Mundiales de Doha

El 'milqui' se queda en casa de un español

Cheruiyot, en el tartán, es felicitado por el marroquí Makhloufi tras ganar el 1.500. /EFE
Cheruiyot, en el tartán, es felicitado por el marroquí Makhloufi tras ganar el 1.500. / EFE

Cheruiyot gana sin discusión el oro que no pudo defender Manangoi, las dos estrellas kenianas del mediofondo que entrena el catalán Totti Corbalán

MIGUEL OLMEDAMadrid

Hace ya tiempo que se acabó la edad de oro del 1.500 en España, y sin embargo los últimos reyes del mediofondo mundial le deben mucho al atletismo nacional. A un entrenador que guía sus pasos en Nairobi para que el oro no salga nunca del vecindario: Totti Corbalán es la mano derecha de Bernard Ouma, el 'head coach' de Rongai Athletics, el grupo de Elijah Manangoi y Timothy Cheruiyot, los dos últimos campeones del mundo.

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Corbalán comenzó a trabajar con los chicos de Rongai la temporada pasada, aunque tuvo que hacer un parón en verano para regularizar su situación en Kenia. Este curso, desde febrero, nadie le mueve de Nairobi. Vive con su mujer a escasos metros de los Manangoi, de Ouma y de Cheruiyot, «el más trabajador del grupo». Si con la genética del Valle del Rift no perdonas ni una serie el camino hacia las medallas es más recto que para el resto del mundo.

Manangoi, que abandonó el 400 para ser campeón de 1.500 en Londres 2017, no pudo defender su oro en Doha por una lesión de tobillo. En todo caso, su compañero Cheruiyot partía con la vitola de favorito en este Mundial. No ha cedido una carrera desde mayo (precisamente ante Elijah) y ha demostrado ser capaz de ganar en cualquier situación, ya sea lenta y al esprint o rápida y guiada por liebres.

En Catar eligió la fórmula segura para amarrar el oro que se le había escapado dos años atrás (fue plata): correr más que nadie desde el disparo de salida. En una final con lo mejor de cada casa, tras una temporada con cinco meses de 'verano', solo él pudo marcar un ritmo para bajar de 3:30 (3:29.26). Ningún rival le siguió el juego y se jugaron el resto de medallas al sprint. El misterioso Makhloufi ganó la plata y el estratega Lewandowski, siempre infravalorado, el bronce con récord de Polonia.

Cheptegei ya está maduro

El legado de Mo Farah en el 10.000 está a salvo. El ugandés Joshua Cheptegei se llevó una carrera rapidísima (26:48.36) en la que también pudo ganar Yomif Kejelcha, el etíope más polivalente del momento, que se equivocó atacando demasiado pronto. Rhonex Kipruto demostró con 19 años que el futuro de Kenia en el fondo en pista también está asegurado, ganando el bronce más rápido de la historia.

Hace dos años, Cheptegei era objeto de burlas en Uganda. En el Mundial de cross celebrado en Kampala salió a ganar con un ritmo imposible para sus rivales, incluido el campeón Kamworor. Tenía 20 años... Y a falta de menos de un kilómetro una pájara le dejó seco. Pero aprendió la lección.

Solo unos meses después se colgó la plata en el 10.000 en el Mundial de Londres, únicamente por detrás de Farah, y desde entonces no ha dejado de crecer. En noviembre del año pasado batió el récord mundial de quince kilómetros en ruta y en marzo ganó, por fin, el Mundial de cross, también ante Kamworor. En Doha certificó su reinado del fondo con otra exhibición de madurez.

Mihambo salta al pasado

Malaika Mihambo ha pasado en un verano de ser una de las mejores saltadoras del planeta a ser una de las más grandes de la historia. En Alemania no habían tenido una especialista igual desde la legendaria Heike Drechsler. Mihambo ha mejorado su marca personal en 31 centímetros esta temporada, cerrando el curso con tres intentos por encima de siete metros para ganar el oro, el tercero de 7.30, que la coloca en el décimo puesto del ranking de todos los tempos. Solo la norteamericana Brittney Reese (7.31) está por delante de ella sin que se la haya relacionado alguna vez con el dopaje. La ucraniana Maryna Bekh.Romanchuk fue plata y la nigeriana Ese Brume, bronce.

Sorpresas en la jabalina y los 100 vallas

En el Mundial de las sorpresas el último día no podía fallar al respecto. Los 100 metros vallas contaban no ni dos, sino hasta tres grandes favoritas para ganar el oro: la jamaicana Danielle Williams, líder del año; la norteamericana Kendra Harrison, plusmarquista mundial; y la nigeriana Tobi Amusan, una joven que acaba fortísimo las carreras. No venció ninguna de las tres, sino Nia Ali, otra de las 'supermamás' que ha encumbrado Doha 2019.

La estadounidense ha sido madre de dos hijos y no ha dejado de ganar después de dar a luz a ninguno de ellos. Dos veces campeona mundial bajo techo, le faltaba una medalla al aire libre. Tuvo que esperar a cumplir los 30 para colgarse el oro con una marca, 12.34 segundos, que le coloca en el top10 histórico de las vallas altas. Harrison ganó la plata y Williams, el bronce.

Nadie se esperaba tampoco que la jabalina masculina fuese a parar a Granada, allá en el Caribe. Ni el alemán Vetter (bronce), que defendía título, ni el estonio Magnus Kirt (plata), que lidera el ranking del año, fueron capaces de superar los 86.89 metros de Anderson Peters, a quien incluso su segundo mejor lanzamiento le habría valido el oro.

Estados Unidos arrasa en los relevos

A la reserva mundial de cuatrocentistas que es Estados Unidos le sobran especialistas para ganar cualquier relevo. Tanto que incluso se pueden permitir dejar fuera de la final a leyendas como Allyson Felix (decimoctava medalla mundial ya) en el cuarteto femenino o a tres de sus cuatro mejores marcas del año en el masculino. Las vallistas Sydney McLaughlin y Dalilah Muhammad trasladaron al 4x400 su espectacular estado de forma a los lisos para colgarse el oro con el mejor tiempo en siete años (3:18.92), del mismo modo que Rai Benjamin cerró el relevo masculino en 2:56.69, la mejor marca de la última década. En las mujeres, Polonia ganó la plata con récord nacional (3:21.89) y Gran Bretaña el bronce. En los hombres, Jamaica fue plata con el segundo mejor crono de su historia (2:57.90) y Bélgica, al fin bronce, justo la vez en la que faltaba en el equipo Jonathan, el mejor de los tres hermanos Borlée.