Libros para trascender el terruño

Agustín García Simón, en el que ha sido su despacho en la Consejería de Cultura. /Henar Sastre
Agustín García Simón, en el que ha sido su despacho en la Consejería de Cultura. / Henar Sastre

Más de 600 títulos en 35 años, una aclamada colección de historia y seis premios nacionales hablan de la singularidad de la Unidad de Publicaciones de la Junta, que pierde a su editor

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Entre los ornamentos de todo poder está la narración de su ejercicio. En la canastilla de la autonomía de Castilla y León también figuró un servicio de publicaciones, balbuceante en 1983 y con voz firme desde 1986. Lo insólito de esta iniciativa es el resultado de su dedicación. La Unidad de Publicaciones, dependiente de la Consejería de Cultura, ha llegado a sus 35 años trascendiendo su tácita razón de ser, cantar el terruño, para contarlo con rigor académico desde la historia, la ciencia y el arte. Seis premios nacionales de edición (otorgados por el Ministerio de Cultura), presencia en las bibliotecas universitarias más importantes de Europa y un catálogo ornado con las firmas de Marcel Bataillon, Benzion Netanyahu, Adeline Rucquoi, Felipe Ruiz Martín o Henry Lapeyre, entre otros, son sus logros.

«Un servicio de publicaciones institucional implicaba dos cuestiones: no hacer competencia desleal a la edición comercial, primando estudios y trabajos con difícil salida comercial, y anteponer el rigor, es decir, sacar adelante estudios necesarios por su rigor, interés, belleza y oportunidad en el mundo de la cultura y la ciencia de manera universal, aunque cuidando los trabajos vinculados grosso modo con Castilla y León y, en general, con la Castilla histórica», explica Agustín García Simón, el editor que ha estado al frente de este sello hasta su reciente jubilación.

Quien se define como «historiador diletante» privilegió esta disciplina y las colecciones de historia «llegaron a ser la joya de la corona», con casi 150 títulos publicados. La acogida editorial y el trabajo bien hecho, elogiado sobre todo fuera de la región, nos fueron abriendo caminos cada vez más exigentes y plenos». Durante los primeros lustros, con León de la Riva al frente de la Consejería, «no sufrí ninguna interferencia política, trabajé con libertad y presupuesto razonable lo que nos permitió un feliz desarrollo de la Unidad durante los siguientes 20 años».

Interferencia política

Contar el pasado de Castilla suponía abordar buena parte de los mimbres sobre los que se construye el estado español moderno. «La historia de Castilla es una de las más asombrosas de Europa y del mundo entero. La Castilla histórica es algo bien distinto al invento autonómico de Castilla y León, invento administrativo-político bastante descabellado con respecto a la historia y la cultura castellanas. Por ejemplo eso de la Corona de Castilla, salvo excepciones, no era demasiado conocido entre los políticos y me trajo muchas complicaciones porque la palabra León debía figurar en todos los sitios, aunque fuera ucrónico o anacrónico», explica García Simón, aludiendo a la posterior intervención política en la labor editorial. «Con Tomás Villanueva llegó el control político y abrió el deterioro imparable hasta la actualidad. El político que confía en el técnico es infrecuente, más bien raro».

A pesar de esa rareza, la Unidad, con más reconocimiento externo que interno, siguió su andadura. Parejos a los libros, desarrollaron ambiciosos proyectos como la 'Historia de una cultura' –cuatro volúmenes, cinco años de trabajo–, la 'Historia de la Ciencia y la Técnica en la Corona de Castilla' –70 especialistas, 4.000 páginas– o 'Los viajes de extranjeros por España y Portugal', de José García Mercadal (seis volúmenes). Los prólogos de las autoridades coyunturales y los libros de protocolo –esos bellos volúmenes concebidos para el regalo institucional– no limitaron su actividad. Tampoco el olvido de una Consejería que hace años que no presta atención regular a los libros –apenas hay presentaciones, ni se publicita su distribución– hizo mella en esta silenciosa tarea editorial.

A los 'Estudios de Historia' se unieron ensayos de arte, literatura, divulgación, ciencia o facsímiles. Desde la 'Guía espiritual de Castilla', del que fuera director de este diario Federico Santander (1883-1936), hasta las fotografías de Catalá-Roca que ilustraron las guías de Dionisio Ridruejo, la Unidad de Publicaciones ha abordado la región en palabras e imágenes. El 'Corazón de roble', de Ernesto Escapa, siguió la Castilla ribereña del Duero, y la 'Memoria y desmemoria del castellano', de José Luis Guerrero, atendió a los caminos de los escritores fundacionales de la lengua nacional.

El 'San Juan de la Cruz y el problema de la experiencia mística', de Jean Baruzi, y la 'Teresa' de Teófanes Egido y Jiménez Lozano, alumbraron dos sendas espirituales extraordinarias que partieron de tierras castellanas. El pasado judío en voz de Benzion Netanyahu o los Ruiz y los Fugger en la historia económica han sido objeto de monografías. Ediciones críticas de la 'Poesía completa' de Pino, de la 'Historia de la Orden de San Jerónimo', del Padre Sigüenza, o del 'Proceso inquisitorial de Fray Luis de León', de Ángel Alcalá, han sido celebradas por el mundo académico. Tesis más recientes como la de María José Martínez Ruiz –'La enajenación del patrimonio en Castilla y León (1900-1936)'– han abierto el catálogo a la investigación contemporánea.

José Rodríguez Sanz-Pastor, secretario de la Consejería de Cultura y responsable último de la Unidad de Publicaciones, celebra el riguroso trabajo de García Simón. «Tiene un prestigio reconocido tanto desde el punto de vista intelectual como de la calidad propia de la edición», afirma. Reconoce que en los últimos años no se ha publicado tanto porque «la crisis nos afectó a todos» pero incluso en los momentos más duros «ha seguido nuestra labor». Y recuerda el último 'bataillon', 'Poder y la representación de la Corona de Castilla', de Diana Pelaz Flores, 'Teresa', de Egido y Jiménez Lozano, y la monografía de Numancia. En breve verá la luz el libro conmemorativo de los 800 años de la Universidad de Salamanca. Y como reto de futuro «la digitalización de toda esta gran producción, para que esté al alcance de todos».

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