Pintia desentierra su tesoro funerario

Excavación en la necrópolis de Las Ruedas, en el yacimiento de Pintia. HENAR SASTRE

40 años de excavaciones

JESÚS BOMBÍNValladolid

Cada verano Pintia descubre algo nuevo sobre quienes desde el siglo IV antes de Cristo hasta el VII de nuestra era habitaron la ciudad vaccea, después ocupada por romanos y visigodos. En esta zona arqueológica de 125 hectáreas enclavada en Padilla de Duero, entre la Nacional 122 y el río Duero, el equipo de arqueólogos, estudiantes y voluntarios aprovecha la amanecida con las horas más frescas del día para desenterrar el pasado. «Aquí he visto casi todo lo que tenía que ver, pero siempre hay algo que me sorprende y ayuda a componer el puzle de lo que hubo». Esa idea guía a Carlos Sanz Mínguez, director del Centro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg de la Universidad de Valladolid, impulsor de las excavaciones que en 2019 cumplirán 40 ediciones desvelando aspectos del mundo vacceo, una de las etnias prerromanas que habitó el territorio central de la cuenca del Duero.

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Si la campaña del año pasado fue modesta en hallazgos, lo que ha transcurrido de esta ha deparado grandes alegrías al equipo de arqueólogos, centrado ahora en excavar en dos sectores sobre una superficie de 32 metros cuadrados de la necrópolis de Las Ruedas. Este cementerio abarca un terreno de seis hectáreas donde se calcula que bajo los miles de estelas funerarias (bloques de piedra) enterradas hay unas cien mil tumbas, excavadas en las distintas etapas de mayor ocupación histórica, entre los siglos IV antes de Cristo y II del cambio de era.

En la zona intervenida este verano se han hallado dos sepulturas que han llamado la atención por la abundancia y riqueza del material. Trece cerámicas se han localizado en la tumba 310, y de la 308 han sacado 43 objetos del ajuar funerario y armamento de un guerrero: copas, platos, cuencos, cráteras, vasijas, una urna cineraria con huesos, broches de cinturón, un báculo, una parrilla y recipientes rituales, entre otros elementos asociados al difunto en esta sepultura del siglo II antes de Cristo.

El equipo se muestra esperanzado con una intervención que ha requerido un camión con grúa para mover una estela de media tonelada que podría albergar material arqueológico. «Bajo una estela puede haber una tumba o un grupo de ellas; las dimensiones de esta son el triple de las que hemos extraído, por eso tenemos grandes expectativas», cuenta Sanz Mínguez, al frente de un equipo de investigación integrado por 16 personas.

Entre brochas, picos, niveles, dibujos de planimetría, cubos y cribas se extraen los hallazgos, se fotografían y se trasladan al laboratorio del Centro de Estudios Vacceos, en la pedanía peñafielense de Padilla de Duero. Sobre una mesa se identifican, recomponen y pegan los trozos de las piezas y se inventaría todo el material. «Intentamos completar el puzle, algo que a veces no es posible hasta que no se recuperen otras partes de la pieza que aún permanecen en el relleno de tierra de las tumbas», explica Sanz Mínguez.

Documentar cada descubrimiento y contextualizarlo es otra de las labores que requiere tiempo, medios y dedicación, lo que ralentiza el ritmo de las excavaciones emprendidas cada año con ayuda (intermitente) de empresas e instituciones. «Lo más importante de las tumbas –añade el arqueólogo– es la conexión, saber qué se dispuso primero y poder recrear pautas de emociones y reiteraciones del mundo vacceo».

Desde que comenzaron las excavaciones en 1978 unas 15.000 piezas se han extraído de Pintia, la mayoría de la necrópolis de Las Ruedas, aunque en la ciudad y en el barrio alfarero de Carralaceña también se han encontrado objetos con valor museográfico y de investigación. Un tercio de esas piezas están documentadas con toda la información.

Una parte de los tesoros pintianos se conservan en un almacén del Centro de Estudios Vacceos y otros se trasladan al Museo de Valladolid, donde se exponen y almacenan. Allí ha ido a parar recientemente material extraído en 2007 procedente de 16 tumbas, cientos de objetos clasificados en 23 cajas.

Hacer cantera didáctica es otra de las apuestas del yacimiento, donde se ha renovado una zona que se va a cubrir con toldos para impartir el programa Docceo que inicia a escolares en la excavación arqueológica. Y otra infraestructura clave es el cerramiento acristalado del laboratorio, lo que ha mejorado las condiciones de trabajo de los investigadores. «Antes, si hacía viento, era difícil manejarse en este recinto y ahora la obra realizada por la UVA nos ha cambiado la vida», apunta el arqueólogo, que ya piensa en qué zona excavar en 2019, un paso más en el afán de rescatar el mundo vacceo latente bajo la tierra en el discurrir de los siglos.

Carlos Sanz Mïnguez, junto a otros miembros del equipo de excavación, trabaja sobre piezas halladas en la necrópolis de Las Ruedas. HENAR SASTRE

 

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