Gonzalo Giner: «Los animales serán cada vez más partícipes de nuestras vidas»

Gonzalo Giner, en la Catedral de Segovia./Antonio Tanarro
Gonzalo Giner, en la Catedral de Segovia. / Antonio Tanarro

El autor de ‘Las ventanas del cielo’ hablará este jueves en el Aula de Cultura sobre el arte de hacer vidrieras en la Edad Media y el protagonismo de la fauna en sus novelas

JESÚS BOMBÍN

Un día en la vida de Gonzalo Giner (Madrid, 1962) transcurre entre visitas a vaquerías y granjas por pueblos de Segovia, Ávila y Salamanca. Durante el camino, el trato con los ganaderos, el silencio del campo y su imaginación le llevan a este veterinario a introducir paisajes y personajes en la máquina del tiempo de novelas históricas que escribe con constancia diaria, entre las 4 y las 7 de la madrugada. Va por su sexto título este autor, que cuenta con éxitos como ‘El sanador de caballos’, con una treintena de ediciones. Este jueves 25 de enero, a las 20:00 horas en la sala Delibes del Teatro Calderón, acude al Aula de Cultura de El Norte de Castilla, patrocinada por Caixabank con la colaboración de la Junta de Castilla y León, para presentar ‘Las ventanas del cielo’ (Planeta), una novela sobre la construcción de vidrieras en la Edad Media. «Intentaré enamorar al público con el increíble arte de hacer vidrieras siguiendo el hilo de un relato que echa a andar en Burgos y en la feria de Medina del Campo en el siglo XV», propone.

–Es veterinario y empezó a escribir como terapia para paliar un episodio de ansiedad laboral. Así publicó ‘La cuarta alianza’ en 2004.

–La literatura ha provocado cambios muy importantes en mi vida. He leído mucho desde pequeño, y hubo una época, con 13 años, que no tenía muy claro a qué quería dedicarme, y en ese momento cayó en mis manos ‘Todas las criaturas grandes y pequeñas’, en la que el veterinario y novelista James Herriot contaba sus experiencias en la campiña inglesa. Me influyó tanto que decidí que esa sería mi profesión. Así que estudié Veterinaria y mis derroteros laborales me llevaron a una empresa grande de alimentación, donde viví la compra por un grupo norteamericano y la reestructuración de personal. La ansiedad que padecí me obligó a pensar qué podía hacer para despistar mi mente de esa angustia diaria. Ahí nació la idea de escribir algo para meter mi imaginación en otros escenarios y fabular con otros personajes, huyendo algunas horas de mis empeños laborales. Comencé a a escribir un relato titulado ‘La cuarta alianza’ y, cuando me di cuenta, llevaba 500 páginas. Una vez terminado, lo dejé leer a familiares y amigos, me dijeron que no estaba mal y dos años después me lancé a publicarla. Así comenzó este recorrido literario, que compagino con mi trabajo junto a un socio.

–¿Cómo surgió la necesidad de escribir ‘Las ventanas del cielo?

–Con 25 años hice un viaje a París y visité la Sainte Chapelle, revestida con unas espectaculares vidrieras hasta el suelo. Me produjeron sensaciones que generaron en mi interior una especie de semilla que ha ido creciendo cuando he visitado las catedrales de Burgos, León o Palencia. Y hace cuatro años pensé que se conoce mucho sobre la pintura, la escultura y la arquitectura de las catedrales y menos de las vidrieras, hay poco reconocimiento artístico hacia esta disciplina. Me influyó mucho conocer los vitrales de la Cartuja de Miraflores de Burgos, donde arranca la novela con el mercado de la lana. Ese mundo es el eje vertebral de un relato con el que intento que el lector se asombre cada vez que tenga delante uno de estos vidrios, desvelando cómo es ese arte increíble.

«Soy testigo de con qué injusticia se trata a los ganaderos»

Tan conectado a las nuevas tecnologías como al mundo rural de Castilla y León, conoce de primera mano el desvelo de muchos ganaderos por sobrevivir con sus granjas, amenazadas por un entorno económico cada vez más adverso. «Soy testigo de con qué injusticia se trata a los ganaderos; en ellos veo vidas muy sacrificadas, con recompensas muy cortitas con relación al esfuerzo y la inversión que hacen en sus instalaciones». Deplora el «olvido» hacia un sector «muy condicionado» por la política de las grandes superficies y anclado en entornos amenazados por la despoblación. «Al final descuidamos a esa masa de trabajadores y empresarios, y cuando abandonan sus trabajos y sus pueblos perdemos valores y raíces».

–¿Qué le aporta la literatura para compaginarla con su profesión de veterinario?

–El contacto esporádico con muchísima gente, sobre todo gracias a las redes sociales y las presentaciones literarias en clubes de lectura y conferencias. Interpreto la novela como una fábrica de emociones que intento trasladar al lector. Mi trabajo como veterinario me obliga a hacer a diario recorridos por sierras y caminos , me incita a escribir esa soledad que vivo en el campo; es una fuente de inspiración que me permite hacer novelas y trasladar clientes, paisajes y situaciones actuales al mundo de hace quinientos años.

–En sus obras tienen un protagonismo especial los animales. ¿Por qué los lleva al ámbito literario?

–Forman parte de mi vida cotidiana y creo que el siglo XXI va a ser el de los animales. En este tiempo va a cambiar nuestra forma de verlos, de tratarlos o cómo los vamos a comer o no. Los vamos a hacer cada vez más partícipes de nuestras vidas.

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