El XIV Olmedo Clásico recupera un clásico de Ana Caro en su inauguración

Puesta en escena de la obra 'Valor, agravio y mujer'-/Efe
Puesta en escena de la obra 'Valor, agravio y mujer'- / Efe

La autora de 'Valor, agravio y mujer', actualmente en el olvido, gozó de gran reconocimiento como escritora durante el Siglo de Oro

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

La Fundación Siglo de Oro inaugura hoy viernes, 12 de julio de 2019, la decimocuarta edición del Festival de Teatro Olmedo Clásico. La obra, una adaptación del texto 'Valor, agravio y mujer' de Ana Caro (desarrollada bajo la dirección de Verónica Clausich), supuso el arranque de una colección de representaciones, dieciséis, que prometen llenar a la villa de Olmedo, tan relacionada con el Fénix de los Ingenios por las más evidentes razones, del mejor arte sobre las tablas a partir de diferentes textos más o menos vinculados con el flujo de producciones y productores de una de las eras literarias más fructíferas de nuestra historia cultural.

«Olmedo como Festival de Teatro del Siglo de Oro es, sin duda, tanto por su bagaje como por su contenido y su historia, uno de los referentes a nivel internacional y nacional en la defensa de nuestro patrimonio teatral», valoró Rodrigo Arribas, director de la Fundación. Para una asociación cuyo principal interés pasa por la difusión de esta época dramatúrgica, «abrir un festival internacional como este, ser la obertura de su sinfonía para este año; es un privilegio, una oportunidad y un reto al que esperamos corresponder con la propuesta escénica», indicó el autor y gestor teatral.

'Valor, agravio y mujer' rezuma varios de los tics y lugares comunes más propios de las comedias de capa y espada, enredos, 'travestismos' y demás equívocos característicos en las producciones escritas del género y de la época, pero la Fundación se ha topado, admiten, con numerosas cualidades que la distinguen, para bien, de entre otros títulos coetáneos más intercambiables: «Se sirve de herramientas, usa recursos afines y forma parte de una corriente, pero para nosotros cuenta con pequeñas sutilezas en la interpretación que diferencia el posicionamiento de la mujer como antagonista claro en el devenir del texto», señaló Arribas, «además de jugar a poner en evidencia a aquellos prototipos y roles masculinos que, de alguna manera, bajo su pluma transforman sus comportamientos en pantomimas».

Este último caso emerge con cristalina fiereza en el personaje de Don Juan: «Ana Caro define el prototipo apretando las clavijas y convirtiéndolo en un estereotipo, interpone un filtro entre el personaje y el público que acentúa su carácter paródico». A propósito de la persona y personalidad de la propia Ana Caro, Arribas se ha encontrado con que fue una autora que «gozó de un grandísimo reconocimiento como cronista de la corte y escritora de la época, hasta el punto de llegar a aparecer en los compilatorios de los mejores autores de la temporada», si bien se «escapan» las razones por las que su posterior oscurecimiento la hayan hecho caer en el olvido, aunque «se sabe a ciencia cierta que, a lo largo del siglo XVIII y desde el mayor posicionamiento y voluntad de intervención, la Iglesia cercenó buena parte de los avances alcanzados por la mujer en siglos anteriores».

Sea como fuere, y pese a que resulta incuestionable que, por unos motivos o por otros, muchos de los textos de estas autoras fueron desapareciendo del canon que se configuraba ulteriormente, su valor intrínseco y su calidad visible no se desvanecían en absoluto: «Seguían siendo interesantes, hay textos con gran potencial y autoras de gran capacidad que han sabido conectar esos textos con las inquietudes del público del siglo XXI». En ese sentido, no se observan aparentes diferencias, sentencia, entre el espectador medio de entonces comparado con el de hoy, ni entre el aficionado al teatro de Londres con el amante de las obras de Lope y Calderón: «Estas obras generan encuentro con un patrimonio inmaterial, un diálogo entre seres humanos cuyas mayores esencias naturales y cuyas mayores virtudes y más profundas miserias son transversales a lo largo de nuestra historia: mismos miedos, carácter finito, voluntad de trascendencia...».

Reflejarnos en el espejo

Lejos de buscar textos de naturaleza dogmática, el trabajo de la Fundación de Arribas pone de manifiesto creo que «la capacidad neutra de plantear la situación, de poner en el espejo un escenario donde nos vemos reflejados y a través de ahí sacar la conciencia de esa naturaleza humana y fomentar su deseo de evolucionar». Son esa capacidad de desestructurar lo aparentemente inamovible y el don de hacernos preguntas y cuestionarnos las dos grandes virtudes que encuentra la Fundación Siglo de Oro con los rescates de cada texto.

Arribas se topa con dificultades cuando trata de trazar una línea evolutiva en los diez años que ostenta su fundación: «Ha sido un entorno cultural muy complicado pero nos ha dado la oportunidad de acercarnos mucho a hacer algo que nos gusta y nos permite crecer como artistas y personas», ponderó: «Pese a momentos buenos y momentos malos, seguimos con voluntad de continuar creciendo y abrirnos a muchas maneras de entender la representación del Siglo de Oro, adaptándonos también a las nuevas naturalezas humanas». En este sentido, concluye, el principal escollo a batir se encuentra «en uno mismo».