De lo sencillo a lo majestuoso

Gonzalo Jiménez y José Luis Calvo, delante de una transfiguración. /Antonio Quintero
Gonzalo Jiménez y José Luis Calvo, delante de una transfiguración. / Antonio Quintero

'Mons Dei' ofrece un recorrido que culmina en la apoteosis de la belleza

Fernando Caballero
FERNANDO CABALLEROPalencia

«Las Edades del Hombre es un pan amasado por muchas manos». Estas palabras de José Velicia, ideólogo y fundador de este ciclo de exposiciones de arte sacro, fueron recordadas ayer por el delegado diocesano de Patrimonio de Palencia y comisario de la muestra que mañana inaugura la reina Doña Sofía, José Luis Calvo Calleja, para definir un fenómeno cultural que ha cambiado la forma de ver el arte religioso, según destacó el secretario general de la Fundación Las Edades del Hombre, Gonzalo Jiménez. Esas manos que amasan el pan se refiere al conjunto de personas e instituciones que contribuyen cada año a una nueva edición, pero también a los propietarios de las piezas que se exponen.

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'Mons Dei', título de la exposición de Aguilar de Campoo, mostrará hasta el 18 de noviembre 124 obras, que aportan las once diócesis de Castilla y León, además de otras como Vitoria y Santander, el Museo Arqueológico Nacional, la Biblioteca Nacional y el Banco de Santander, entre otras importantes instituciones y conventos.

José Luis Calvo Calleja destacó que «los artistas grandes están en Aguilar» para enfatizar la calidad de las obras que se exponen, «una calidad digna de encomio y de elogio», apostilló. La Diócesis de Palencia aporta 35 obras, porque este territorio «tiene mucho arte y muy bueno», remachó.

De esa calidad pudieron ser testigos ayer los medios de comunicación en una visita rápida y con algunas partes del montaje pendientes de instalar, como las cartelas de las obras o parte de la señalética. No obstante, el recorrido permite poner de manifiesto algunos aspectos novedosos del montaje y el simbolismo, que parte del propio título 'Mons Dei', montaña de Dios en la traducción del latín al castellano.

El primer símbolo destacado es la presencia de la montaña. Pese a que había varias posibilidades para elegir las sedes de la exposición, la elección de Santa Cecilia como el templo que alberga los dos primeros capítulos no ha sido arbitraria. Santa Cecilia se encuentra en la zona alta de Aguilar de Campoo, que culmina en el castillo, antaño fortaleza vigilante. A la primera parte de 'Mons Dei' hay que ascender, y allí, en esta iglesia construida en la segunda mitad del siglo XII y primera del XIII, se puede encontrar, en palabras de Gonzalo Jiménez, la belleza de la sencillez y el simbolismo que marcará el ritmo de la exposición. Frente a la sencillez, el recorrido evoluciona en la colegiata de San Miguel hacia la majestuosidad de los espacios abiertos, con un capítulo final que constituye la apoteosis de la pintura de Goya, El Greco, Berruguete...

Lo primero que se encuentra el visitante en Santa Cecilia es un preámbulo con una talla de madera policromada del Museo de Arte Sacro de Peñafiel, obra de Juan Ortiz 'El Viejo', del siglo XVI, que representa la transfiguración de Jesús en el Monte Tabor –un tema que se repetirá a lo largo de la muestra con otros cuadros y esculturas–, que es «la primera invitación a subir a la montaña», en palabras de Calvo Calleja.

Plenitud estética

El primero de los audiovisuales que se podrán ver a lo largo de la exposición, que ha producido el director de cine Pablo Moreno, muestra la montaña en su plenitud espiritual y estética, junto a un espacio circular también simbólico: el gesto de levantar las manos para rezar a Dios, unas manos que tocan unas esferas creadas expresamente para la exposición que representan el contacto del cuerpo humano con la oración. Es el decenario de un rosario que se palpa y se mueve, como las diez bolas expuestas. Todo en el primer capítulo, titulado 'Levanto mis ojos a los montes'. En él se encuentra el guiño a la presencia de la montaña en el resto de las grandes religiones –sintoismo, hinduismo, budismo, taoísmo, islamismo y precolombino–, con obras de arte dispuestas en un original montaje con fotografías de fondo. En este capítulo se percibe la pequeñez del hombre frente a la grandiosidad de la montaña. La dimensión humana de esta queda patente en 'La mina', del escultor palentino Ursicino Martínez 'Ursi'.

