La prosa sobre la poesía de Fernando Beltrán

Fernando Beltrán, en Valladolid. /Henar Sastre
Fernando Beltrán, en Valladolid. / Henar Sastre

El poeta asturiano presentó 'La vida en ello', publicado por la Universidad de Valladolid, junto a Sánchez Torre

SAMUEL REGUEIRA Valladolid

Diez años han transcurrido desde la presentación de la colección Renglón Seguido, dirigida por Javier García Rodríguez, que a lo largo de los meses ha ido publicando, bajo el amparo de Ediciones Universidad de Valladolid, hasta una docena de obras, firmadas por autores tan versátiles como Juan Bonilla, Antonio Colinas, Soledad Puértolas, Manuel Vilas o, ahora, Fernando Beltrán. El poeta presentó ayer en la sala experimental Fernando Urdiales del Teatro Zorrilla 'La vida en ello', una recopilación de textos en prosa que abarcan desde los ochenta hasta la presente década, ordenados bajo un criterio temático antes que cronológico y que suponen la cara en prosa de su trayectoria lírica, una serie de reflexiones sobre la poesía que entronca con el espíritu de Renglón Seguido de brindar una visión ensayística del arte y del mundo.

Así lo entiende, al menos, Alfonso Martín Jiménez, representante de Ed. Universidad de Valladolid en el acto y prologuista de este encuentro literario, que cita la problemática de Umberto Eco sobre el dilema del lector a la hora de discernir entre la intención del autor y de su obra; una disyuntiva que, en este caso, se solventa sin problema, al explicitar las inquietudes del escritor sobre su arte lírico.

«Fernando Beltrán reflexiona sobre su necesidad de escribir y su visión de la poesía, y responde a las tres cuestiones más recurrentes que se le plantean: si sigue escribiendo poesía, qué se siente al hacerlo y si se puede vivir de ello». Fiel a su gusto por las polisemias y los juegos de palabras, Beltrán siempre contesta, a esta última pregunta, afirmativamente: «Lo que no se puede es comer de la poesía, pero sí vivir de ella. Son dos cosas distintas».

Esa relación con el arte lírico, que el responsable de El Nombre de las Cosas ha rebautizado como 'escribivir', explica la necesidad de compartir la poesía en general y de confeccionar un poema determinado en particular, aun a riesgo de que no parezca encajar dentro del poemario o el recital de turno: «En respuesta a una mujer a la que no le había encajado un poema después de un acto, Beltrán le dijo que el poeta no escribía en un estado de opinión, sino en uno de emoción, por lo que se pueden terminar construyendo versos con los que, al final, no se está de acuerdo».

Paraguas, músicas y bellezas

«Las cosas más guapas siempre me han ocurrido en días de lluvia», manifestó el autor al comienzo de su intervención, tras unas palabras del editor y prologuista de la obra, Leopoldo Sánchez Torre. La obra, dividida en siete partes y con el subtítulo 'Prosas a pie de poema', se abre con los textos 'Hombre con paraguas'; en torno a la figura de su padre. 'Charcos, piedras, poéticas' recoge, entre otras reflexiones, 'La Gran ilusión (memoria apresurada del sensismo)' y 'La Semana Fantástica'; pensamientos sobre la calle, la sociedad y los bares.

El tercer capítulo, 'Músicas escuchadas', contiene menciones a míticos poetas como Dámaso Alonso, y a «poetas mayores» como Antonio Gamoneda, imprescindibles en la vida de Beltrán. 'Abismos y bellezas' recoge varios textos en torno a Aute, palabras contra «los tipos ilustrados» y esa primera mención a 'El nombre de las cosas'. 'Ásperos y esenciales' y 'El mundo entero' supone la recta final que desemboca en 'Canción del hijo', que a modo de simétrico espejo dedica dos textos, esta vez a su madre, con los que se cierra el ejemplar –al margen del epílogo 'Pliego de descargos'–.

Sánchez Torre, profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Oviedo y estudioso de figuras como Caballero Bonald o Benítez Reyes, declaró que «Beltrán hace que la poesía esté presente en todas las zonas en las que se mueve», y que, para el autor, «la creación poética implica la ausencia de cualquier regla o método fijo de trabajo que vaya mas allá de pasear, sentir y ver con los ojos muy abiertos». Si bien han quedado bastantes textos fuera, tanto por razones editoriales como atendiendo a la estructura del conjunto, Sánchez Torre confía en «que esos fragmentos muy pronto figuren en un segundo volumen de prosas», ya que una visión global de estos escritos «nos permiten comprender mejor la poesía de uno de los poetas más singulares del panorama lírico actual».

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