Literatura

Clara Campoamor, ensayista

Clara Campoamor. /
Clara Campoamor.

Beatriz Ledesma reúne los ensayos de la pionera de los derechos de la mujer en España

JORGE DE ARCOValladolid

Las páginas que siguen no son, ni más ni menos, que una serie de conversaciones con Clara Campoamor, la más brillante y audaz oradora de cuantas nos ha dado, y arrebatado, con su tortuoso transcurrir, la España del siglo XX, y que hoy al fin rescatamos de su largo destierro». Así de elocuente se muestra Beatriz Ledesma Fernández de Castillejo en el prefacio, 'Entre coplas y amores…', que sirve de pórtico a este atractivo volumen. Porque, en efecto, fue Clara Campoamor una de las féminas más lúcidas que ha tenido nuestro país. Consciente de que la única manera de madurar para alcanzar la libertad era caminar dentro de ella, se aventuró desde muy joven a luchar por conseguir la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Nacida en Madrid en 1898, quedó huérfana de padre a los diez años. Alternó sus estudios con el trabajo y su labor como secretaria en un ministerio y sus colaboraciones periodísticas, la llevaron a interesarse por el mundo jurídico y político. En 1924 se convirtió en abogado (la segunda mujer que lo conseguía tras Victoria Kent) y, en 1931, fue elegida diputada por Madrid. El 1 de octubre de ese mismo año, se debatió agriamente en el Congreso si se permitía el voto femenino. (Poco antes, se había suprimido el delito de adulterio aplicado solo a la esposa, se daba vía libre al divorcio de mutuo acuerdo y el Estado comenzaba a proteger la maternidad). Con un discurso inolvidable, Clara Campoamor consiguió su propósito por tan solo cuatro votos de diferencia: 131 a 127. En las elecciones de 1933, siete millones de mujeres pudieron ejercer el derecho al sufragio gracias a su tesón y a sus justas reivindicaciones.

Al margen de estos esfuerzo referidos, su tarea literaria fue amplia y contribuyó al desarrollo de la cultura en nuestro país. Ahora, se reúnen en este volumen sus ensayos. Publicados durante su exilio argentino en la revista 'Chabela' (1943 – 1945) recogen reflexiones y apuntes sobre los poetas del Siglo de Oro, del Romanticismo, de la lírica novohispana y de la modernista. Además, se incorporan dos entrevistas en las que Campoamor hace balance de su lucha político-social y deja hilvanados sus principales logros. Ya entonces, era muy explícita en sus reclamaciones: «Los conceptos arcaicos sobre limitación de derechos femeninos se reflejan de manera perfecta en nuestras leyes, y sólo una reforma profunda de estas en ese particular podrá llevarnos a la deseada identidad de derechos políticos y civiles con el hombre». –Cabe recordar cómo aquella rebelión contra los usos y costumbres de la época fue considerada por algunos como desmesurada e incierta. Como consecuencia de ello, la autora madrileña se exilió en Suiza, de donde nunca regresaría. Su libro 'El voto femenino y yo: mi pecado mortal', revela la ardua batalla que librara–.

En la citada introducción, Fernández de Castillejo escribe: «Clara nos habla aquí de las pasiones que fueron la sustancia vital de muchos de los grandes poemas de nuestra lengua: el deseo, la seducción, la obsesión, la traición, el sufrimiento o el abandono. Y por supuesto, el amor, en sus múltiples formas: platónico, pasional, conyugal, místico…».

Son treinta los artículos aquí compilados. Se abre con el dedicado a José Zorrilla y se cierra con el poeta español-napolitano del siglo XV Don Pedro Carvajal. Entre ellos, quedan los nombres de Gáspar Núñez de Arce, Federico Balart, Harztenbusch, Diego Hurtado de Mendoza, José de Espronceda, Gustavo Adolfo Bécquer, Fray Luis de León, Manuel Machado, Amado Nervo, Sor Juana Inés de la Cruz, Joaquín María Bartrina, Luis de Góngora, Garcilaso de la Vega, Gutierre de Cetina, Cristóbal de Castillejo, Fernando de Herrera, Baltasar de Alcázar, San Juan de la Cruz, Tirso de Molina, Francisco de Quevedo, Fernán Pérez de Guzmán y Juan Álvarez Gato. Y como complemento, dos ensayos: 'Los tres poetas de Don Juan Tenorio' y 'Los ojos, obsesión de poetas'.

Clara Campoamor murió en 1972 en Lausana. Adelantada a su tiempo, su excelente quehacer como pionera de los derechos de la mujer sigue hoy vigente. En la fe de sus palabras queda, sin duda, un hálito de mujer ejemplar, y en buena medida, visionaria.