El capitulo dos, 'Del Sinaí al santuario', que evoca la montaña en el pueblo de Israel, se abre con un magnífico tabernáculo del siglo XVI, procedente del monasterio de san Salvador de Oña (Burgos), que se conserva en la parroquia de Villarcayo, realizado por escultores españoles y flamencos.

La exposición tiene momentos de una gran intensidad plástica y estética, como el arranque el capítulo tres, 'La nubecilla del Carmelo' –ya en la colegiata–, con extraordinarias representaciones de la Virgen del Carmen, obras de Alonso Cano, Sánchez Cotán y Gil de Siloé y las tallas marianas de la Montaña Palentina –Lebanza, Brezo, Santa María la Real y Santa María la Mayor, todas ellas del siglo XIII–, así como un nuevo audiovisual con imágenes del norte montañoso de la provincia palentina.

El cuarto capítulo, 'Cristo en el Monte de Salvación', incluye un óleo de Antonio Guzmán Capel, 'El sermón de la montaña' –pintado expresamente para 'Mons Dei'–, en el que la Montaña Palentina está presente de forma explícita. Esta obra representa el momento en el que Jesús pronunció las bienaventuranzas, que es el motivo central de esta parte de la muestra. Otro de los momentos de mayor intensidad de 'Mons Dei' se puede apreciar en este capítulo, con un espacio dedicado a unos magníficos crucificados, que abarcan varios siglos: Uno de Alejo de Vahía, del siglo XV, el Cristo del Perdón de Manuel Pereira y el no menos conmovedor del escultor palentino Victorio Macho, el que creó para la iglesia de Los Corrales de Buelna, que se exhibió por primera vez en 1926 y que aúna la tradición imaginera de Alonso Berruguete y las líneas más modernas de la escultura de la época. En esta parte se puede contemplar el 'tableau vivant' que ha creado Pablo Moreno del cuadro 'El sermón de la montaña', del pintor húngaro Károly Ferenczi (1862-1917), en el que los personajes adquieren vida por unos actores.

Un cuadro que impacta es una copia del siglo XVII de una crucifixión de Antonio Van Dick que representa en momento de la lanzada de Longinos. Este óleo sobre lienzo se encuentra en la sacristía de la catedral de Palencia y ha sido limpiado y restaurado para 'Mons Dei', descubriendo la grandeza de la composición.

Pila bautismal

Del capítulo quinto, titulado 'Una ciudad puesta en lo alto de la montaña', que hace referencia a la vida de la Iglesia y a su misión, destaca la pila bautismal de Redecilla del Camino, de Burgos, «la mejor de todo el Camino de Santiago», según la definió José Luis Calvo Calleja. También se puede contemplar la belleza de los profetas de Alonso Nicoín de León, procedentes de la iglesia de Asunción de Quintanilla de Onésimo (Palencia) que se conservan en el Museo Diocesano; el púlpito de Ampudia, obra de Alejo de Vahía y los cuatro evangelistas de Felipe Vigarny, de la iglesia de Osornillo, así como un nuevo vídeo sobre la persecución de los cristianos.

San Juan de la Cruz centra el sexto capítulo, siguiendo su libro 'La subida al Monte Carmelo'. Una escultura del místico abulense, obra del recientemente fallecido Venancio Blanco, da pie la elección de los tres caminos, representados en sendas salas. El camino errático está simbolizado en una representación animada de una cuadro del Bosco, en un capitel de San Martín de Frómista y en los seis canecillos con los vicios procedentes de Santillana del Mar.

El camino imperfecto tiene en una obra de Juan de Flandes, 'Noli me tangere', su principal manifestación, así como la 'Caída de Simón el Mago', de la parroquia de Santa Eugenia de Astudillo.

Por último, el Camino de la Perfección tiene su representación iconográfica en las escalares que ascienden al absoluto, entre las que se encuentra el 'Itinerario místico por el cosmos', originario del convento de San Agustín de Dueñas, ahora en la parroquia eldanense de la Asunción.

La exposición se cierra con la apoteosis de los grandes artistas. Goya, El Greco, Pedro Berruguete, Juan de Junio, Rafael –a través de la copia perfecta de la transfiguración de Cristo de la iglesia de Santa Eufemia de Autillo del Pino–, Gregorio Fernández y la custodia de Antonio de Arfe, que viene de Medina de Rioseco. Un capítulo este que culmina una exposición de una gran calidad artística y con un montaje novedoso y espectacular que viene a confirmar la vigencia del proyecto que inició José Velicia en 1988 en la catedral de Valladolid.

 

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