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«Las mujeres, por lo general, tenemos más desarrollado el olfato desde pequeñas»

Mónica Rosón, durante el examen del Curso Superior de Sumilleres de la Escuela Internacional de Cocina de Valladolid. /HENAR SASTRE
Mónica Rosón, durante el examen del Curso Superior de Sumilleres de la Escuela Internacional de Cocina de Valladolid. / HENAR SASTRE

Nieves Caballero
NIEVES CABALLEROValladolid

Seguro que si el gran enólogo Pascual Herrera siguiera entre nosotros estaría de acuerdo en reconocer la destreza y los conocimientos que demostró Mónica Rosón (Sevilla, 1977) a la hora de enfrentarse a las pruebas finales para convertirse en sumiller, hace unos días, en Valladolid. La sevillana afincada en Miranda de Ebro fue elegida como la mejor alumna en la decimotercera edición del Curso Internacional de Sumiller Profesional de la Escuela Internacional de Cocina Fernando Pérez y recibió el Premio Pascual Herrera al Mejor Sumiller en su segunda edición. Su marido, Pablo Alfaro, es entrenador de fútbol (antes fue jugador del Sevilla, entre otros) y, al verse obligada la familia a moverse con él allá donde sea contratado (ahora su destino es Ibiza), Mónica Rosón aprovecha para sacar partido a favor de su profesión y para aumentar su formación relacionada con el sector del vino. Además, la que fue modelo y Miss Sevilla 1996 representará a Sevilla en el Campeonato de España de Sumilleres Tierra de Sabor, que se celebrará el 10 de abril en el 33 Salón Gourmets.

-¿Qué hace una sevillana como usted estudiando sumillería en Valladolid?

-Vivo en Miranda de Ebro porque mi marido vino al Mirandés como entrenador de fútbol (se trata de Pablo Alfaro) y nos trasladamos con él toda la familia. Soy una gran aficionada al vino; ya era técnico de Montilla-Moriles. Al venir aquí, me decidí a matricularme en el Curso Internacional de Sumiller de Valladolid. Durante seis meses, he venido lunes y martes a Valladolid.

-¿Eso habrá supuesto un gran esfuerzo?

-Pues sí, un esfuerzo importante porque tenemos dos niños pequeños y tienes que gestionar la casa y también he tenido que incorporarme otra vez a los estudios porque, cuando llevas unos años desde que has acabado se estudiar, cuesta bastante. Pero estoy muy satisfecha.

-¿Antes de hacer el curso de Sumiller ya trabajaba en el sector de la la hostelería?

-Llevo todo el tema del vino en dos restaurante del Grupo Bocca en Miranda de Ebro, uno está en el hotel de Gonzalo Antón, se llama Carbón, y el otro Bocca Food & Music. Gestiono la bodega, ahora acabo de cambiar la carta de vinos y organizo catas.

«El ambiente en los eventos de vino es mayoritariamente masculino y cuesta un poco, sobre todo que te tomen en serio» mónica rosón

-Cada vez hay más mujeres en el mundo del vino y también en la sumillería, ¿cree que ha evolucionado de una forma natural o ha costado mucho como en otros sectores de la sociedad?

-Creo que ha sido general, lo que ha ocurrido en todos los campos, al final esto ha sido un proceso de la incorporación de las mujeres al trabajo fuera de casa, que se lleva produciendo en la última décadas, y ha habido profesiones en las que ha costado más. Y de hecho todavía sigue siendo un mundo de hombres, aunque cada vez somos más las mujeres. Por ejemplo, estuve en noviembre en el Ruinart Challenge (es un programa formativo en el marco del cual tiene lugar un concurso para profesionales de toda España, que cuenta con el apoyo de la Unión de Asociaciones Españolas de Sumilleres en España) y sí que había igualdad, éramos casi, casi, el mismo número de hombres que de mujeres. Pero el ambiente, cuando vas a ferias de vino, es mayoritariamente masculino y cuesta un poco, cuesta un poco, sobre todo que te tomen en serio. Por ejemplo, una vez que estuve en Vinoble en Jerez (única feria internacional de vinos del mundo centrada exclusivamente en vinos fortificados), parece que le hacen más caso y le toman más en serio a un señor de cierta edad que si llega una mujer como yo. Tienes que ir explicado lo que eres.

En la imagen de arriba, Mónica Rosón decanta un vino durante el examen. Abajo, cata durante el en el Ruinart Challenge, en noviembre de 2018, en San Sebastián Gastronómika. / HENAR SASTRE Y RAMÓN GÓMEZ

-¿También ha pasado en el sector de las bodegas, que era muy tradicional, y eso está cambiando?

-Totalmente. Hay una cuestión innata al mundo femenino, luego hay de todo, y sin entrar en aspectos de feminismo o machismo, ni de nada. Pero es verdad que la mujer en general tiene un olfato... porque es una cuestión natural, por lo general, tiene un olfato más fino, tenemos una serie de percepciones diferentes. Luego hay de todo, hay mujeres que tienen un olfato nulo y hay hombres que tienen un olfato excepcional. Pero, por lo general, creo que nosotras tenemos más desarrollado el olfato, desde pequeñas tenemos más desarrollado ese sentido. Como el olfato es una parte fundamental de nuestro trabajo puede que ahí tengamos un poco de ventaja.

«El olfato se entrena, se entrena la memoria olfativa, todo se entrena» Mónica rosón

-¿La mujer suele fijarse mucho más en los olores, por ejemplo, cuando entra en una cocina, de forma instintiva?

