Félix Gómez: «Dar vida a sentimientos que no conoces es la parte más difícil»

Félix Gómez participa junto a Carmen Maura en la obra 'La golondrina'. /El norte
Félix Gómez participa junto a Carmen Maura en la obra 'La golondrina'. / El norte

El actor andaluz se une a Carmen Maura en 'La golondrina', drama sobre el dolor y el terrorismo que recala en el Teatro Calderón de Valladolid

ADOLFO P. VEGAValladolid

Sevillano de raíz carmonesa, Félix Gómez, conocido por sus papeles en series televisivas como 'Al salir de clase' o '14 de abril. La República', estará en el Teatro Calderón junto a Carmen Maura con la obra 'La golondrina', drama de Guillem Clua que se representará hoy, mañana (20:30) y el domingo (19:30).

–Me da algo de respeto hablar con alguien que ha interpretado a Alejandro Magno...

–¿Sabes que es mi héroe desde que era chaval? Cuando me lo propusieron, me volví loco, no me lo podía creer y más en el entorno en el que estábamos –el Festival de Teatro Clásico de Mérida–. Fue una experiencia maravillosa.

-Para más inri, su representante, la primera vez que le vio, le dijo que se parecía usted al líder macedonio.

-¡Y por eso sigo con ella (risas)! Por eso empezamos: yo no sabía quien era ella, me la encontré subiendo a las oficinas, con ese pelo en bucles de la época, y ya me quedé pilladísimo con esa frase. Justo le dije que iba a ver a una representante, me preguntó que a quién y, cuándo le dije que buscaba a Gloria, me dijo «anda, si soy yo». La vida, que te da esas sorpresas.

–Además de 'Alejandro Magno', también participaste en una versión de 'Hamlet'. Pero la obra que traes a Valladolid, 'La golondrina', no tiene nada de clásica.

–No, es absolutamente contemporánea. Es maravillosa, porque hay instantes que nos podrían pasar a todos en cualquier momento. De hecho, el punto de partida de inspiración para el escritor fue el atentado que hubo en Florida en una discoteca gay, a él le removió mucho aquel hecho y parió esa historia. Además, cuenta que la primera versión del texto la escribió en 15 días o así, con lo cual fue algo que le afectó. Realmente le removió por dentro.

«La obra es maravillosa porque tiene instantes que nos podrían pasar a todos en cualquier momento»

–La obra habla mucho del dolor y, también, del terrorismo.

–Sí, pero voy a intentar no desvelar mucho de la trama. Te voy a decir porqué: cuando a mí me llaman para este proyecto, me mandan un texto para que me lo lea, sin tener más información. Normalmente, siempre que me envían un papel, ya tengo una idea y sé si me va a gustar, pero aquí simplemente me dijeron «léetelo, creemos que es para ti». Y efectivamente. Empecé y lo acabé de una tacada. Me pareció tan bello ir descubriendo poco a poco la historia, que me parece una faena robarle esa oportunidad al espectador.

–'Spoilers' a un lado, pues.

–Pero sí me gustaría remarcar una cosa bonita: el dolor. Son dos personajes con unas heridas totalmente abiertas. Ambos han perdido a dos seres queridos y permanecen todavía en ese período de duelo, de no soportar, de que la yaga sigue supurando pus.

–¿Le ha sido difícil interpretar un papel tan desgarrador?

–Tengo la suerte de no haber vivido lo que le ocurre al personaje ¿Cómo das vida a algo que no conoces? Tengo la fortuna que no se ha muerto ninguno de mis padres (eso lo dice en las primeras frases, no destripo nada). Mi personaje va a una clase de canto, ahí coincide con el de Carmen Maura, para preparar una nana para el funeral de su madre. Yo no he conocido eso. Dar vida a sentimientos que no he desarrollado es la parte más difícil de ser actor, cuesta comprender ese sufrimiento.

Una 'chica Almodóvar' de compañera

–¿Cómo ha sido trabajar con una 'chica Almodóvar'?

