DOBLE GOLPE DE ETA EN BURGOS. 10º ANIVERSARIO

Cicatrices de ETA en Burgos que siguen doliendo una década después

La Casa Cuartel mostró su esqueleto tras el atentado/Félix Ordóñez | ICAL
La Casa Cuartel mostró su esqueleto tras el atentado / Félix Ordóñez | ICAL

El 29 de julio de 2009 ETA hizo estallar una furgoneta bomba en la Casa Cuartel de Burgos | El atentado se cerró en milagro, sin víctimas mortales, pero la sociedad burgalesa no olvida que la banda terrorista intentó una masacre

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

ETA anuncia su disolución en 2018. Con una carta, la banda terrorista cierra sesenta años de asesinatos, de atentados, de secuestros, de terror. Los terroristas, vencidos, dan por finalizado su «ciclo histórico», un sinsentido que ha dejado heridas profundas, que aún duelen, en la sociedad española. También, en la burgalesa, con 23 víctimas mortales, una decena de atentados y casi doscientos heridos directos.

Heridas sin cerrar, cicatrices que todavía se sienten, mucho más un día como hoy, 28 de julio de 2019, cuando se está a punto de cumplir el décimo aniversario del atentado a la Casa Cuartel de Burgos. Sí, hace diez años ETA intentó una masacre en la capital, apuntando directamente al corazón de la Guardia Civil, a sus familias, con la intención de hacer el mayor daño posible. Afortunadamente, falló.

La «canallada», como la definió entonces el ministro del Interior, el recientemente fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, se saldó con 64 heridos, entre los que había 41 menores y dos embarazadas. Todos leves. Ninguna víctima mortal. Un milagro en esa madrugada del 29 de julio de 2009 que iba destinada a convertirse en la más trágica de la historia de ETA, que rompió con su pauta habitual de avisar de la bomba.

Daño indiscriminado y sin aviso previo

Alfredo Pérez Rubalcaba fue muy gráfico en sus declaraciones tras el atentado. Hasta la bomba de Burgos «sabíamos que nos enfrentábamos a una banda de asesinos salvajes», dijo. Tras el intento de masacre, «sabemos además que están enloquecidos». Y es que no cabe duda de que ETA intentó de hacer el mayor daño posible, de manera indiscriminada.

En la Casa Cuartel residían, por aquel entonces, 260 personas. Sin embargo, la mitad de los 91 barracones estaban vacíos, pues era época de vacaciones y muchos guardias civiles y sus familias estaban disfrutando de su periodo de descanso. Así, en el edificio solo dormían 118 personas en la madrugada del 29 de julio.

ETA rompió con su pauta de actuación y no alertó a las autoridades de la existencia de la bomba. La instaló horas antes y la hizo explotar de madrugada con temporizador. La explosión dejó un cráter de varios metros de diámetro y 1,8 de profundidad. El edificio se quedó en su esqueleto, los escombros lo inundaron todo y por os aires volaron, hasta casas próximas, cascotes y restos de los vehículos estacionados junto a la bomba.

Precisamente la ubicación de la furgoneta, en el aparcamiento trasero junto a un gran escampado, minimizó el impacto de la onda expansiva. También ayudó a minimizar los daños que el edificio había sido reforzado y que, avisados de que Burgos era objetivo de ETA y, en concreto, su Casa Cuartel, se habían tomado medidas de seguridad extra.

Todo ello ayudó a evitar que ETA culminase su masacre, que buscaba atacar de manera directa al cuerpo de la Guardia Civil, no ya en la figura de sus agentes, sino a través de sus familias. Burgos no era novata en atentados, secuestros y asesinatos pero un ataque de estas características habría marcado un antes y un después en el paso de la banda por la provincia.

Un moderno edificio, de un potente color azul que no pasa desapercibido -es más, llama la atención y dirige la mirada en las vistas aéreas de la ciudad- es el recuerdo permanente de lo que pudo haber pasado aquella noche estival y no ocurrió. Es también el mensaje que le envió Burgos a la banda terrorista, un mensaje de apoyo al Instituto Armado, de repulsa a la violencia y de rechazo al terror de ETA.

