Jesús Ferrero: «Cuando el miedo se convierte en un fenómeno general, no sirven los muros»

Jesús Ferrero: «Cuando el miedo se convierte en un fenómeno general, no sirven los muros»
Jesús Ferrero. Ramón de la Rocha-Efe

El escritor esboza un Madrid atenazado por el terror y las reacciones de sus habitantes en 'Los abismales', Premio Café Gijón

VICTORIA M. NIÑOValladolid

La antigüedad griega late en su obra literaria y la última novela no se sustrae a esa fascinación. David, uno de sus protagonistas, es un experto mitólogo. Quizá en la sombra de ese personaje se esconda Jesús Ferrero (Zamora, 1952), ganador del último Premio de Novela Café Gijón con 'Los abismales' (Siruela). David interpretará los hechos desde la alegoría del panteón griego mientras los buscavidas lo harán desde el afán de la supervivencia, los hedonistas desde la última oportunidad, los estoicos desde la seguridad que les procura su aislamiento. Yes que Madrid se convierte en una capital maldita en la que se producen muertes sin explicación y extraños sucesos que atraen la atención de la prensa internacional.

–Sitúa la acción en un Madrid de jardines salvajes, de cabañas, de alrededores ¿el miedo necesita de un escenario propicio?

–No. El miedo puede anidar en cualquier espacio, por eso la novela se va deteniendo en casi todas las zonas de la ciudad Madrid, así como en algunos pueblos de la sierra del noroeste. El miedo puede emerger en las zonas más oscuras de la Casa del Campo, pero también en un parque de atracciones, en una iglesia, en la Gran Vía, por la noche o a plena luz del día, en el parque del Retiro, en el aeropuerto de Barajas, en la carretera, en el metro. Cuando el miedo se convierte en un fenómeno general, no sirven ni los muros ni las puertas.

–El misterio flota durante todas las páginas. Se suceden muertes sin aparente conexión, personajes marginales y lecturas externas de lo que ocurre en la ciudad que convergen al final. ¿Le interesaba más la tensión que el desenlace?

–En una novela como 'Las abismales', la tensión y el desenlace son igual de importantes, y se buscan el uno al otro. Si mantienes bien la tensión, también el desenlace ha de ser tenso, al menos en una de sus líneas. Y el desenlace de la historia de David y Melisa concluye en un instante de máxima tensión, de máximo desconcierto.

–La familia es un pilar fundamental de sus novelas. Ydentro de la familia, en este caso, ¿la relación filial, en su ejemplo más reconfortante (David, Samuel y Serafina) y en el más cainita (Berenice y Melisa)?

–Al ser una novela coral, creo que la verdadera protagonista de 'Las abismales' es la colectividad de Madrid, por eso son tan importantes los personajes secundarios, que a menudo solo aparecen una vez. Van dando cuerpo coral a la novela, van representando el tejido de la ciudad, en sus diferentes clases sociales. Respecto a los protagonistas, puede decirse que forman dos estructuras triangulares, una presidida por el amor, otra presidida por un odio recóndito y secreto.

–«Nada más temible para el hombre que ser tocado por lo desconocido», cita a Canetti al inicio de la novela. ¿Invita al lector a pensar lo impensable?

–Eso es lo que dice Elias Canetti, si bien yo tengo mis dudas, como intento demostrar en la novela. El miedo a lo que ya conocemos puede ser a veces tan definitivo como el miedo a lo desconocido. Nuestro pasado es rico en toda clases de crueldades. Volver a experimentarlas resultaría terrible, por más que nos sonasen más o menos conocidas, más a menos familiares. A ese respecto, Antonio Machado decía con mucha ironía: «Confiemos en que no sea verdad nada de lo que sabemos».

–¿Por qué el tono apocalíptico, la amenaza sobrenatural, que por otra parte, tan poco afecta a algunos personajes?

–El tono del narrador no es apocalíptico, son apocalípticos los acontecimientos y las palabras de algunos personajes. El narrador resulta invisible, porque está totalmente plegado a los personajes. Respecto a los personajes, todos acusan lo que está pasando, si bien de diferente manera. David y su hermana sienten en su mente y en sus vísceras todo lo que ocurre de forma dramática y severa, en cambio el guardabosques lo vive como una fiesta: la fiesta del fin del mundo.

–El miedo arroja a su ciudad en manos de la religión.

–No solo. Les arroja a lugares muy diferentes, como se observa en la novela. A unos los conduce a la iglesia, a otros a la taberna. Unos buscan la soledad, otros se refugian en la masa. Unos buscan a Dios, otros a Satanás. Unos asaltan casas, otros se asaltan a sí mismos. Unos buscan el apoyo de la razón, otros se entregan al delirio. Unos buscan la virtud, otros el libertinaje.

–¿Serafina es la 'abismal' máxima, por su capacidad para augurar los hechos, por su relación con el mundo, por su comunicación con su caballo?

–Juraría que es uno de los mejores personajes femeninos de mi vida. Serafina llevaba un tiempo en mi mente, pero la encajé en la historia cuando estaba escribiendo la última versión de la novela. La veo inseparable de su caballo. El caballo es otro personaje importante, y siempre tuve claro que iba a acabar perdiéndose por la ciudad. Su travesía caótica por Madrid es una imagen de la condición humana más que un homenaje a los equinos.

–Escritor de larga trayectoria que comenzó publicando en 1981 ¿siguen siendo necesarios los concursos para publicar? ¿cómo ha cambiado el sector en estas décadas?

–Nunca he necesitado ganar premios para publicar; desde mi primera novela he visto bastantes puertas abiertas. Los necesito para vivir. He pasado dos años escribiendo 'Las abismales', y el premio que acabo de ganar es de veinte mil euros. Si los repartimos en los veinticuatro meses de trabajo, es fácil comprobar que sobran los alardes triunfalistas respecto al dinero ganado. Los premios literarios los inventaron los griegos de la antigüedad, y sin aquellos premios probablemente hoy no podríamos leer obras como 'Antígona'.