La Esperanza vuelve a ser un barrio

La finalización de los 158 pisos protegidos borra el recuerdo del gueto de Pajarillos después de que el monolito que recordaba su existencia acabara en la escombrera

J. SANZ| VALLADOLID
La nueva promoción de 158 viviendas protegidas está casi lista para su entrega. El lugar del antiguo poblado lo ocupa ahora un gran parque./ GABRIEL VILLAMIL/
La nueva promoción de 158 viviendas protegidas está casi lista para su entrega. El lugar del antiguo poblado lo ocupa ahora un gran parque./ GABRIEL VILLAMIL

«Casi no hemos podido pegar ojo en toda la noche de la contentura», relataba una mujer a este periódico el 15 de enero de 1979. Ella y otras 108 familias acababan de dormir por primera vez en sus flamantes 'chalés adosados', los primeros construidos en la ciudad, en la parte alta de Pajarillos. Nacía así el barrio de La Esperanza, un ambicioso proyecto social que enseguida se tornó en un error garrafal y que, al final, le costó a las arcas municipales más de cinco millones de euros en realojos a lo largo de sus 24 años de existencia.

Pero todo aquello forma ahora parte de la historia, puede que la más negra, de la ciudad. Nada queda ya del barrio que acabó convertido en poblado y del poblado que degeneró en un gueto después de que los operarios de la constructora que urbanizó los terrenos a raíz del derribo de la última vivienda, el 17 de enero del 2003, tiraran a la escombrera el monolito inaugurado por el alcalde, placa incluida -este elemento es el único que se conserva en el colegio Don Bosco-, para conmemorar la efemérides un mes después.

Recordar el pasado

Sentenció el filósofo Jorge Santayana a principios del siglo XX que «aquellos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo». Hoy resulta difícil pensar que la historia pueda volver a repetirse, al menos a esa escala, pero tampoco conviene borrarla del mapa como ha ocurrido con un poblado del que sólo queda una placa en la fachada de la antigua Asociación Juvenil Gitana -abandonada a su suerte desde el 2006-, en la entrada por la carretera de Villabáñez, que reza: 'Barrio de La Esperanza'. El gueto vuelve así a adquirir la categoría de barrio con la finalización, en un mes como máximo, de los dos bloques de 158 pisos de protección levantados por Covipro.

Los edificios de cuatro alturas más planta baja dan la bienvenida a los visitantes de una urbanización que oculta un gran parque con juegos infantiles y campos deportivos que une La Esperanza con la calle Santa María de la Cabeza. Nada que ver con las destartaladas casas de lo que fue el mayor supermercado de la droga del noroeste del país en los años noventa.

De vuelta a los callejeros

La entrega de llaves para los futuros vecinos está prevista inicialmente para después del verano (octubre) y será entonces cuando el barrio vuelva a figurar como tal en los callejeros de la capital.

El único pero a la remodelación de La Esperanza radica en el edificio municipal que acogió a la Asociación Juvenil Gitana O Ujaripen, que dirigió el realojo entre 1985 hasta su cierre en el 2006, y que permanece abandonado desde entonces. «Estamos muy contentos con el resultado final, pero llevamos tres años pidiendo que devuelvan el uso social como centro de día para mayores sin que nos respondan», lamenta la presidenta de la asociación de vecinos La Unión, María José Larena.

El que fuera presidente de aquella asociación, Ángel Ramírez -hoy dirige una similar en Parque Alameda-, recuerda cómo el Ayuntamiento «se portó muy mal y casi nos obligó a cerrar». Él fue el único que se preocupó de salvar de la quema la placa del monolito.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos