Historia olímpica contra la leyenda negra

Conrado Durántez, durante el Aula de Cultura de El Norte./Henar Sastre
Conrado Durántez, durante el Aula de Cultura de El Norte. / Henar Sastre

Conrado Durántez reflexiona sobre el pasado y el presente en el Aula de Cultura, celebrado en Santa Cruz

SAMUEL REGUEIRAVALLADOLID

«Creo que España es la mejor nación del mundo, pese a muchos de sus españoles». La defensa de parte de una idea de este país, en un momento de grandes sensibilidades y trincheras ideológicas cada vez más listas a abrir fuego contra el compatriota de enfrente, o el jefe de gobierno de todos; bien pudo resumir el espíritu de la presentación que el escritor y magistrado Conrado Durántez celebró ayer en el Aula Triste del Palacio de Santa Cruz. La animosidad contra lo español es el punto de partida de 'El emperador Teodosio I el Grande y los Juegos de Olimpia' en un nuevo acto del Aula de Cultura de El Norte de Castilla presentado por Fernando Conde, patrocinado por la Fundación La Caixa y que cuenta con la colaboración de la Junta de Castilla y León.

«Ojeando los informes del COE de los Juegos de París de 1924 encontré a un historiador, Jacques Bourdon, que reclamaba para Francia la recuperación del juego a partir de la cancelación de un emperador fanático Español [mayúscula deliberada]», explicó el invitado y conferenciante en referencia al Teodosio del título. Este no es sino uno más de los ataques a la nación que, según citó Durántez aquel célebre aforismo atribuido a Bismarck, «es la más poderosa de todas, pues ha sobrevivido a todos los intentos de destruirse a sí misma que ha experimentado». Se suma así al aplauso del controvertido éxito del verano 'Imperiofobia y leyenda negra' de María Elvira Roca Barea; y lamenta lo que han contribuido otros españoles a estas lesiones a la nación, como Bartolomé de las Casas, «un paranoico, según Menéndez Pidal, que brindó a los enemigos páginas contra nosotros», a raíz de su defensa de las Indias en la no menos notoria Controversia de Valladolid.

Academia Olímpica

Durántez, presidente y fundador de la Academia Olímpica Española, se sirvió de detalles de grabados en vasijas griegas antiguas, en mastodónticas esculturas clásicas que reflejan este periodo histórico y en todo tipo de orfebrería con motivos olímpicos para explicar la simbología, los pormenores y curiosidades varias en torno a aquellos primeros juegos helénicos. Tras una visión de la gloria de Olimpia, comienza en el siglo IV una crisis que derriba los valores por causa del materialismo, «algo que tiene su reflejo también en estos tiempos que vivimos». Las persecuciones a los cristianos desde el incendio de Roma cesaron con la tolerancia a la nueva religión (por parte de Constantino I) hasta un edicto de Teodosio que prohibió ceremonias paganas, que aquel historiador francés atribuyó al fin de las olimpiadas: «El edicto nada dijo de Olimpia», explicó Durántez, una equivocación que se explica por el error de un monje en el siglo XI, que confundió al emperador con su homónimo nieto.

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