El sueño americano de la Montaña Palentina

El sueño americano de la Montaña Palentina

La Fundación Santa María la Real cumple 40 años con un plan emprendedor en torno al románico que expande su pujanza por España a través de lanzaderas de empleo y proyectos de restauración, de turismo, viajes, publicaciones e investigación tecnológica

JESÚS BOMBÍN

Unas piedras, un monasterio en ruinas, siglos de silencio y abandono. Tan poco y tantas posibilidades allí reunidas para hacer algo grande, para cambiar el destino de una comarca y mucho más. El sueño americano tiene una réplica en la montaña palentina. De las ruinas del Monasterio de Santa María la Real ha emergido una Fundación que ha agitado el entorno con proyectos e ideas. Allí, en Aguilar de Campoo, del desescombro del cenobio del siglo XII surgió hace cuarenta años una entidad que revolucionó primero el mundo del patrimonio con sus actividades en torno al románico y ha generado un torbellino de proyectos en torno al turismo, la restauración, los seminarios artísticos, las publicaciones, los viajes internacionales y las lanzaderas de empleo. Si Silicon Valley convirtió el norte de California en referente tecnológico mundial, la Montaña Palentina debería de ser conocida por cómo la combinación de personas, patrimonio y paisaje ha revitalizado con esas tres pes un entorno asediado, como tantos otros, por el desempleo, la despoblación y el desánimo colectivo.

José María Pérez Peridis, arquitecto, caricaturista y escritor es el agitador de la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, la entidad que durante la crisis ha crecido en proyectos y empleo hasta duplicar su plantilla con 225 trabajadores directos. La aventura comenzó en 1977, en torno a la Asociación de Amigos del Monasterio Santa María la Real, un grupo de personas unidas para rescatar este monumento del olvido y las ruinas. Las labores de desescombro dieron paso a la creación de las Escuelas Taller, iniciativa pionera que se extendería en España a lo largo de treinta años con apoyo del Gobierno central y que serviría para ofrecer formación a más de 70.000 jóvenes en oficios de la construcción, algunos de ellos en trance de perderse como el de la cantería. «No queremos que nuestro entorno cierre a media tarde, sino que siga viviendo, avanzando, creciendo, creando... teniendo mucho futuro, como tiene mucho pasado». La frase de Peridis orienta la labor de la Fundación que preside, a cuyas puertas llaman administraciones y empresas para aprender de su modelo de desarrollo.

La fórmula para conseguir monumentos inmortales

Canduela es una pequeña localidad a diez kilómetros de Aguilar de Campoo, cuya ermita del siglo XII ha sido convertida desde hace años en laboratorio tecnológico. Allí la Fundación Santa María la Real investiga en proyectos de conservación preventiva de edificios patrimoniales que luego aplica a la Catedral o la Muralla de Ávila, entre otros monumentos. En esta ermita trabaja Begoña García, química de formación que recaló hace doce años en la zona y encontró un pueblo para vivir (12 habitantes) y trabajar «trasteando» con sensores y dispositivos que miden la humedad, la calidad de los morteros, el desgaste de la piedra y un sinfín de parámetros que alertan del estado del edificio para intervenir antes de que el deterioro obligue a restaurarlo. En definitiva, se trata de hacerlos inmortales atajando su ruina. «Esta iglesia tiene mucha humedad y nos aporta información para monitorizar edificios».
Una panel solar y un molino de viento surten de energía al templo, al que accede Begoña García con una tarjeta. «Las posibilidades de aplicación de la tecnología al patrimonio son enormes; desde la seguridad pensada más allá del antirrobo hasta la gestión de visitas sin guía, con detectores de presencia, al conteo de personas o el mantenimiento y la gestión energética de edificios». En la actualidad experimenta a través de sensores de medición la calidad de diferentes tipos de mortero aplicados en uno de los muros, y con la inyección de sustancias químicas en la junta de las piedras para impedir el paso de humedad. De esta ermita ha salido un proyecto de bancos calefactados probado con éxito en la iglesia de San Martín de Castañeda, en Sanabria. «El sistema es sencillísimo: bancos radiantes con una placa eléctrica que calienta la piedra y el coste energético es bajísimo -sostiene-; la clave es no calentar el volumen del edificio, sino las personas, que es más barato y no altera el entorno».