-Yo creo que sí, por ejemplo, nos llama la atención el olor a ropa limpia, somos más delicadas para los olores, a lo mejor podemos tener esa facilidad. Luego el olfato se entrena, se entrena la memoria olfativa, todo se entrena.

-¿Cuesta entrenar el olfato?

-Cuesta entrenar el olfato y, sobre todo, lo que a mi me resulta más complicado es... Tú puedes aprender a percibir todos esos olores que están más ocultos, pero la historia está en saber asociarlos. Que tú digas hoy: esto me huele a madreselva y que otro día, cuando vuelvas a percibir ese aroma, recuerdes que ese aroma pertenece a madreselva. Que seas capaz de recordar esos aromas, eso es lo más complicado.

-Es lo más complicado pero también lo que da mayores satisfacciones a los sumilleres como usted, ¿no?

-Es una parte muy importante pero también hay otra que te obliga a memorizar muchísimas cosas. Salvando las distancias, que tengo muchísimo respecto a los profesionales de la medicina (su marido es médico especializado en Medicina Deportiva), pero un médico tiene que estudiar mucho y saber que cuando le llega un paciente y le dice que le duele el pecho y a la vez un lado de la cabeza y tiene vertido, pues entonces dice, pues usted tiene tal. Con el vino, pasa algo parecido, sabes que tiene este tono, tiene estos aromas y puede ser esta uva, pero al rato me da otros aromas y, entonces, ya no puede ser esa variedad, y puede ser la otra, pero ¿de dónde? ¿de Alicante o de Alemania? Ahí está la cuestión, por eso tienes que memorizar tanto, porque hay muchos factores que te pueden conducir a un lugar o a otro.

«Quiero encaminar mi carrera profesional a la docencia» Mónica rosón

-¿El examen del Curso de Sumilleres fue muy difícil?

-Lo primero que tienes que hacer es vencer los nervios, además yo me pongo extremadamente nerviosa y me tiembla tanto el pulso que tengo que sujetar la copa con las dos manos. Creo que es lo peor. No es que fuera difícil, pero evidentemente no sirve que tengas un día de suerte y lo puedas salvar. Tiene un estudio previo y mucha cata previa, tienes que ir muy preparado. Hay una parte del examen que me encanta, que es la del maridaje porque me encanta hablar, como te habrás podido dar cuenta. Quiero encaminar mi profesión a la dolencia, a dirigir catas y dar clases, y no me cuesta nada hablar en público, me relajo.

-¿Se va a poder dedicar a la docencia en Miranda de Ebro?

-No, porque en junio sé que nos marchamos de aquí, en junio se termina nuestra etapa aquí y no sé si volvemos a Sevilla o dónde vamos, el mundo del fútbol es así. (Lo cierto es que su marido acaba de ser contratado como entrenador por el UD Ibiza, pero cuando se hizo la entrevista aún no lo sabían). Ya soy formadora de Montilla-Moriles. En mayo me marcho a Tenerife al curso de formador de vinos canarios; en septiembre, si todo va bien, me iré al curso de formador de cavas. Mi intención es tener todos los cursos de formador de todas las denominaciones de origen que cuenta con él, aquí en España y fuera de España. Es lo que me gusta. Tenemos previsto tres compañeras de clase del curso montar algo interesante relacionado con la asesoría y la formación, entre ellas Patricia Comende, que es la sumiller del restaurante Alquimia de Valladolid.

-¿Desde cuándo está en Miranda de Ebro?

-Desde septiembre de 2017.

«En Valladolid cuesta encontrar una oferta de vinos por copas amplia» mónica rosón

-¿Le ha dado tiempo a conocer los vinos de Castilla y león?

-Mi marido dejó de ser entrenador del Mirandés en verano y nos hemos quedado un año más aquí, en gran parte, por los vinos, para conocer más a fondo toda la zona. Estoy conociendo muchas bodegas de Ribera y Rueda. Hay grandes vinos en todas partes y se trabaja muy bien porque hay una tradición vinícola increíble. Con la cultura del vino pasa una cosa. Vas a Rioja y en todos los sitios te venden riojas por copas, hay 'riojites' pero por lo menos hacen patria; pero en Valladolid cuesta encontrar una oferta de vinos por copas amplia, con la cantidad de vinos que hay en la zona con 13 denominaciones de origen y la IGP Vino de Castilla y León. Por ejemmplo, esos vinos de la variedad rufete de la DOP Sierra de Salamanca. En Andalucía nos pasa lo mismo.

«En España tenemos un problema con el vino, no somos patriotas con nuestros propios productos» mónica rosón

-¿Cómo cree que se puede atraer a los jóvenes al mundo del vino?

-Hay bodegas que lo están consiguiendo con diseños más frescos, con vinos más frutados y con espumosos. Tengo 41 años y, si pienso en cuando tenía 20, no se me ocurría tomarme dos copas seguidas de un tinto potente, porque los paladares se van acostumbrando y hay edades en las que te apetece más una cosa que otra. Pero también es importante organizar eventos para acercar el vino al público joven. El vino parece que está asociado a algo caro, serio y formal; pero hay bodegas que tienen vinos con precios más asequibles y que organizan eventos enfocados al público joven. En España tenemos un problema con el vino, igual que con el aceite de oliva, y es que no somos patriotas para nuestros propios productos. Tenemos de lo mejor del mundo y no tenemos cultura; en Italia y en Francia hay mucha más cultura del vino y la gente joven es más consciente de los productos que tienen. Parece que no se lo inculcamos a las generaciones siguientes, no se inculca en casa y, al final, eso se refleja en lo que se pide en la calle.