Calma tensa

Los burgaleses no necesitan hacer grandes esfuerzos para rescatar de su memoria lo ocurrido hace diez años. La herida sigue doliendo. Eran las cuatro de la madrugada cuando ETA hacía estallar una furgoneta bomba en las traseras de la Casa Cuartel de la Guardia Civil. El estallido se escuchó en buena parte de la ciudad. También por municipios del alfoz. Quien no lo oyó, lo sintió. Y luego, nada, calma tensa.

Se temió lo peor. Una bomba en la Casa Cuartel, en la que residían por aquel entonces 260 personas (aunque solo estaban 118, era época estival), solo podía acabar en tragedia. Sin embargo, tras la rápida intervención de los cuerpos de seguridad y emergencia, los burgaleses pudieron respirar tranquilos. Ningún fallecido, solo heridos, y leves. ETA había fracasado pese a que había preparado al detalle el atentado.

Vigiló su objetivo. Detectó una brecha en la seguridad, la posibilidad de estacionar en las traseras de la Casa Cuartel y robó en Francia una furgoneta similar a la que poseía un vecino de la zona. Le dobló las matrículas, la cargó de explosivos y la aparcó, a las dos de la tarde del día anterior, tras el edificio. Cumpliendo el protocolo, los agentes revisaron las matrículas, pero no detectaron el engaño.

Las cicatrices del milagro

Dicen las asociaciones de víctimas del terrorismo que, en muchos casos, los heridos son los grandes olvidados de los actos terroristas. El atentado contra la Casa Cuartel de Burgos se cerró sin fallecidos, pero no sin víctimas. 64 personas resultaron heridas, físicamente, pero las secuelas psicológicas, que aún perduran, alcanzaron a un número mucho más elevado, dentro y fuera de la Benemérita.

Las familias de la Guardia Civil pudieron volver a sus casas el 31 de mayo de 2012, después de tres largos años de realojo. Tras una inversión de 14,6 millones de euros, Interior inauguró un moderno edificio, mucho más seguro, con el que olvidar la imagen cuasi bélica del esqueleto de escombros a que quedó reducida la Casa Cuartel.

Eso sí, no todos regresaron, pues los recuerdos permanecen vívidos en la memoria. Los cuadros de estrés postraumático, los terrores nocturnos, la irritabilidad, la ansiedad, el insomnio son algunas de las secuelas psicológicas que dejó ETA entre aquellos a los que quiso matar, agentes y familias, de manera indiscriminada.

Los vecinos de la Casa Cuartel tampoco han olvidado lo sucedido diez años después. La explosión, la inquietud posterior, la alegría al saber que no había fallecidos, las labores de limpieza y peritaje de sus viviendas, las reparaciones y dormir, noche tras noche, junto al lugar de la explosión siempre pasa factura.

Aun así, Burgos siempre a estado al lado de las víctimas, de la Guardia Civil, y ya entonces los burgaleses demostraron que no tenían miedo. Una multitudinaria manifestación, en la tarde del 29 de julio, mostró el apoyo de la sociedad al Cuerpo y a sus familias, que se concretó en ayudas posteriores, implicación para que recuperasen la normalidad en el menor tiempo posible.

Explotó de madrugada, con los terroristas bien lejos de Burgos. Tres fueron los responsables materiales del atentado: Daniel Pastor Alonso, Íñigo Zapirain Romano y Beatriz Etxeberria Caballero. En 2013, la Audiencia Nacional les condenó a 3.860 años de prisión cada uno por un delito de 145 casos de asesinato en grado de tentativa y otro de estragos. Sin embargo, la condena no es completa.

El exjefe de ETA Mikel Kabikoitz Carrera Sarobe 'ATA' quedó absuelto. Tras someterse a juicio en la Audiencia Nacional como autor intelectual del atentado, un delito por el que también se pedían 3.860 años de prisión, la sentencia de 2016 fue absolutoria. Existían testimonios que le implicaban como responsable máximo de la banda, pero no se pudo acreditar su participación en el acto terrorista.