En un tiempo en el que la despoblación acapara atención política, literaria y ensayística, Juan Carlos Prieto, presidente de la Fundación Santa María la Real, se muestra rotundo: «Castilla y León tiene un recurso extraordinario: el territorio. Nuestra Fundación empezó con las Escuelas Taller en el monasterio, que años después alberga un instituto de Educación Secundaria, una sede de la UNED, una posada y el Centro Expositivo del Románico; luego seguimos generando empresitas, después proyectos de desarrollo territorial en torno al románico -que hemos ampliado al Atlántico en Portugal, en Zamora y Salamanca-, luego vino la monitorización tecnológica de edificios para prevenir su deterioro, las 364 lanzaderas de empleo puestas en marcha por toda España».

Sobre una cuartilla en blanco traza Juan Carlos Prieto una espiral de los proyectos que han ido generando una nebulosa de actividad alrededor de la idea primigenia de recuperar piedra a piedra, sin ayudas y por iniciativa ciudadana, el monasterio de Aguilar. «Un concepto esencial para nosotros es la sociedad civil. Y el de la despoblación es un tema que precisa implicación ciudadana, que tiene que estar protagonizando un proceso de cambio en una región con mucho territorio, imagínate si cabe aquí gente desarrollando cosas; hay que propiciar un espacio donde se pueda trabajar nuestro recurso más importante, que es paisaje, y tenemos que tener claro que el patrimonio no es algo que paga la administración, sino que tiene que formar parte de los procesos de explotación y producción de industrias».

Las claves del modelo

¿Y cómo se lleva a la realidad todo eso? «Aquí, nos preguntamos cómo transformar las iglesias en retos y oportunidades. Nos las estudiamos, las restauramos y pusimos en marcha programas de turismo, de investigación en tecnología para conservarlas y abrirlas a las visitas; ahora tenemos una empresa -Cultur Viajes- con la que organizamos excursiones de temática patrimonial por España y el extranjero, y en ocasiones la demanda nos obliga a duplicar plazas porque no damos abasto; incluso nos ha llamado el Gobierno de Flandes para ver cómo damos continuidad a los viajes programados que hacemos allí...».

Un viaje emocional y sensitivo a la Edad Media

En el Monasterio de Santa María la Real de Aguilar estudian Educación Secundaria 459 alumnos, una parte de sus dependencias alberga una sede de la Universidad de Educación a Distancia, cuenta además con una posada que ofrece alojamiento y servicios de hostelería, y da cabida también al Centro Expositivo ROM: Románico y Territorio. De las ruinas de antaño ha brotado con el empeño ciudadano catalizado por la Fundación Santa María la Real esta mezcla de usos destinados a la formación, el turismo y la cultura.
El Centro Expositivo ROM es la puerta de entrada al románico y a la vez una ventana desde la que ofrece a los turistas una vista panorámica a las de decenas de templos y bienes patrimoniales enclavados en cincuenta kilómetros a la redonda, en un mapa que abarca el norte de Palencia, el noroeste de Burgos y el sur de Cantabria. «Aquí mostramos al visitante que el verdadero museo es el territorio», proclama César del Valle, coordinador del ROM.
Con 17.500 visitas el año pasado, el 15% más que el anterior y con un crecimiento similar en los primeros cinco meses de este ejercicio, el espacio estimula la curiosidad en torno al románico con multitud de propuestas que César del Valle se encarga de diseñar y llevar a la práctica. «Los visitantes me han abierto los ojos para inventar actividades entretenidas y emocionantes como talleres de fotografías y rutas nocturnas a ermitas románicas; estoy convencido de que hay que mostrar el patrimonio como alternativa al ocio, de una forma divertida, de que hay que ofrecer propuestas que vayan en esa línea», comenta el encargado de este centro, creado y gestionado por la Fundación Santa María la Real.
A enseñar el monasterio y sus rincones de manera «científica y entretenida» está entregado este joven historiador que muestra en talleres cómo se esculpe una figura en un capitel, los modos de trabajar la piedra, la disposición y características de una aldea en tiempos del románico, y que explica sobre una maqueta realizada en la fábrica de ornamentos de la Fundación la «grandísima calidad» que atesoran las decenas de ermitas desparramadas por pequeños pueblos de la montaña, donde han resistido el paso de los siglos y ahora se abren al visitante.
Otra de sus misiones es meterse en el hábito del último abad del cenobio, Anastasio de Hircio, para invitar al público a un recorrido nocturno por sus dependencias en una visita teatralizada.
Vida monacal
«El ROM es una ventana al museo que hay en este territorio, que son sus pueblos, sus gentes y la naturaleza», explica mientras enseña la iglesia, donde se ha renunciado a colocar paneles expositivos y se ha optado por tratar de sugerir cómo era el día a día en un cenobio en la Edad Media a través de un vídeo que transmite en música e imágenes evocaciones de la vida monacal. «Quisimos dejar el templo desnudo y dar a conocer la vida monástica sin palabras, con un espectáculo audiovisual potente, con la iglesia a oscuras y una iluminación especial de colores en algunos de sus rincones. Buscamos transmitir emociones en la visita».
En demostrar que descubrir un monumento puede ser instructivo y divertido se afana este guía acostumbrado a bregar con niños, con jubilados, público familiar y con exigentes conocedores del arte románico que acuden a la biblioteca en busca de títulos especializados. De Madrid, País Vasco, Castilla y León y Cataluña proceden la mayor parte de los visitantes que pasan por el centro, con un incremento notable de viajeros de Andalucía.
La ruta del crepúsculo románico es otra de las ofertas del ROM para trasladar a los turistas a ermitas enclavadas en parajes naturales espectaculares. «Les llevamos allí cuando está cayendo la luz, con unos atardeceres preciosos en un entorno magnífico y les preparamos una merienda», cuenta César del Valle. «Procuramos que las actividades sean emocionantes, educativas, que sorprendan; tenemos que aguzar el ingenio para sacar todo el partido posible a lo que ofrece el entorno». La próxima semana esperan la llegada de una veintena de monjes premostratenses de Wisconsin (EE UU). Llegan para conocer el ROM y sumergirse en tiempos del románico.

La clave, a los ojos de Prieto, reside en poner el foco en el territorio. «Y eso significa no solo en el románico o el patrimonio, sino que hay derivadas que pueden salir de ahí; existe un concepto mágico que ahora está de moda y es el de innovación social. Es la sociedad la que tiene que ponerse en su sitio y liderar estos procesos, remangarse; si somos capaces de hacer esto, en Castilla y León tendremos un futuro esperanzador».

Crítico con el modo en que suelen abordarse los proyectos de desarrollo en el medio rural, sostiene que «se nos llena la boca hablando de recursos, paisajes y patrimonio pero hay un paso que no suele darse nunca y es ponerse a ver cómo se transforma todo eso en retos y oportunidades. Nosotros, en la Fundación a partir de ahí iniciamos esos procesos contando con concertación de todos (agentes públicos, privados, vecinos, etc) pero no en clave endogámica, sino ampliando miras, estando conectado con la Unión Europea, con los ministerios, la Junta, los ayuntamientos, con redes sociales... y todo eso hay que medirlo, ver su eficacia, su grado de cumplimiento».

La ejecución de esos proyectos es, en su opinión, otra de las claves para dar respuesta a la pérdida poblacional, un ámbito en el qu cuestiona la proliferación de «consultores y especialistas que siempre proponen lo que alguien debería hacer, siempre alguien, nunca nosotros, cuando lo que tenemos que hacer es arremangarnos y ponernos a ello y, a partir de ahí, procesos muy exigentes de evaluación; ese es el modelo que nosotros trazamos, en espiral, no se cierra ningún círculo porque el objetivo es crecer».

Presume de que la crisis, lejos de encoger sus expectativas, les ha servido para impulsarse desde el centenar de empleos que tenían en 2012 hasta duplicarlos cinco años después y embarcarse en programas como el de Empleo Mujer Castilla y León, promovido por la Consejería de Familia en el que a través de cinco coordinadoras se ofrece apoyo a 230 mujeres en riesgo de exclusión para facilitar su inserción laboral.

Alianzas y peces

De la restauración de iglesias románicas en la Montaña Palentina se ha pasado a un plan de más de 500 intervenciones en bienes patrimoniales, se han publicado más de 195 libros, cuadernos, guías y revistas. Pero la reina de sus propuestas editoriales es la Enciclopedia del Románico en la Península Ibérica, «que se encuentra en las principales librerías y bibliotecas internacionales de China a EE UU», se señala desde la entidad con sedes en Palencia, Valladolid y Madrid.

En alianza con empresas como Telefónica e Iberdrola la Fundación aguilarense ha establecido colaboraciones para involucrarse en investigación tecnológica aplicada a la conservación del patrimonio e intervenír en el Plan Románico Atlántico en Portugal, Zamora y Salamanca, además de participar en diversos proyectos europeos.

«No ha venido la gente a darnos peces; José María Pérez Peridis (presidente de la Fundación) lo que ha hecho ha sido traernos gente para enseñarnos a pescar. Eso ha sido fantástico», sostiene Juan Carlos Prieto, con una trayectoria en la Fundación desde 1990 que le lleva a asegurar que «aquí los sueños se cumplen; lo que se le ocurre a alguien se hace. Ponte a hacerlo. Ha sido el lema que nos ha llevado a convertir un sueño en realidad».

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