El documental desde el testimonio hasta la investigación estética

Santos Zunzunegui./Alberto Mingueza
Santos Zunzunegui. / Alberto Mingueza

Santos Zunzunegui parte de su reciente obra 'Ver para creer' con el fin de vertebrar su seminario en el 56º Curso de la UVa

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

Por lo general, el tratamiento crítico y editorial a cualquier estudio cinematográfico, sobre todo si se atiende a su clasificación a base de géneros, descansa mucho sobre el criterio cronológico. Las corrientes artísticas y estéticas y los contextos sociales, políticos y estéticos brindan las excusas más sencillas y útiles para encarar las distintas manifestaciones en el séptimo arte atendiendo a sus características más visibles. Sin embargo, el profesor Santos Zunzunegui ha huido de esta clasificación y propone una interrelación más reflexionada en su recientemente editado 'Ver para creer: avatares de la verdad cinematográfica' (Signo e imagen, 2019) que Zunzunegui ha coescrito junto a Imanol Zumalde y sobre el cual se sirvió para desarrollar su seminario de ayer en la 56ª edición del Curso de Cine de la Universidad de Valladolid, celebrado en el edificio Rector Tejerina en sesión doble matutina y vespertina.

«Habíamos advertido que a lo largo de los últimos años había un cierto auge sobre el tema documental, tanto en la producción como desde el punto de vista crítico», manifestó en declaraciones previas el catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la facultad de Ciencias de la Información en el l País Vasco; «si bien muchos de estos discursos se encontraban poco reflexionados, al verse más pendientes de las modas».

Su libro se esfuerza por ordenar una serie de ideas en torno al concepto del documental: «Qué es, cuáles son sus fronteras y sus límites con relación a la ficción, etcétera», enumeró. A base de numerosos ejemplos basados en diferentes títulos emblemáticos de este ámbito dentro del séptimo arte, Santos Zunzunegui sostiene que el documental «no es solo un género cinematográfico, sino que es transversal: está en todos los mass media, en la televisión, en la literatura, en la frontera con los discursos históricos y periodísticos...». El propósito de Zunzunegui pasa por delimitar sus fronteras y trasvases, y después tratar de ordenar el panorama de este campo en una suerte de región clasificatoria al margen de previas intentonas.

«Es un mundo complejo que no conviene tratar con grandes generalidades», apuntó Zunzunegui, que rehúye la tentación de hacer una mera historia del documental para presentar, en su lugar, cómo se podría organizar un cierto criterio en ese mundo inmenso.

Propuestas variopintas

Decir documental es decir, en sí mismo, poca cosa: «Hay cineastas en las antípodas de otros», señala el profesor, quien con todo sabe que ante lo inabarcable el único pecado es olvidarse de lo más significativo, de nombres como los de Dziga Vértov, Michael Snow o James Benning. Ante propuestas tan variopintas, el interés radica en poner a dialogar unos con otros y encontrar alguna clase de relación, posible de hallar incluso a través de los años entre las propuestas más modernas y trabajos de los hermanos Lumière como 'La llegada del tren a la ciudad' o 'La salida de la fábrica Lumière en Lyon'.

«Trazamos una especie de clasificación tentativa para luego seguir pensando en ulteriores profundizaciones», expuso el profesor, quien parte de la idea de pensar en aquellas películas primigenias que, como las de los hermanos franceses, no albergaban un único cine sino que contaban con numerosas líneas. De ahí se puede partir, por ejemplo, desde un punto de vista relativamente centrado en torno a la puesta en escena, en que dentro del documental hay responsables que trabajan el testimonio de una realidad concreta mientras otros afrontan esta propuesta audiovisual como un espacio idóneo de cara a horadar en la investigación estética; verbigracia, el cineasta lituano recientemente fallecido Jonas Mekas con su película más representativa, 'As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty'.

«Ambas son cine documental y sin embargo se parecen muy poco: los Lumière levantan una especie de acta notarial a partir de un acontecimiento y Mekas desarrolla una exploración a partir de sus vivencias personales del cine como autobiografía, en el que el elemento principal no es tanto testimonial como esos breves destellos del título».

Solo es un ejemplo de las líneas investigativas de Zunzunegui, también muy volcado en el valor del 'relato' que contienen estas películas, como demuestra la reciente serie documental de la plataforma digital Netflix en torno al tristemente célebre Caso Alcàsser y otras propuestas afines que tratan de darle al espectador actual testimonio de algo que fue verdaderamente importante: «No importan tanto los hechos como ese relato que hacemos de ellos», apostilla el catedrático en velada alusión al filósofo Nietzsche: «Somos lo que creemos, y lo que nos creemos. Y el documental es un arma ideal para hacer creer cosas, no necesariamente desde un punto de vista manipulativo», añadió.

«El documental se presenta para hablarnos de estas cosas, para proponernos un sentido», incidió Zunzunegui. En el libro aborda a su vez, si bien de pasada, el falso documental, con alusiones a casos como 'Operación Luna': «Son falsos géneros de historia que demuestran que esta se puede falsificar, que se puede presentar algo simultáneamente como sucedido y no sucedido».