Íñigo Pirfano: «Como músico, tengo el poder de transformar corazones»

Íñigo Pirfano, durante una pausa en el jardín del Palacio de Santa Cruz. /HENAR SASTRE
Íñigo Pirfano, durante una pausa en el jardín del Palacio de Santa Cruz. / HENAR SASTRE

El director de orquesta presentó su proyecto 'Un beso para el mundo' en el jardín del Palacio de Santa Cruz

JIMENA VEROSValladolid

«Sin pasión no se puede hacer música». Así comenzó la charla del director de orquesta bilbaíno, Íñigo Pirfano, haciendo honor a una frase que le dedicó su padre, «su principal maestro». Contó con orgullo cómo el mayor éxito de su progenitor, también director, llegó tras la actuación en la que interpretó el Réquiem de Mozart, cuando una mujer se le acercó y le dijo que, después de escuchar aquel concierto, «había decidido recomenzar su vida».

El ciclo 'El latido de la ilusión', celebrado en los jardines del Palacio de Santa Cruz de Valladolid, comenzó el jueves y mañana finaliza su andadura después de haber recibido a profesionales como la escritora Espido Freire y al propio Íñigo Pirfano, formado como director de orquesta en las mejores escuelas de Alemania y Austria, además de escritor y licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.

En su charla, presentó su proyecto 'Un beso para el mundo', que nació con la idea de salir de los tradicionales escenarios de los teatros para acercar la gran música y, en concreto, la novena sinfonía de Beethoven, a «los colectivos que han tenido peor suerte en la vida, los más vulnerables», porque «no puede ser que la música solo llegue a quienes se lo pueden permitir». Pirfano ha llevado a hospitales españoles el mensaje que transmite esta célebre obra clásica, que gira en torno a «la necesidad de que todos los seres humanos fundamos en un abrazo que no tenga fin; de la posibilidad de tender puentes donde, con demasiada y triste frecuencia, los hombres levantamos muros», expresó Pirfano.

El director afirmó que la música es una «potente vía de conocimiento» y lamentó «lo difícil que es comunicar esta idea en un mundo enfermo de narcisismo, que no es capaz de encontar la belleza que exite en el cuidado de las personas, en dedicar tiempo a quien lo necesita, en definitiva, aquello que nos hace más humanos». Además, explicó la importancia de saber encontrar 'la utilidad de lo inútil'. «Dedicar una obra musical, por ejemplo, a un público de la unidad de oncología de un hospital, no soluciona su verdadero problema, pero puede hacer que por un momento se emocionen y se liberen; como músico, tengo el poder de transformar corazones.

El director fundó la Orquesta Académica de Madrid y recibió por ello el Premio Liderazgo Joven en 2012 por la Fundación Rafael del Pino. Con la preparación de su discurso como premiado, descubrió que la novena sinfonía de Beethoven fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2003 y la inquietud que le generó, le hizo investigar hasta encontrar lo que su letra escondía. A partir de entonces, comenzó su propósito de hacer que la pieza sea «Patrimonio de 'toda' la Humanidad».