Los desafíos del mañana cierran el Aula de Cultura

Amador Menéndez, con dos de sus profesores, el hoy rector Antonio Largo y Carmen Barrientos. /Henar Sastre
Amador Menéndez, con dos de sus profesores, el hoy rector Antonio Largo y Carmen Barrientos. / Henar Sastre

Amador Menéndez visita el Museo de la Ciencia para hablar del progreso tecnológico en salud, medio ambiente e inteligencia artificial

SAMUEL REGUEIRAValladolid

El vigor del planeta, la inteligencia artificial, la salud del ser humano... La tecnología avanza a pasos agigantados para mejorar nuestra calidad de vida a todos los niveles, y de ello habló a lo largo de la jornada de ayer, en el Museo de la Ciencia, el científico Amador Menéndez, dentro del último acto de este curso del Aula de Cultura; patrocinado por la Fundación Obra Social La Caixa, y con la colaboración de la Junta de Castilla y León.

Fernando Conde ha presentado a su invitado como una persona que, a diferencia de la electricidad, «no es nada corriente». Científico reconocido con numerosos premios europeos y por parte de sociedades como la química o la matemática, y ganador el pasado año del prestigioso premio de ensayo Jovellanos por 'Historia del futuro. La era del Homo Tecnológicus', y cuya dilatada trayectoria laboral conoció su punto álgido en su paso por el Instituto Tecnológico de Massachussets.

Agradecido el científico tanto al Aula como a Inés Rodríguez Hidalgo; directora del Museo de la Ciencia, comenzó reconociendo la labor en su formación a sus profesores Antonio Largo Cabrerizo -hoy rector de la Universidad de Valladolid- y Carmen Barrientos, presentes en la sala y a quienes debe, ha asegurado, el haberse dedicado a esta profesión.

«Ciencia es lo que enseña un padre a su hijo, tecnología es lo que enseña el hijo al padre», citó al comienzo de su charla Menéndez, para quien «en el próximo siglo viviremos un progreso tan rápido que equivaldrá al de veinte mil años». El científico vertebró su conferencia en tres partes: salud del planeta, salud humana e inteligencia artificial.

Público asistente al Aula de Cultura en el Museo de la Ciencia.
Público asistente al Aula de Cultura en el Museo de la Ciencia. / Henar Sastre

«La energía solar solo representa el 1% del consumo energético total», refirió al principio de su ponencia, dado que el petróleo se resiste a perder su posición privilegiada por motivos políticos, económicos... y logísticos. «Los costes, hoy desmesurados, se reducirían gracias a los concentradores solares luminiscentes». Las ventanas fotovoltaicas atrapan la luz del sol, la envían a los extremos de su estructura y, con ella, generan electricidad.

Para seguir a la cabeza en el récord de eficiencia en la captura de la energía solar, el MIT se ha propuesto conseguir las ventanas más eficientes posibles mediante, entre otras cosas, un principio tan natural y orgánico como la autoorganización -similar a la de los pájaros que vuelan sin líder o el láser que concentra monodireccionalmente los haces de luz-. Este reto energético se integra entre otros que persiguen generar electricidad a partir de la presión, un sistema que ya funciona en vasos o suelos y se estudia para las pantallas de los teléfonos móviles; o la electricidad inalámbrica, que «está a la vuelta de la esquina» y que, de no ser tan cara, podría proporcionarnos hasta carreteras en las que un coche pudiera desplazarse sin que sus ruedas tocaran el asfalto.

Inteligencia artificial

«Los coches autónomos pueden llegar a ser más seguros que el ser humano», aseveró Menéndez en esta parte de su charla. La velocidad de reacción de estos vehículos frente a imprevistos -mediante tecnologías de infrarrojos y sensores de geolocalización-, y su capacidad de diálogo y sincronización -que ahorra tiempo, combustible y emisiones nocivas para el medio ambiente- suponen solo uno más de los logros computacionales que ha cosechado la inteligencia artificial, gráficamente demostrada mediante las partidas de ajedrez y Go que Deep Blue y AlphaGo ganaron, respectivamente, a los campeones mundiales Garry Kasparov y Lee Sedol.

El apocalíptico panorama de la ciencia ficción, con todo, está lejos de consumarse: «Estamos lejos de lograr la inteligencia artificial general, hasta ahora solo llegamos a la estrecha», ha explicado Menéndez, para quien estas computadoras pueden superar a los mejores en una disciplina concreta... pero no en todo lo demás.

Tu cuerpo te vigila

Análogamente al Gran Hermano -tanto al orwelliano como al televisivo-, Menéndez explica cómo la ciencia hoy está investigando en los nanosensores que, implantados en el cuerpo, envían a la nube una serie de resultados que, con el tiempo y cierto perfeccionamiento tecnológico, pueden llegar a prevenir dolencias crónicas, enfermedades de todo tipo y, en definitiva, mejorar la calidad de vida del paciente.

Los avances en prótesis biónicas, encarnados en el premio Príncipe de Asturias Hugh Herr, también arrojan en el futuro lo que entendemos por 'ser humano'. Este avance mejoraría la calidad de vida como, a su vez, harían las nanofibras que en la medicina regenerativa podrían, con la investigación necesaria, dotar de nueva fuerza a médulas dañadas y que las personas parapléjicas recobraran la movilidad perdida.

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