–¡Pues muy divertido, Carmen es muy risueña! Es un sueño hecho realidad y uno de esos que no esperas ni de broma. Ella llevaba muchísimos años sin estar sobre las tablas y yo ni sabía que lo había hecho. Entonces nunca pensé que me tocaría participar con ella en una función. De hecho, cuando me pasaron el texto, no me dijeron que era ella. Ya luego me avisaron que mi compañera era Carmen Maura y fue... «¡No me lo puedo creer!». Es maravillosa, una de esas actrices que tiene una verdad absoluta, una capacidad de juego innata que combina con su gran talento. Siempre digo que es como una niña de 15 años, mantiene esa inocencia, tanto en el escenario como ensayando, y es muy difícil encontrar compañeros así.

-Estar con Carmen Maura, actriz muy premiada, en el escenario, ¿le ha recordado la falta de reconocimiento de su trabajo?

-No, para nada. Si estuviera al principio de mi carrera, con 22 o 23 años, que somos más niñatos, pues quizás sí. Pero una cosa que te da la edad es que te tranquilizas mucho con ese tipo de cosas. Cada uno tiene su camino, ella tiene su vida, yo la mía, y en ese aspecto a mí no me afecta. Gracias a Dios he aprendido algo muy bonito, a no compararme. Y es algo que sirve para toda la vida y en todos los ámbitos. Entrar en esa vorágine de comparaciones es un horror. Cuándo veo a actores jóvenes, uno de mis consejos es: «Tu vive tu camino y ellos, el suyo». Además, en esta profesión, lo que a uno le sirve o le funciona, al otro no. Nuestra profesión es lo inverso a la de un deportista: cuánto más creces y más aprendes de la vida, más peso coges. Y lo de los premios ya ni te cuento... no comparo mi palmarés, además, ¡sería imposible hacerlo con el de Carmen, por Dios (risas)!

-Al Goya no le haría ascos...

-¡Ni al Goya ni a ninguno! Me encantaría, claro que sí, pero muchas veces es más gratificante para las personas que quieres que para uno mismo. Es más bonito para mis padres, mis hermanos o mi pareja que para cualquier otra cosa. Es una medalla para ellos, porque para mí el premio ya ha sido hacer el trabajo.

«Me da igual teatro que televisión, prefiero una buena historia, siempre»

-Aunque a la ciudad viene por teatro, se le conoce más por la televisión, ¿con que formato se queda?

-Me da igual. Una buena historia, siempre. O un personaje que te atrape, te conmueva, te remueva las entrañas y te lo ponga difícil para actuar, que sea difícil, un buen reto. Cada formato tiene sus cosas bonitas. En el teatro, la conexión con el público es algo maravilloso, una historia de hora y media de principio a fin con la misma gente viéndote, es impresionante. Pero la tele, tiene ese plus de poder repetir, de hacer otra toma con algo que se te ha ocurrido, y eso es algo muy chulo. Con las series es algo curioso. '14 de abril. La República', por ejemplo, estuve dos temporadas trabajando allí, dos años en los que acabas conociendo al personaje mejor que el que lo ha escrito. Exploras tanto que, si te toca un buen personaje en tele, alucinas.

–'14 de abril. La República', funcionó; pero 'Ella es tu padre', no tuvo acogida, ¿irá mejor con la producción de Netflix 'Alta mar'?

–Esperemos que sí. Como nunca nos dan los datos, lo sabremos por los seguidores de Instagram: si suben, la cosa va bien, y si no lo hacen, es que no tanto (risas). Hablando en serio, tiene buena pinta. No podemos contar mucho, pero una de las cosas que más me ha gustado es que Carlos Sedes, el director, me ha propuesto un personaje tan diferente a lo que suelo hacer, que ha sido un reto sacarlo adelante.

-¿Un papel pendiente?

-Brick de 'La gata sobre el tejado de zinc', de Tennessee Williams.

-¿Y un actor o actriz referente?

-Hay muchos a los que admiro. Pero tengo como tótem a Daniel Day-Lewis, Javier Bardem me gusta mucho también... y Robert Redford y Paul Newman. Sobre todo este último por el tipo de vida que lleva, esa capacidad de aunar trabajo y familia (por lo menos de cara a la galería, no sabemos si sería así en realidad). Eso que se cuenta de él, la relación estable con Joanne Woodward y a la vez no abandonar la profesión, es algo que lo hace ser un referente para mí, porque la familia también es algo muy importante en mi vida. Porque muchas veces nos meten en la cabeza que si estas muy pendiente de tu profesión, no puedes estarlo de la familia (o al contrario), y yo quiero las dos cosas. Esa referencia de Paul Newman está por ahí cerca para recordarme que es posible.