Con el orgullo y el rostro destrozados

Laura Gómez, durante los Juegos. /
Laura Gómez, durante los Juegos.

Laura Gómez, víctima de un codazo, se despide con la nariz y el párpado hinchados y «abatida por terminarse el trabajo de tantos años»

AMADOR GÓMEZ

¿Te duele la nariz?, se le preguntó a Laura Gómez tras haber recibido en el combate de su debut olímpico un codazo que la dejó conmocionada y con la cara desfigurada. «No me duele la nariz. Me duele el orgullo», respondió la judoca valenciana mientras volvía a emocionarse y a estallar en lágrimas, detrozada física pero, sobre todo, anímicamente. Por ella, y por los suyos, al despedirse de sus primeros Juegos en octavos de final. «¿Tan mal tengo el ojo?», preguntaba Laura, con el párpado derecho hinchado y amoratado, al igual que la nariz, en la que comenzaba a sentir dolores según pasaban lo minutos.

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«No puedo abrir bien el ojo, pero sí que veo. Y lo de la nariz no importa. Son muchos años luchando por esto y ya se ha acabado. Me voy sin medalla y sin diploma y muy triste, porque esto se ha acabado», insistía Laura. «Se ha terminado el trabajo de tantos años. Estoy abatida, porque son muchos años, por mi familia, por mis compañeros, por Sugoi (su marido, eliminado antes que ella)... Estoy muy triste por mí, pero también por ellos. Era mi sueño», reconocía la judoca española sin poder contener el lloro.

Su primer combate, interrumpido para que la judoca del Valencia Terra i Mar fuese atendida por los médicos, debió disputarlo con un vendaje enorme en la cara tras ser golpeada al minuto por su rival. Pese al tremendo codazo continuó la pelea y derrotó a la judoca de Turkmenistán, a la que no había ganado nunca. Pasó por la zona mixta tambaleándose, con la mirada perdida, con el tabique nasal afectado... «No me puedo parar ahora. Voy con los médicos», dijo, mientras se dudaba de que en esas condiciones pudiese salir a afrontar el segundo duelo ante, nada menos que la número uno del mundo de su categoía (menos de 52 kilos), la rumana Andreaa Chitu.

Laura (32 años), que se quedó fuera de los Juegos de Londres 2012 en el último momento y desde entonces sólo ansiaba sacarse esa espina en Río, salió a competir contra Chitu, y acabó fuera de su primera y última cita olímpica muy dañada a causa del codazo que anteriormente le había propinado Gulbadam Babamuratova. Desencajada, se movía con dificultades y le costaba articular palabra. «Estoy mareada. Me duele la cabeza. Os atiendo en cinco minutos», dijo a los periodistas. No tardó mucho más. Cuando volvió a comparecer reconoció lo evidente -«Estoy reventada»-, y no puso excusas a la derrota por su maltrecho estado físico. «En el judo siempre te llevas golpes y este ha sido sin querer. Me ha pedido perdón. Me puede el temperamento. Hago un judo de corazón, y no con cabeza», se lamentaba. «Me sabe muy mal por mí y por ellos...», repetía, acordándose de nuevo de su familia, de Sugoi Uriarte, de sus compañeros (Julia Figueroa, entre ellos)... «De la gente que ha ayudado. Sugoi ha perdido y va a estar insoportable. Hoy el ambiente en la habitación del judo va a estar fastidiado», comentaba en tono de broma después de tanto llorar.

Sugoi Uriarte, roto

«Voy a ver a Laura. No sé lo que tiene», afirmaba con preocupación Sugoi Uriarte después de haber caído él a las primeras de cambio ante el azerbaiyano Nijat Shikhalizad y no poder ver la victoria inútil de su esposa en el estreno olímpico, ya que a él no le quedaba entonces demasiado tiempo para saltar al tatami. El judoca vitoriano llegó lesionado a Río, con un ligamento de tobillo roto, «pero no quiso decir nada para que no lo supiesen los rivales», según confirmó Laura Gómez. «El ligamento se me rompió hace dos semanas y no había entrenado desde entonces. En la primera entrada que he hecho me ha dolido un poco, pero nosotros somos gladiadores y hay que entrar ahí con lo que sea para intentar ganar», apuntó Sugoi.

Pesea a todo, Sugoi Uriarte, que se quedó a las puertas de la medalla en Londres, aseguró que para él había sido «mucho mejor esto que lo de los anteriores Juegos». «Hoy el azerbaiyano ha sido mejor que yo, lo justo para marcar la diferencia. Aunque haya estado nivelado el combate, ha sido mejor que yo y me ha ganado. En Londres yo creo que no me ganaron, pero al final esto es el deporte», zanjó uno de los miembros de un matrimonio roto en Río, física, pero también mentalmente, sobre todo, en el caso de Laura Gómez.