Peridis y los juegos de tronos

Peridis en el Aula de Cultura de El Norte de Castilla. /G. Villamil
Peridis en el Aula de Cultura de El Norte de Castilla. / G. Villamil

El dibujante e impulsor de Santa María la Real visita el Aula de Cultura de El Norte para hablar de su último libro, 'La reina sin reino'

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

A propósito de 'La reina sin reino', la tercera novela histórica que firma el habitual dibujante José María Pérez 'Peridis' tras los títulos 'Esperando al rey' y 'La maldición de la reina Leonor', el Palacio Real acogió un nuevo acto del Aula de Cultura de El Norte de Castilla, patrocinada por Fundación La Caixa y la Junta de Castilla y León, con la participación del escritor y de Carlos Aganzo, director de relaciones institucionales de El Norte de Castilla.

Tras una somera presentación a cargo de Fernando Conde, director del Aula de Cultura, Peridis agradeció el recibimiento «un día como este», a propósito de las desapacibles lluvias, y lamentando, entre risas, la ausencia de Ronaldo: «Hubiera resultado perfecto con él, aun así, sigue siendo maravilloso poder presentar este libro a mis amigos de Valladolid». Enmarcada cronológicamente después de las otras novelas, la novela arranca, detalló Peridis, con la muerte del adolescente Enrique, heredero al trono de Alfonso VIII; un momento en el que Berenguela, primogénita «pero privada del trono por su condición de mujer», prepara el terreno para su propio hijo Fernando. La toma del reino de León solo fue el primer paso para la posterior Reconquista: «Él ponía el valor; ella, la astucia».

Con especial desparpajo, Peridis comenzó a enumerar de la manera más rápida y desapasionada posible los juegos de tronos que se desarrollaban por aquellas épocas: ardides, matrimonios de conveniencia, traiciones y relaciones familiares enrevesadas contadas con tal atropello que las risas en el público fueron casi constantes. «En resumen, que si queréis saber cómo pasó todo esto, tenéis que leer la novela», sentenció el invitado, con la sonrisa satisfecha de quien ha manejado uno de los resortes del discurso del humor más habituales del gremio. En una de las ocasiones más celebradas, al narrar una encrucijada bélica, se giró hacia uno de los militares del Palacio Real y le interpeló: «¿Usted qué hubiera hecho, mi general?». La velada finalizó entre preguntas y lecturas de pasajes escogidos de la novela.

 

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