solo duró media hora y Nadal y Federer pudieron volver a pista.

A medida que ambos aguantaba sus servicios, la oscuridad amenazaba al All England Club. Llegado el 7-7, se decidió que dos juegos más y se pararía. Eran las nueve pasadas en Inglaterra y costaba ver. Los flashes de los fotógrafos coloreaban una escena sumida en la penumbra. Entre las sombras, rompió Nadal, aguantó su siguiente saque y se sucedieron las imágenes. Nadal escalando al palco. Nadal llorando, Nadal levantando la copa.

La revancha o reválida será este viernes, no en una final, sino en el paso previo. Su cuarto enfrentamiento en Wimbledon (2-1 para Federer) y el número 40 en total (24-15 para Nadal).