Las 'Polifonías' de Paloma Pájaro

Paloma Pájaro, delante de su obra. /Gabriel Villamil
Paloma Pájaro, delante de su obra. / Gabriel Villamil

Las Cortes acogen una retrospectiva de la artista salmantina que gira en torno a paisajes utópicos, retratos y ancestros paleolíticos

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Tres gabinetes, tres proyectos en marcha, tres ideas en la que lleva trabajando Paloma Pájaro desde hace una década. Pintura acrílica sobre tabla, pequeño formato para prender ideas grandes; los retratos –la relación entre artista y modelo–, el bodegón –simbología moral de la ‘vanitas’– y los paisajes idealizados que el estresado ‘homo sapiens’ del siglo XXI busca en Internet. La artista juega con los estándares en sus ‘Polifonías’, la exposición que puede verse en el hall de las Cortes hasta el 8 de abril.

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Paloma Pájaro (Madrid, 1977) lleva dos décadas en Salamanca, donde estudió Bellas Artes, donde se rebautizó con este apellido tan sonoro que dio nombre a su galería y luego se le quedó pegado. El primero de sus ‘gabinetes’ se llama ‘Pray time’ y en ese tiempo de rezo integra a sus retratados, a sus santos paganos convocados al ritual de su estudio. «Todos son personas cercanas a las que pedí que me hablarán de sus libros, películas, músicas favoritas, además de que eligieran tres animales. Durante un tiempo me imbuí de sus preferencias y luego les retraté». Doctorada por la USAL con una tesis sobre su colega Enrique Marty, a él dedica dos retratos «con el macho cabrío que eligió él y otro más subjetivo, como le veo yo». Todos los retratados están cubiertos con la piel de la bestia elegida, abrazos por ella, y en las manos lucen el sello rojo con el que les santifica Paloma. «Por ejemplo Carmen, la mujer de Enrique, eligió una serpiente, pero es alguien tan dulce, que opté por una serpiente joya de Lalique, con lirios blancos».

De lo que le contaban sus modelos a lo que ella ve como real en el siguiente gabinete, ‘Today is the day to be real’, una metáfora sobre lo que constituye la esencia del homo sapiens. Parte de su trabajo ‘El niño rojo’ y sus transformaciones para exponer en cada pequeño cuadro elementos que hablan de la ‘vanitas’, del soplo de vida de cada uno, una gota en el inmenso océano de la evolución, por eso el fémur o la mandíbula de los antecessor. Y de nuevo las aves, los animales, como criaturas libres en su vuelo, en sus espectaculares colores trabajados en la serie ‘Zoosofías’.  

Paraísos estandarizados

El ‘niño rojo’ protagonizó otro trabajo suyo en torno a las transformaciones por momento arcimbolescas, por momentos propias del cómic, del retrato de Goya a Don Manuel Osorio Manrique de Zúñiga. En esta nueva puesta en escena, Paloma incluye guiños biográficos, su fecha de nacimiento y también la de su muerte. «Me divierte mucho, me he otorgado 89 años y eso que soy fumadora», dice riendo.

Al fondo se desarrolla la sorprendente serie de ‘EXIT/Paradise’. Estampas de paraísos estereotipados que son familiares. «Ese proyecto tuvo tres fases. La primera fue la búsqueda en Internet a través de tags comunes –no salí a la naturaleza sino a la Red– paisajes idealizados, utópicos, usados para salvapantallas por ejemplo. Tiene unos colores irreales, unas texturas imposibles. La segunda fase era llevar esas imágenes sublimadas por la demanda social llevarlas a la tabla, trabajo con pintura acrílica sobre madera. Ahí eliminé todo rastro humano, turistas, deportistas, también los postes de telecomunicaciones. Esas imágenes que reproducidas a escala más grande se perciben los píxeles también la limpié ese efecto. Yen la tercera fase, interrumpí esa contemplación hiperrealista taladrando las maderas. para ello usé diferentes mecanismos. Por ejemplo en algunas provoco la sorpresa del espectador cuando se acerca a la mirilla de la tabla se activan luces estroboscópicas muy molestas. O en otro, había una caja de música deformada que emitía un ruido, una melodía grotesca».

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Porque Paloma sabe de la condición «polifónica» de su obra, «son varias voces que se reúnen para formar un todo armónico. Pero la existencia humana no es armónica, tiene sus contrastes, sus contradicciones, sus rupturas, su malestar».

Paloma Pájaro es una artista habitual de la galería La Gran en Valladolid a la que volverá con sus ‘Zoosofías’. A las criaturas de la salmantina, le seguirán en este mismo espacio las obras surgidas de los proyectos apoyados por la Fundación Villalar en la primera edición de sus becas. Silvia Clemente anunció que serán expuestas coincidiendo con el 35 aniversario del Estatuto de la Autonomía.

 

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