Isabel San Sebastián: «Si conociéramos nuestra historia, los nacionalistas no podrían inventarse una falsa»

Isabel San Sebastián: «Si conociéramos nuestra historia, los nacionalistas no podrían inventarse una falsa»

Presenta mañana en el Aula de Cultura su novela 'La peregrina', que cierra la trilogía iniciada con 'La visigoda'

FERNANDO CONDE

Dicen de ella que es una periodista todoterreno, pero quizá sería más exacto decir que es una periodista sin terreno, porque ha sabido transitar por los más dispares espacios periodísticos del país. Isabel San Sebastián (Santiago de Chile, 1959) dio el paso a la literatura con 'La visigoda', después vendría 'Astur', y ahora, diez años después, cierra el círculo en torno a Alana de Coaña con 'La peregrina'.

–Una novela histórica en tiempos de vacas menos gordas para el género...

–La verdad es que nunca he entrado en muchos cálculos… Cuando alguien te dice que le has acompañado en un hospital o en una misión en Afganistán, como me sucedió recientemente, y que tu historia le ha ayudado, se te olvida todo lo demás.

–'La peregrina' es un viaje contado en femenino, ¿no puede resultar quizá inverosímil una mujer cronista en el siglo IX?

–No en el contexto en el que se desarrolla 'La peregrina'. En la cornisa cantábrica la cultura matriarcal previa a la romanización prevaleció mucho tiempo después. Todavía hoy se notan claramente las huellas de ese poder que ostentaban las mujeres. Es verosímil que una mujer de la corte, próxima al rey, supiese leer y escribir, y redactase una crónica (en secreto, eso sí, para no hacerse notar mucho.)

–Ahora que la espiritualidad cotiza a la baja –al menos la occidental y cristiana–, ¿por qué tanta gente hace el Camino?

–Por múltiples motivos, desde el mero interés turístico hasta el desafío personal o la fe. De todas formas, no estoy muy de acuerdo en que la espiritualidad cotice a la baja. La creencia en una religión concreta, sí. La espiritualidad… yo no me atrevería a afirmarlo.

Contaba Washington Irving que en una de sus excursiones por Andalucía llegó a un pueblo en el que veneraban la cabeza de una santa. Unos kilómetros más allá, en el pueblo contiguo, los lugareños veneraban otra cabeza… ¡de la misma santa! Extrañado, preguntó cómo era posible aquello. «Ellos tienen la cabeza de la santa cuando era niña; la nuestra es de cuando ya era toda una mujer», le contestaron.

–La veneración de reliquias, falsas o auténticas –recordemos el Baudolino de Eco– es algo rayano a lo supersticioso. ¿Son las de Santiago el Mayor auténticas?

–Nadie lo sabe. A diferencia de las atribuidas a san Pedro, en Roma, aquí no se han hecho pruebas de ADN. Las nuestras corresponden a un varón muerto por decapitación, y la Iglesia las da por buenas. Para mí, lo importante es que desde hace más de mil años han sido fuente impagable de esperanza, fortaleza, paz, riqueza y motivación. Son el aliciente de un Camino convertido en la principal autopista cultural de Europa y en una auténtica bendición para España. Lo demás es lo de menos.

Decía Ramón Tamames hace unos días en Valladolid que el problema de los españoles no es tanto que no sepan economía como que no sepan nada de historia, algo fundamental para sentar las bases del conocimiento.

–¿Si los españoles sintiéramos más orgullo por nuestra historia, los nacionalismos interiores adelgazarían?

–¡Sin duda! Es más; si los españoles nos molestáramos en conocer nuestra historia, los nacionalistas no podrían inventarse una historia falsa sobre la cual construir su victimismo con el fin de justificar sus exigencias insaciables. No podrían crear mitos y embaucar con ellos a los niños hasta envenenarlos. Perderían la batalla de las ideas, que ahora ganan por incomparecencia del contrario.

–¿Y por qué muchas veces otorgamos más credibilidad a historiadores foráneos (Thomas, Payne, Carr, Gibson, etc.) que a los nacionales?

–No es mi caso, desde luego. Pero es verdad que los españoles tenemos tendencia a denostar lo nuestro y ensalzar lo ajeno. Esto vale tanto para los historiadores como para nuestros héroes patrios y nuestras hazañas. Pero yo me rebelo ante este complejo absurdo.

–Cada vez más periodistas se suman a la literatura. ¿Luce más el marchamo de escritor que el de periodista?

–Son marchamos compatibles, ¿no? Al fin y al cabo, se trata de contar historias, en unos casos reales y en otros imaginadas. Lo importante es ser honesto y respetuoso con la realidad. En cuanto a mí, me considero tan periodista como escritora, aunque la literatura me brinde hoy más alegrías que el periodismo. Con todo, moriré periodista.

Isabel San Sebastián protagonizará una nueva sesión del Aula de Cultura. Como siempre, con el patrocinio de Obra Social laCaixa y la colaboración de la Junta de Castilla y León. La cita, en el Salón de Grados de la facultad de Derecho, el 16 de octubre, martes, a partir de las 19:30h.

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