Poemas desde el adarve

Antonio Gamoneda, en un conferencia en Palencia. /A. Quintero
Antonio Gamoneda, en un conferencia en Palencia. / A. Quintero

Antonio Gamoneda y Antonio Carvajal acompañan hoy al fotógrafo Ángel Marcos en la presentación de su libro 'Noche de piedras y lunas. Castillos de Valladolid'

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Fortalezas anacrónicas para un tiempo en el que el enemigo no llega a caballo ni está hecho de la materia que frena una muralla, los castillos son el santo y seña de la meseta. Ángel Marcos ha fotografiado los de Valladolid y los ha reunido en un libro que se presenta esta tarde a las 19:00 h. en la sala Fernando Urdiales del Teatro Zorrilla. Junto a él estarán algunos de los poetas que han sumado sus versos a las imágenes. El piano de Diego Fernández Magdaleno acompañará también la presentación de 'Noches de piedras y lunas. Castillos de la provincia de Valladolid'.

Marcos ha registrado 44 fortalezas, en algunos casos castillos perfectamente conservados, en otros, los vestigios caprichosos que han sobrevivido al cedazo de la historia. Los textos son ora testimonio de la relación de sus autores con esas piedras ora evocación a partir de los edificios. Al primer caso pertenece, por ejemplo, el poema de Antonio Gamoneda, que estará presente hoy en el Zorrilla, 'Castillo del Temple en Ponferrada'. «Es un poema escrito ex profeso para la ocasión, aunque parte de cuatro líneas que tienen 60 años. Ese castillo es el de mi infancia y aunque tiene los interiores vacíos, está muy bien conservado. Como alude a un tiempo lejano y a cierta clasicidad, elegí la forma de soneto», explica el poeta leonés que evoca las batallas entre cristianos y moros, la historia sangrienta de los muros, eso sí, con coda esperanzadora. Para el granadino Antonio Carvajal, que también estará esta tarde, los castillos que permanecen en el siglo XXI son, en muchos casos, el testimonio de la desidia política. Ha dedicado sus 'Sillares para un castillo' al de Calahorra, «de arquitectura italiana con innovaciones en el sistema defensivo y que fue también vivienda palaciega en el XVI». Del esplendoroso pasado al dubitativo presente, este profesor de métrica de la Universidad de Granada lamenta la «política del hortelano de la Junta de Andalucía, que ni come ni deja comer. El castillo pertenece hoy a la familia de Medinacelli que quiere restaurarlo y convertirlo en un hotel de lujo. Pero la Junta no lo consiente. Hay otros casos que son una vergüenza. Por eso he escrito un poema de una ciudad destruida, del abandono de una gloria antigua. Los castillos fueron edificios funcionales y cuando pierden su sentido algunos han sido desmantelados para aprovechar sus materiales y otros los han dejado hundirse». De entre los mesetarios, se queda con el de Coca, «para mí no hay barreras entre provincias, es una división absurda», dice.

Jorge Guillén dedicó al 'Castillo de Montealegre' un poema incluido en su libo 'Homenaje', que junto a 'La luna es una delicia', ilustran los dos pilares de este libro, alcazabas y lunas llenas. De Rosa Chacel han elegido su poema escrito 'A Luis Cernuda' y de Zorrilla, 'A un torreón'. La música de la hiedra es el motivo elegido por Juan Carlos Mestre y también son las plantas «de mutación perpetua» frente a los «ventanales serenos del castillo» los que evoca Clara Janés.

El capricho más satisfactorio

Antonio Colinas se queda en «la secreta noche de las palabras» y abre la oscuridad con música y sensualidad. Soriano afincado en Valladolid, Fermín Herrero aprovecha las primeras brumas del Pisuerga otoñal para el recogimiento sin necesidad de subir la empalizada de ningún castillo. Mientras que Luis Alberto de Cuenca plantea su 'castillo imposible' como un esperanzador refugio el horizonte hacia el que avanzar. Carlos Aganzo revive la 'Fortaleza del corazón', la certeza del búnquer íntimo desde el que mirar y defenderse del mundo. Y de Francisco Pino han incluido 'Diálogos finales'. José Jiménez Lozano es el encargado de prologar este libro con poemas desde el adarve que incluye de los suyos 'Noche de estío' y 'Elsinor'. El autor de la 'Guía espiritual de Castilla' encuentra justificado con las imágenes que «el blancor de estos castillos nocturnos parece ejemplarizar los dichos europeos acerca de que el capricho más satisfactorio en una vida sería tener un castillo en España».