Conrado Durántez: «En asuntos de dopaje, la ley siempre va por detrás de la trampa»

Conrado Durántez./El Norte
Conrado Durántez. / El Norte

El escritor y magistrado presenta el jueves 8 en el Aula de Cultura su obra 'El emperador Teodosio I el Grande y los Juegos de Olimpia'

FERNANDO CONDEValladolid

Si algo puede definir la trayectoria profesional y humana de Conrado Durántez (Ferrol, 1935) es sin duda su imparable inquietud por atesorar conocimientos, y hacerlo además con espíritu olímpico, es decir, 'citius, altius, foritus' (más rápido, más alto, más fuerte). Qué otra cosa si no explicaría que la Universidad de León le concediera el grado de doctor en Historia a los 75 años, a este magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y presidente y fundador de la Academia Olímpica Española, entre otras mcuhas distinciones y responsabilidades.

La historia de los juegos olímpicos y del olimpismo ha constituido para este miembro del COE un reto vital al que ha dedicado más de una treintena de títulos. Su obra 'El emperador Teodosio I el Grande y los Juegos de Olimpia' y los valores del olimpismo serán el motivo de la próxima sesión del Aula de Cultura que, con el patrocinio de Obra Social la Caixa y la colaboración de la Junta de Castilla y León, tendrá lugar el jueves 8 de noviembre a partir de las 19:30 horas, en el Aula Triste del Palacio de Santa Cruz.

–¿Qué importancia tuvieron los Juegos Olímpicos en la Antigüedad?

–Una importancia transcendental religiosa, social, cultural y política. Había juegos en muchos lugares, pero sólo cuatro eran panhelénicos, es decir, para todos los griegos: Olímpicos, Píticos, Ístmicos y Nemeos. De los cuatro sólo sobrevivieron los primeros, dedicados a Zeus. Olimpia fue un lugar de peregrinación. Incluso, el general Milcíades, después de Maratón, entregó su casco en Olimpia.

–¿Qué vinculación tuvo el emperador Teodosio con los mismos?

–Que se sepa ninguna. Era un emperador profundamente cristiano y el más hispano de los tres que dirigieron el imperio romano. Todo se debe al edicto de 392 en el que se prohibían las ceremonias paganas. Ya en el siglo XI el monje Jorge Cedreno confundiría a abuelo y nieto –compartían nombre-, y en los juegos de París de 1924, un tal Jacques Bourdon, un indocumentado, aprovechó para atacar a España llamando fanático Español (con mayúscula) al emperador y cargándole indebidamente el muerto. Una derivada más de la leyenda negra que persigue injustamente a España.

–¿Por qué deberíamos incidir más en inculcar los valores del olimpismo a las nuevas generaciones?

–Todo el mundo habla de olimpismo, pero pocos saben lo que es. Hay que distinguir entre deporte profesional y aficionado. El primero es un fin, el segundo un medio. Nada que ver. La parte cultural solo está en el segundo. La cultura no es hija del trabajo es hija del deporte, decía Ortega.

–¿Qué opina del dopaje?

–Lo resumió muy bien Samaranch: perseguimos el dopaje porque perjudica la salud del atleta y es una trampa ruin. Estoy seguro de que los laboratorios desarrollan y venden, con éxito, nuevos compuestos indetectables aún. En eso siempre irá por detrás la ley de la trampa.

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