Ventura, El Juli y Talavante salen a hombros en una gran corrida en Arévalo

Diego Ventura clava una banderilla al astado. F.G. MURIEL/
Diego Ventura clava una banderilla al astado. F.G. MURIEL

Plaza de toros de Arévalo. Tres cuartos largos de entrada. Toros de Luis Terrón para rejoneo y de Garcigrande y Domingo Hernández para toreo a pie. Diego Ventura: oreja y dos orejas. El Juli: oreja y dos orejas. Talavante: silencio y dos orejas.

FERNANDO G. MURIEL

Arévalo ha disfrutado de una bonita tarde de toros en la corrida que cierra la Feria de san Victorino Mártir, un festejo mixto en el que la terna formada por el rejoneador Diego Ventura y los matadores El Juli y Talavante salieron a hombros del coso del parque de Vellando.

Bonita tarde de toros la vivida hoy en la localidad abulense de Arévalo. Al gran ambiente que presentó la plaza le siguió un espectáculo taurino en el que, El Juli firmó una actuación de mucha autoridad, y Alejandro Talavante bordó el toreo en una creativa y muy personal faena al sexto. Una tarde, de las de salir toreando de la plaza.

Diego Ventura causó sensación con su magistral rejoneo, a pesar de que comenzó floja su faena con un primer toros demasiado aplomado y agarrado al piso para que Ventura pudiera instrumentar una faena vistosa que fue ptemiada con una oreja. En el cuarto el rejoneador estuvo pletórico y emocionante bordándolo en cada uno de los tercios. Un buen rejón de mueste y la presidencia le premió con ambos apéndices.

El Juli en su primero mostró su maestría en los tres tercios, poniendo de manifiesto su mandato. La faena fue premiada con una oreja debido a la mala colocación del estoque que le privó del otro apéndice. En el quinto el diestro quiso bordarlo y ofreció una faena rotunda. Una estocada certera le permitió pasear las dos orejas.

Talavante apenas tuvo oponente en el tercero. Trasdar algún muletazo suelto de exquisito trazo, pero a la faena le faltó continuidad y el fallo a la hora de matar le privó de los premios. No obstante en el que cerró festejo y feria, gracias al toro, un animal que mostró bravura y transmisión, el maestro se reinventó y grcias a una gran faena variada y con la improvisación con el gusto y la prestancia en lo fundamental, recibió las dos orejas sin discusión, y vuelta al ruedo para el astado.