Marisa Paredes y Arturo Ripstein, dos genios con Espiga

La actriz Marisa Paredes recoge la Espiga de Honor. / Gabriel Villamil

Más ayudas para el cine de autor o mayor presencia de las mujeres en las películas fueron algunas de las reivindicaciones de una gala aderezada por el humor de José Corbacho

Liliana Martínez Colodrón
LILIANA MARTÍNEZ COLODRÓN

Solo una mente como la de José Corbacho puede idear una entrada a una gala de cine de autor con música de Antonio Molina y estribillo «Soy semincero». El presentador garantizó hace unos días las risas y no faltó a su promesa. En los primeros minutos de la gala intentó diferenciar cine de autor del comercial. «Si a un título le añades Yemen, es de autor; si termina en Las Vegas, es comercial», propuso. Incluso, rechazo que este tipo de cinematografía sea arriesgada: «Arriesgar es realizar una peli en Argentina, con actores argentinos, y que sea muda».

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Pero tras la visión irónica de Corbacho llegó el punto realista del director del Festival, Javier Angulo, a través de una carta que leyó la madrina de la Seminci, la actriz sevillana Paz Vega. A través de su voz, Angulo reclamó más ayudas para el cine de autor: «Necesitamos que nos apoyen en la tarea de mantener vivo ese escaparate de un cine que es una forma de ver y entender al ser humano y la vida». Más cine de autor en grandes salas y menos ‘home cinema’ vino a decir; «hay que luchar porque el cine independiente siga viéndose en salas de cine, con potente imagen de alta definición y sonido envolvente tal y como fue concebido en las mentes de guionista y director. Cine en estado puro como el que podrán ver en esta 62 Seminci».

Cine en estado puro o con mayúsculas, como el que realizan el director mexicano Arturo Ripstein y la actriz Marisa Paredes, que recogieron sus Espigas de Honor con la emoción de la humildad, pero el orgullo del que sabe que le respalda un trabajo bien hecho. «Gracias a Arturo por verme en papeles que no me había visto nadie», apuntó Marisa Paredes; que poco después recibió la réplica del mexicano: «Trabajar con ella es dificilísimo; cuando tienes ante ti a una actriz así, tienes que estar a la altura. Verla trabajar es ver la elegancia en movimiento».

Conchita, la novia vallisoletana de Bill Nighy

No nos gustaría entrar en este apartado en quién fue ayer la más bella de la noche o el más elegante, pero está claro que el premio al más 'cool' se lo llevó el actor Bill Nighy, del reparto de 'La librería', que derrochó simpatía en la alfombra 'verde' e ironía sobre el escenario: «Isabel Coixet no me pagó por esta película; me regaló tres botellas de aceite de oliva y una camiseta del Barcelona». Incluso, relató que en Valladolid conoció «hace muchos años» al que definió como su primer amor. Se atrevió a desvelar que se llamaba Conchita Rodríguez y pregunto si, por curiosidad. alguien de los presentes en el abarrotado Teatro Calderón, la conocían. Nadie contestó. Una pena.

La actriz madrileña, que el próximo año añadirá el Goya de Honor a su envidiable palmarés, no dudó en reconocer que «en este oficio tan injusto», la suerte juega un papel crucial; «si no hubiera tenido esos buenos directores, no estaría aquí ahora». A sus 71 años reconoció que, cuando solo había gastado 17, recibió en Valladolid un galardón como Mejor Actriz Revelación, «pero no vine a recogerlo porque entonces creía que no lo merecía. Pero ahora sí, porque he trabajado mucho».

En la imagen superior, el jurado de la Sección Oficial. La actriz Paz Vega, madrina de la Seminci, y el grupo Pía Tedesco Cabaret. / Gabriel Villamil

Su propia hija, la actriz María Isasi, protagonizó el momento más emotivo de la noche (en una gala sobre cine de autor no podía faltar emociones a flor de piel), cuando recordó el fallecimiento, hace tres semanas, de su padre (el director Antonio Isasi-Isasmendi) y describió a su madre como «la mujer que me ha regalado la sonrisa del alma y el oficio más bello». No faltó la enhorabuena del director Pedro Almodóvar, que (a través de un vídeo) alabó el galardón de una de sus musas.

A Ripstein tampoco le faltó emoción al recoger su espiga: «Estoy conmovido», expresó el artífice de ‘Profundo carmesí’ y ‘El coronel no tiene quien le escriba’. Y agradeció a festivales, como la Seminci, «que hacen que los creadores cinematográficos invisibles, entre los que me incluyo, sean visibles por un rato».

Más presencia femenina

Aunque no solo se reivindicó el cine de autor; durante la gala se reclamó más presencia femenina en el cine, para que la falta de igualdad, apuntó la presentadora Marta Nieto, no abone casos como las acusaciones por presunto acoso sexual del productor estadounidense Harvey Weinstein. Incluso, la directora Isabel Coixet, cuya película ‘La librería’ cerró el evento, se sumó a las reivindicaciones con humor para demandar «galas más cortas» o que los filmes «se proyecten antes».

Corbacho cerró la gala como la inició: cantando. Aunque, en este caso, cambió los sones de Molina por los de Raphael: «Gracias por hacer el mejor cine del mundo y de que el mundo sea mejor con vuestro cine», entonó y recordó, antes de gritar un último y sonoro ¡Viva el cine! que esta industria no es cuestión de dinero, sino de talento.

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