Antón García Abril: «El silencio es la música más maravillosa cuando está en su sitio»

Antón García Abril, junto al piano y las partituras sobre las que trabaja en su despacho./Alberto Ferreras
Antón García Abril, junto al piano y las partituras sobre las que trabaja en su despacho. / Alberto Ferreras

El autor de bandas sonoras interviene en la Casa Revilla, dentro del ciclo Encuentros Literarios

JESÚS BOMBÍNValladolid

Antón García Abril (Teruel, 1933) puso la banda sonora a la televisión en los años ochenta y noventa y sigue en la brecha. Su intuición está detrás de los dos centenares de películas y series a las que ha inventado melodía, lo que le ha valido la Medalla de Oro de la Academia de Cine. Por más que su extenso repertorio incluya cantatas, obras para orquesta, ballets y óperas, su celebridad entre el público se debe a la música de ‘El hombre y la Tierra’, de Félix Rodríguez de la Fuente, y de series como ‘Anillos de oro’, ‘Segunda enseñanza’ y ‘Brigada Central’, y películas como ‘Los santos inocentes’ o ‘Texas adiós’. Con su tiempo repartido entre Boston y Madrid, García Abril continúa en la brega de la creación sinfónica y abrirá hoy a las 20:00 horas en la Casa Revilla el II Ciclo de Encuentros Literarios, organizado por la Fundación Miguel Delibes y la Casa de Cervantes.

–¿Que encaje tiene la literatura en su creación musical?

–La relación de mi obra con la literatura es muy cercana, sobre todo con la poesía española, pues he escrito más de cien canciones sobre poetas españoles. Eso, unido a seis cantatas con textos poéticos y también a mi ópera ‘Divinas palabras’, escrita sobre el texto homónimo de Valle-Inclán. He bebido en poetas directamente y he colaborado personalmente con Rafael Alberti, Salvador Espriú, Antonio Gala y con un grupo de autores como José Hierro y Luis Rosales, entre otros muchos.

–¿Qué valor concede a la banda sonora en una película?

–La música en el cine es el alma de las voces. Cuando la voz no puede decir más cosas puede aparecer la música, es la sensibilidad secreta de los intérpretes. El público muchas veces no sabe que está actuando la música pero la está sintiendo, opera de manera muy directa sobre la persona que ve esa imagen. Es un lenguaje muy importante en el cine porque actúa siempre alcanzando niveles emocionales que tal vez solo con la imagen no se conseguirían.

–¿Cómo se adapta un compositor a lo que le pide el director de cine?

–Los directores de cine piden muy poco. Salvando las excepciones de quienes piden muchas cosas, como Mario Camus, Pilar Miró, Antonio Isasi o Pedro Lazaga –el primero con el que empecé a trabajar–. Todos ellos sabían muy bien lo que querían y de qué forma pedirlo, pero la mayor parte de los realizadores te reclaman música romántica, lenta, dramática o alegre, poco más. El lenguaje de la música es tan abstracto y es tan difícil hablar sobre ella que muchas veces nos quedamos cortos al expresar lo que queremos.

–¿Qué le resulta más difícil a la hora de idear una melodía?

–Encontrar el lenguaje adecuado a esa imagen. Un ejemplo: ‘Los Santos Inocentes’. Esa partitura desde un punto de vista estrictamente musical, seguramente no tiene grandes valores técnicos que llamen la atención, sin embargo contribuyó a mostrar la humildad, la amargura, la tristeza y la pobreza de los maravillosos seres de la película basada en el texto de Delibes. Encontrar el lenguaje de esa música es lo que tiene más mérito, dar con la voz de la imagen.

–¿De qué creación musical se siente más orgulloso?

–Recuerdo con gran cariño la de ‘Fortunata y Jacinta’, porque marcó una forma distinta de crear la música, y ‘El hombre y la Tierra’ también, aunque mucha gente cree que solo compuse el inicio del documental cuando hice la música para los más de cien capítulos.

–¿Cómo se inspira?

–Delante del piano, con el flexo iluminando la partitura, trabajando sobre ella. La inspiración está en todos los aspectos de la vida, pero la composición y la creación son pura técnica que, si está en manos de una persona que tiene intuiciones e inspiraciones, será el camino para componer una obra importante. Mi trabajo es una mezcla de inspiración y técnica, de pasar horas y horas buscando, es como si fuese un investigador que está buscando algo y vuelve sobre la idea y la trabaja.

–¿Cómo ha evolucionado la música en el cine en los últimos años?

–Tengo una visión positiva al respecto. No hay que mirar nunca hacia atrás. En la música del cine, como siempre ocurrió, hay partituras espléndidas de jóvenes compositores, muchísimos viviendo en EEUU, y hay otros que se limitan a hacer el estándar y de ahí no pasan. Siempre ha ocurrido lo mismo. Está el mundo de la excelencia y el de la repetición. Entre los muy buenos hay muchos españoles y no quiero nombrar a ninguno porque olvidaría a algunos.

–¿Qué rol juega el silencio en la composición musical?

–El silencio es la música más maravillosa cuando está en su sitio. No hay cosa más horrorosa que la música que no se corresponde con la imagen, se convierte en un ruido insoportable.

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